Un agricultor logró cultivar sin riego tomates, patatas, calabazas y ajos durante 40 años, y todo dependía de un puñado de tierra que apretaba con la mano cada primavera

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Por HoyECO
Publicado el 30 de octubre de 2026 a las 17:05
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Cajas de tomates cosechados en una parcela de la Universidad Estatal de Oregón donde se ensaya cultivar sin riego

Un agricultor del oeste de Estados Unidos cultivó tomates, patatas, calabazas, ajos y judías sin riego entre 1974 y 2014. Lo contó la Universidad Estatal de Oregón (OSU) en un caso práctico de 2014. Su forma de cultivar sin riego se apoyaba en la humedad que las lluvias de invierno dejan en el suelo.

La universidad sigue estudiando esta técnica, que en inglés se llama dry farming. En una nota del 2 de octubre de 2026, su Servicio de Extensión recordó que todo depende del suelo, del manejo y de elegir variedades resistentes a la sequía. Lo que sale bien en una finca no se copia sin más en otra.

De California a Veneta

El protagonista pasó más de 30 años cultivando así en California. Allí el termómetro pasa de 38 °C varias veces cada verano. En 2007 se jubiló y compró 3,9 hectáreas en Veneta, Oregón, sin derechos de agua para riego.

En esa finca producía comida para él y vendía parte a varias tiendas pequeñas de la cercana Eugene. Amy Garrett, del Programa de Pequeñas Granjas de OSU, firmó el caso sin dar su nombre. El agricultor quería conservar su privacidad.

Garrett lo describía como uno de los agricultores de secano con más experiencia de la región. Su texto repasaba los errores más comunes al intentar cultivar sin agua.

Un puñado de tierra en primavera

Para este agricultor, el secano consiste ante todo en preparar el suelo y conservar la humedad. «Sin eso, no funciona», resumía en el artículo de la universidad.

Empezaba a labrar en la primera ventana seca de la primavera. El momento llegaba cuando un puñado de tierra se mantenía unido al apretarlo, pero todavía se desmenuzaba. No se podía fijar con semanas de antelación, porque exigía mirar el campo casi a diario.

Tras la primera labor dejaba que la tierra «digiriera» dos o tres semanas como mínimo. Después pasaba varias veces más, si el tiempo lo permitía, hasta dejar lista la siembra.

Al sembrar, pisaba cada semilla para que quedara pegada a la tierra húmeda. El resto del suelo quedaba suelto hasta unos 10 o 15 centímetros, y así el agua de abajo no se escapaba.

Regar también puede secar

El caso desmontaba una idea muy extendida, la de regar al principio y cortar el agua después. Según el agricultor, ese riego forma una costra en la superficie. Al secarse, la tierra se agrieta y el suelo de debajo pierde humedad más deprisa.

Con una lluvia fuerte pasa lo mismo. Por eso prefería que no lloviera entre mediados de junio y principios de septiembre. «Hay que trabajar con la humedad que se tiene», decía.

La guía de OSU sobre tomates de secano, de noviembre de 2025, matiza su método. Pide limitar la profundidad del laboreo, ya que el suelo pierde agua hasta donde se labra. También enumera ventajas como gastar menos energía y menos plástico de las cintas de goteo.

Arcilla, ovejas y semillas propias

La tierra de Veneta tiene arcilla a partir de unos 36 centímetros de profundidad. Según su dueño, el secano funciona mejor con algo de arcilla. Para abonar, metía ovejas y gansos a pastar y rotaba con leguminosas.

Las plantas iban más separadas que en un huerto regado, para que no compitieran por el agua. La distancia coincidía con el ancho de su tractor, algo práctico para alguien que trabajaba solo.

Tractor con fresadora preparando la tierra de una parcela de secano seguido por un ganso
Un tractor con fresadora prepara la tierra de una parcela, seguido por un ganso, en una de las fotos del caso práctico publicado por OSU en 2014 (Foto: Programa de Pequeñas Granjas de OSU)

Además, guardaba semillas de muchos cultivos, y con los años sus plantas se adaptaban mejor al terreno. La calabaza Blue Hokkaido la había desarrollado él mismo más de 30 años antes. El tomate Big Beef salió de una planta espontánea de la finca.

106 tomates frente a la sequía

En la jornada de campo de este año en su granja de Corvallis, OSU mostró un ensayo de 2025 con 106 variedades y líneas de tomate. Lo presentó el profesor emérito Jim Myers. Las plantas recibieron unos 61 milímetros de lluvia en toda la temporada, mucho menos de lo que perdieron.

Matt Davis habla a los asistentes de la jornada de campo de secano junto a cajas de tomates
Matt Davis, responsable del Programa de Secano de OSU, habla a los asistentes de la jornada de campo junto a las cajas de tomates cosechados (Foto: Lynn Ketchum / Universidad Estatal de Oregón)

Con drones y cámaras especiales, el equipo midió el verdor y la temperatura de las hojas. Algunas silvestres aguantaron mejor, y entre las cultivadas destacaron ‘Large Pink’ y ‘Walter’. Myers sospecha que algunas cultivadas crecen rápido y «agarran el agua que pueden» para llevarla al fruto.

Matt Davis dirige el Programa de Secano de OSU. Cree que estos tomates pueden dar más dinero que los regados, aunque produzcan menos. Bastaría con cobrar alrededor de un dólar más por libra, unos 2,2 dólares por kilo.

Nadie midió las cosechas de Veneta

El caso de 2014 no da cifras de producción. No se sabe cuánto rendía la finca ni cuánto variaba de un año a otro. Los datos salen de ensayos de la universidad, y ahí la calabaza kabocha sin riego dio el 76 % de la cosecha regada en 2016, un año fresco.

En 2017, más cálido y seco, se quedó en el 37 %. El suelo también cuenta. La guía de OSU para evaluar parcelas cita a un productor de avellanas que plantó sin riego en tierra arenosa y con grava, y sus árboles crecieron despacio.

En los tomates, la universidad advierte de que la cosecha baja y aumentan las quemaduras de sol y la podredumbre apical, una mancha oscura en la base del fruto. Aconseja empezar por una parcela pequeña y conocer antes el suelo y las lluvias de la zona.

Davis lo dejó claro ante los visitantes de su parcela, asentada en un suelo profundo de limo y arcilla. «Hay varias cosas que hacen que este sitio en particular sea realmente bueno para el secano», explicó.

Foto: Lynn Ketchum / Universidad Estatal de Oregón

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