Unas rocas volcánicas de Australia Occidental guardan indicios de que el agua de la superficie ya descendía hacia el interior terrestre hace 3.100 millones de años. Allí habría ayudado a generar el magma que alimentaba antiguos volcanes, mediante un mecanismo que podría haber precedido a la tectónica de placas moderna.
La investigación, liderada por el geoquímico Eric Vandenburg, de la Universidad de Adelaida, propone que fragmentos de corteza hidratada se hundían y liberaban agua en profundidad. El hallazgo aporta una pieza para entender cómo se conectaban la superficie y el interior de una Tierra mucho más caliente que la actual.
Un archivo entre las rocas
El escenario es el Grupo Whundo, una sucesión de rocas volcánicas del cratón de Pilbara. Un cratón es una zona antigua y estable de la corteza continental, algo parecido a un núcleo que ha sobrevivido a numerosas transformaciones del planeta.
Los investigadores estudiaron una secuencia de unos diez kilómetros de espesor, formada hace entre 3.130 y 3.100 millones de años. Sus capas permiten seguir aproximadamente 30 millones de años de actividad volcánica. No es poca cosa para un registro tan antiguo.
Además, estas rocas están excepcionalmente bien conservadas para su edad. Algunas mantienen formas de almohadilla, creadas cuando la lava se enfrió al entrar en contacto con el agua, junto con grietas y señales de antiguas burbujas de gas.

La pista de las boninitas
Entre las distintas familias de lava analizadas destacan las boninitas, unas rocas volcánicas ricas en magnesio. Las de Whundo constituyen el ejemplo más antiguo conocido de este tipo de volcanismo documentado de forma extensa.
¿Por qué llaman tanto la atención? Hoy estas lavas suelen asociarse a zonas de subducción, donde una placa tectónica se introduce bajo otra y transporta materiales hidratados hacia el manto, la capa situada bajo la corteza.
Ese parecido proporciona una pista, pero los científicos necesitan reconstruir cómo se formaron las rocas. Para hacerlo, analizaron su composición química y utilizaron modelos que estiman las condiciones del manto del que procedían los magmas.
El agua facilita la fusión
El agua reduce la temperatura a la que las rocas del manto empiezan a fundirse. Por eso, su llegada puede favorecer la producción de magma incluso sin un aumento adicional de temperatura.
Los cálculos sitúan el contenido de agua de la fuente que originó las boninitas de Whundo aproximadamente entre el 0,8 % y el 1,5 % en peso. Equivale a unos ocho a quince kilos de agua por cada mil kilos de material, según el modelo.
Aunque parezca poco, ese intervalo encaja con el estimado para el manto que alimenta volcanes de arco actuales (entre el 0,1 % y el 2 %). Son estimaciones mínimas obtenidas mediante modelos, no mediciones directas del agua que había allí hace miles de millones de años.
Un hundimiento diferente
¿Cómo pudo bajar el agua sin una tectónica como la actual? El mayor calor de la Tierra primitiva habría dificultado que su cubierta externa funcionase mediante grandes placas rígidas y una subducción sostenida.
La explicación propuesta se llama «goteoducción«. Consiste en el hundimiento localizado e intermitente de fragmentos densos de la cubierta externa, que llevaban agua incorporada y la liberaban al descender hacia zonas más calientes.

Ese aporte habría facilitado la fusión del manto y la formación de nuevos magmas. «La Tierra no funcionaba exactamente como ahora, pero parece que algunos de los procesos clave ya estaban en marcha», explica Vandenburg en el comunicado de la universidad.
Lo que falta por resolver
El trabajo estudia un conjunto volcánico de unos 114 kilómetros cuadrados. Sus resultados respaldan un proceso local, pero no permiten fijar cuándo comenzó el reciclaje profundo del agua en todo el planeta ni cuándo se estableció la tectónica moderna.
Además, los autores reconocen que su reconstrucción química admite alternativas. El agua deja huellas en la composición de las rocas, pero interpretar esas huellas exige comparar explicaciones y comprobar cuáles encajan mejor con las condiciones de aquella época.
Otra parte del ciclo del agua
Cuando pensamos en el ciclo del agua, solemos imaginar nubes, lluvia y ríos. Estas rocas ayudan a reconstruir otra parte de esa historia, mucho más lenta y profunda, en la que el agua participa en la formación de magmas y de nueva corteza.
Su interés ambiental está en comprender cómo esos intercambios contribuyeron a transformar el planeta. El estudio ha sido publicado el 7 de julio de 2026 en Nature Communications.
Foto: Universidad de Adelaida / Vandenburg et al., Nature Communications, CC BY 4.0







