Llegó a los jardines británicos como una planta ornamental y terminó convirtiéndose en un problema difícil de resolver. El polígono japonés fue sometido a 19 tratamientos en un ensayo de la Universidad de Swansea publicado en 2018, pero ninguno consiguió erradicarlo durante los tres años estudiados.
La conclusión tiene una lectura práctica para quienes gestionan jardines, terrenos o riberas. Reducir los tallos visibles no garantiza que la planta haya desaparecido bajo tierra, así que el control necesita seguimiento y paciencia. Eso no significa que sea indestructible, sino que una intervención rápida puede quedarse muy corta.
Qué probó el ensayo
El equipo, encabezado por Daniel Jones y con la participación de Daniel Eastwood, trabajó en tres lugares del sur de Gales. Distribuyó 58 parcelas de 225 metros cuadrados entre tratamientos y zonas de comparación, y evaluó métodos químicos, físicos y combinaciones de ambos.
Los tratamientos con glifosato ajustados al ciclo de crecimiento consiguieron las mayores reducciones de cobertura y densidad de tallos. Aumentar la dosis no mejoró el resultado, y añadir otros herbicidas o métodos físicos tampoco aportó una mejora del control en las condiciones estudiadas.

Conviene fijarse en ese límite. El trabajo comparó unas intervenciones concretas durante tres años, por lo que sus resultados no permiten afirmar que cualquier intento de eliminación, en cualquier terreno y durante cualquier plazo, esté condenado al fracaso.
De adorno a invasora
La historia británica se remonta a 1850, cuando el botánico Philipp Franz von Siebold envió un ejemplar vivo a los jardines de Kew. Sus tallos parecidos al bambú y su crecimiento vigoroso ayudaron a convertirlo en una planta atractiva para la jardinería.
Aquel ejemplar era hembra y su expansión se apoyó en la reproducción vegetativa. En palabras sencillas, fragmentos de la planta daban lugar a nuevas plantas, sin necesidad de semillas. La Universidad de Oxford describe cómo el cultivo ornamental y el transporte accidental de tierra favorecieron esa dispersión.
La imagen de un único clon ayuda a entender buena parte de la invasión británica, pero necesita matices. También existen especies emparentadas e híbridos, como el polígono de Bohemia, que no deben confundirse con copias idénticas del ejemplar original.
El problema está bajo tierra
La resistencia se explica en buena parte por los rizomas, tallos subterráneos que almacenan reservas. Funcionan como una despensa que permite volver a brotar aunque la parte visible haya sufrido daños. Dejar el terreno aparentemente limpio no basta para comprobar su eliminación.
Además, excavar sin controlar los restos puede dispersar fragmentos capaces de regenerarse. Es el detalle que convierte una tarea aparentemente sencilla, como retirar tierra de un jardín, en una posible vía de expansión hacia otro lugar.
«No existe una solución única para gestionar el polígono japonés», explicó Jones en el comunicado de Swansea de 2018. El equipo recomendó estrategias prolongadas que tuviesen en cuenta tanto los tallos como las partes subterráneas y advirtió del riesgo de rebrotes al remover terrenos tratados.
Controlar también tiene un coste
La cuestión ambiental va más allá de elegir entre una pala y un herbicida. Un estudio de Swansea publicado en 2023 comparó los impactos asociados a producir los materiales y productos empleados en distintos métodos de gestión.
En esa comparación, los métodos basados en glifosato presentaron menores impactos ambientales y costes de producción que las alternativas evaluadas. El resultado tiene ese alcance concreto y no demuestra que un herbicida carezca de riesgos. También recuerda que las cubiertas y otras intervenciones físicas consumen materiales y recursos.
Qué tener en cuenta en España
En España, la especie figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras como Fallopia japonica, también llamada Reynoutria japonica. El MITECO señala que su follaje denso desplaza a la vegetación autóctona y dificulta su regeneración.
¿Qué hacer si aparece junto a un río o en una parcela? Conviene comunicar la detección a la autoridad ambiental autonómica y, para evitar su dispersión, no mover tierra o restos sin asesoramiento. El Ministerio identifica los suelos con rizomas y la maquinaria contaminada entre sus vías de propagación.
Un insecto en investigación
El control biológico busca otra vía con Aphalara itadori, un pequeño insecto que se alimenta de estas plantas. CABI informó en marzo de 2025 de supervivencia invernal y daños en plantas con la línea Murakami, aunque los avances descritos se centraban en el híbrido de Bohemia.

En junio de 2026, el organismo estadounidense APHIS anunció la autorización de permisos para liberar esa línea en los Estados Unidos contiguos. Es un avance administrativo para el control biológico, no una demostración de que el problema esté resuelto.
El ensayo original se publicó en Biological Invasions en 2018. El anuncio oficial de APHIS sobre la línea Murakami fue publicado el 22 de junio de 2026 en el Federal Register.
Foto: Universidad de Swansea











