El Día de Todos los Santos se celebra cada 1 de noviembre y recuerda a todos los santos de la Iglesia católica, los que tienen fecha propia en el calendario y los anónimos, que son la inmensa mayoría. En España es fiesta nacional, pero en 2026 cae en domingo, y eso cambia el calendario: el descanso pasa al lunes 2 de noviembre solo en nueve comunidades autónomas, según la resolución de fiestas laborales para 2026 de la Dirección General de Trabajo, publicada en el BOE el 28 de octubre de 2025. Son Andalucía, Aragón, Asturias, Canarias, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Extremadura, la Comunidad de Madrid y Navarra.
Quién tiene puente y quién trabaja el lunes 2 de noviembre
La tabla del BOE ni siquiera recoge el 1 de noviembre de 2026, ya que al caer en domingo no genera por sí mismo un día de descanso. En su lugar aparece la línea «2 Día siguiente a Todos los Santos» en las nueve comunidades citadas, marcada con dos asteriscos. La leyenda de la resolución explica qué significan: «Fiesta Nacional respecto de la que no se ha ejercido la facultad de sustitución». La resolución no explica el traslado con más palabras, pero se deduce de esa marca: esos gobiernos autonómicos han preferido mantener el descanso de la fiesta nacional y llevarlo al lunes en lugar de cambiarlo por una fiesta propia.
El margen para elegir lo da el artículo 45.3 del Real Decreto 2001/1983, que permite a las comunidades sustituir el descanso del lunes siguiente a una fiesta nacional que cae en domingo por otras fiestas propias. En Baleares, Cantabria, Cataluña, Galicia, Murcia, el País Vasco, La Rioja y la Comunitat Valenciana, el 2 de noviembre no figura en el calendario laboral. Tampoco figura en Ceuta ni en Melilla. En todos esos territorios el lunes 2 de noviembre de 2026 es laborable, salvo en los municipios que lo hayan elegido como fiesta local (por eso conviene mirar el calendario del ayuntamiento antes de dar el puente por hecho).
Por qué el 1 de noviembre
La idea de dedicar un día común a quienes murieron por su fe es muy antigua. El primer rastro que recoge la Enciclopedia Católica está en Antioquía, donde se celebraba el domingo siguiente a Pentecostés, una fecha móvil que no tenía nada que ver con el otoño.
El paso decisivo se dio en Roma. El papa Bonifacio IV dedicó el Panteón, el antiguo templo romano, a la Virgen y a todos los mártires hacia el año 609 o 610, y desde entonces se celebró cada año el aniversario de esa consagración. Más de un siglo después, Gregorio III (que fue papa entre 731 y 741) consagró en la basílica de San Pedro una capilla dedicada a todos los santos y fijó su aniversario el 1 de noviembre. De esta forma la fecha quedó asociada a la fiesta en Roma, aunque todavía no en el resto de la cristiandad. Fue Gregorio IV, papa entre 827 y 844, quien extendió la celebración del 1 de noviembre a toda la Iglesia.
Circula mucho otra explicación: que la Iglesia escogió esa fecha para cristianizar el Samhain, la fiesta celta del fin de la cosecha. Es una hipótesis. Ninguna fuente primaria la acredita, y la Enciclopedia Católica, que reconstruye paso a paso la cadena de papas, no menciona el Samhain ni Irlanda.
Santos el día 1, difuntos el día 2
Las dos fechas van juntas y por eso se confunden, pero la Iglesia celebra cosas distintas. El 1 de noviembre es una fiesta de los santos, es decir, de quienes considera que ya están en el cielo, tengan o no un nombre en el santoral. El 2 de noviembre es la Conmemoración de todos los fieles difuntos, el día dedicado a rezar por todos los muertos, también por los familiares de cada casa.
En España el Día de Difuntos no es festivo nacional, y si en 2026 aparece en nueve calendarios autonómicos es solo por el traslado del domingo. La costumbre ha mezclado ambas fechas: como el día 1 es el que suele ser festivo, la mayoría de las familias va al cementerio por Todos los Santos, aunque el recuerdo de los propios muertos corresponda en rigor al día siguiente.
Cementerios, flores y dulces
La visita al cementerio es la tradición central en toda España. En los días previos se limpian lápidas y nichos y se renuevan las flores. La flor más asociada a estas fechas son los crisantemos, que florecen en otoño y aguantan bien varios días a la intemperie.
La cocina tiene su propio calendario. En buena parte del país son típicos los buñuelos de viento, rellenos o no de crema, y los huesos de santo, unos rollitos de mazapán con relleno de yema que imitan la forma de un hueso. En Cataluña mandan los panellets, pequeñas piezas de mazapán rebozadas en piñones, que se toman en la castañada junto a castañas asadas y boniatos. En Galicia y otras zonas del noroeste la fiesta equivalente es el magosto, también alrededor del fuego y de las castañas.

También hay una tradición teatral. Por estas fechas se representa en muchos escenarios el Don Juan Tenorio de José Zorrilla, un drama romántico cuya segunda parte transcurre en un panteón y gira en torno a la muerte, el arrepentimiento y la salvación. Su representación en torno a Todos los Santos se ha convertido en costumbre.
Halloween y el Día de Muertos, parientes lejanos
Halloween toma su nombre de la víspera de Todos los Santos (en inglés, All Hallows’ Eve, la noche anterior a la fiesta de los santos), y por eso se celebra el 31 de octubre. Su imaginería de calabazas, disfraces y sustos procede de tradiciones populares del mundo anglosajón y se suele relacionar con Samhain, el origen de Halloween, aunque el vínculo entre esa fiesta celta y la fecha cristiana del 1 de noviembre sigue siendo, como se ha visto, una hipótesis.
El Día de Muertos mexicano es otra cosa, y tiene reconocimiento propio. La UNESCO lo inscribió en 2008 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad con el nombre de «fiesta indígena dedicada a los muertos». Según su ficha, se celebra a finales de octubre y principios de noviembre, cuando se cierra el ciclo anual del maíz, y combina ritos prehispánicos con las fiestas católicas de esos días. Las familias esparcen pétalos y colocan velas entre la casa y el cementerio para guiar el regreso de las almas, y preparan ofrendas con los platos favoritos de sus difuntos. Cada categoría de muertos tiene su propio día de culto, y la UNESCO describe la fiesta como el retorno transitorio a la tierra de los familiares fallecidos.












