Paleontólogos españoles identifican el primer Diplodocus fuera de Norteamérica con solo 14 vértebras de cola, y varios colegas dudan de que sea ese gigante

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Por HoyECO
Publicado el 31 de octubre de 2026 a las 12:40
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Recreación del Diplodocus fuera de Norteamérica hallado en El Castellar (Teruel), un saurópodo de cuello y cola largos junto a una charca jurásica bajo la lluvia

Paleontólogos de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis han identificado el primer Diplodocus fuera de Norteamérica. Son 14 vértebras de la cola halladas en El Castellar (Teruel). El animal vivió hace unos 150 millones de años y, según sus cálculos, medía cerca de 25 metros.

El estudio salió el 14 de septiembre de 2026 en Journal of Vertebrate Paleontology. Hasta ahora, todos los ejemplares seguros de este género procedían de la Formación Morrison, en el oeste de Estados Unidos. Algunos especialistas, sin embargo, creen que un trozo de cola no basta para ponerle ese nombre.

Catorce vértebras de La Tejería

Los huesos salieron del yacimiento de La Tejería, descubierto en 2008. Ese año se recogieron cinco vértebras sueltas en superficie. En las excavaciones de 2014 y 2015 aparecieron otras nueve, junto a varios cheurones.

Los cheurones son huesos en forma de V que cuelgan bajo las vértebras de la cola. En el animal completo, las 14 piezas ocuparían los puestos 22 a 35 de la serie caudal. Es decir, la parte media y final de la cola.

Solo Supersaurus lourinhanensis, hallado en Portugal, es otro diplodócido europeo relativamente completo, con vértebras sobre todo del cuello y del lomo.

Las 14 vértebras de la cola del Diplodocus de El Castellar con una silueta que marca en naranja la parte del esqueleto conservada
Las vértebras de la cola del Diplodocus de El Castellar, con una silueta que señala en color los huesos estudiados (Imagen: Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis)

Rasgos que solo comparte Diplodocus

¿Cómo se reconoce un dinosaurio de 25 metros por su cola? Según la fundación, la de Diplodocus combina varias marcas. Tiene grandes cavidades de aire en las vértebras, centros alargados sin crestas laterales, surcos hondos por debajo y cheurones bifurcados.

El equipo comparó cada pieza con las de otros saurópodos de cuello y cola largos norteamericanos. Su conclusión es que esa combinación de seis rasgos solo aparece junta en Diplodocus.

Junto a Diplodocus hallorum

También lo metieron en una matriz con 36 dinosaurios emparentados, a la que sumaron 23 rasgos anatómicos nuevos. Luego la pasaron por dos métodos de parentesco evolutivo, la máxima parsimonia y la inferencia bayesiana. En todos los árboles, el ejemplar de Teruel cayó dentro del grupo de Diplodocus.

Dentro de ese grupo salió siempre como pariente más cercano de Diplodocus hallorum, una especie norteamericana. Lo acercan a ella dos detalles. Uno es la posición de los arcos neurales, en la mitad delantera de cada vértebra, y el otro, una pequeña fosa en la cara interna de los cheurones.

Sergio Sánchez Fenollosa, investigador de Dinópolis y primer autor, lo llama «uno de los diplodócidos más completos descubiertos hasta la fecha en Europa». Firman con él Josué García Cobeña y Alberto Cobos, director gerente de la fundación.

Los autores probaron además a forzar el fósil dentro de Supersaurus, el diplodócido portugués de la misma época. Un test estadístico rechazó esa opción. Según el artículo, eso hace muy improbable que sean el mismo animal.

Un paso entre Terranova e Iberia

Hace 150 millones de años, el Atlántico Norte todavía se estaba abriendo y era mucho más estrecho que hoy. Según el artículo, a finales del Jurásico el nivel del mar bajó y dejó al descubierto, de forma intermitente, tierras entre Terranova e Iberia.

Por ese corredor habrían cruzado animales en ambos sentidos. El Diplodocus se suma así a otros géneros presentes a los dos lados. Entre ellos están los dinosaurios carnívoros Allosaurus, Ceratosaurus y Torvosaurus, y también Stegosaurus.

Sánchez Fenollosa lo ve como una de «las pruebas paleontológicas más sólidas» de esos intercambios de fauna. El hallazgo no dice, eso sí, cuándo cruzaron los antepasados de este individuo ni por dónde.

La idea de una fauna de dinosaurios compartida entre Norteamérica e Iberia no es nueva. Lo novedoso, según varios expertos consultados por el Science Media Centre España, es que se suma uno de los saurópodos más conocidos.

Hasta ahora, los ejemplos más claros de ese parentesco eran carnívoros y estegosaurios. Entre los saurópodos solo se discutía el caso de Supersaurus, que tampoco convence a todos.

Gigantes en la sala de Dinópolis

La Formación Villar del Arzobispo, donde está La Tejería, guarda antiguos ambientes de costa y llanura fluvial. De esas capas han salido saurópodos, terópodos, estegosaurios, ornitópodos, cocodrilos y tortugas. La provincia es conocida además por sus huellas de dinosaurio.

Alberto Cobos sitúa al nuevo Diplodocus entre «los grandes saurópodos gigantes del Jurásico de España». Comparte esa lista con Turiasaurus y Losillasaurus, que tenían una anatomía muy diferente.

Los huesos originales se exponen en la sala de dinosaurios del Museo Aragonés de Paleontología, en Dinópolis. En El Castellar, el pueblo donde aparecieron, hay réplicas de algunas vértebras.

Vértebras originales del Diplodocus de El Castellar en una vitrina iluminada del Museo Aragonés de Paleontología, bajo el esqueleto montado de otro saurópodo
Los huesos originales del Diplodocus de El Castellar, en la vitrina inferior, expuestos en el Museo Aragonés de Paleontología de Dinópolis (Foto: Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis)

La especie sigue sin nombre

Los propios autores dejan el fósil como Diplodocus sp., con el género asignado pero sin especie. Solo se conservan vértebras medias y finales de la cola, sin rasgos exclusivos de ninguna especie. Prefieren esperar a que aparezcan esqueletos más completos en Europa.

Tampoco todos aceptan el género. Fabien Knoll, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), y José Ignacio Canudo, de la Universidad de Zaragoza, ven el material demasiado escaso para asegurarlo. Pedro Mocho, de la Universidad de Lisboa, lo considera suficiente.

Knoll, en su valoración para el Science Media Centre España, apunta que podría ser Supersaurus o incluso un género nuevo. Cree que solo nuevas excavaciones en España y Portugal lo aclararán.

Los 25 metros, por otra parte, son una estimación hecha por comparación con ejemplares norteamericanos. No es la medida de un esqueleto entero.

El estudio completo se ha publicado en Journal of Vertebrate Paleontology.

Imagen: Carmelo López / FOCONTUR, Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis

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