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Unas semillas olvidadas durante décadas en un granero antiguo logran el milagro: Aragón recupera la variedad de melón más famosa que llevaba años desaparecida

Unas semillas olvidadas permiten recuperar en Aragón el histórico melón de Torres de Berrellén tras años desaparecido.

Unas semillas olvidadas durante décadas en un granero antiguo logran el milagro: Aragón recupera la variedad de melón más famosa que llevaba años desaparecida

¿Puede un bote olvidado en un granero devolver a un pueblo una parte de su historia? En Torres de Berrellén, en Zaragoza, unas semillas antiguas halladas en 2015 pusieron en marcha la recuperación de un melón local que había desaparecido de los campos.

El resultado ya no es solo una historia bonita. El 17 de marzo de 2025, el Boletín Oficial del Estado inscribió de forma definitiva la variedad «De Torres de Berrellén» como variedad de conservación y, semanas después, el CITA Aragón distribuyó 6.100 semillas para volver a cultivarla.

Un cultivo casi borrado

Durante buena parte del siglo XX, Torres de Berrellén fue conocido como «el pueblo de los melones». La huerta local abastecía mercados de distintos puntos de España, pero el cultivo terminó desapareciendo por causas que todavía no están del todo aclaradas.

El fruto recuperado pertenece al tipo Tendral, un melón de invierno con corteza gruesa y larga conservación. El ejemplar verde que los mayores recordaban como el «melón verdadero» es oscuro, alargado y con surcos marcados, mientras que también existe un tipo blanco de rasgos parecidos.

La iniciativa nació en 2015 de la mano de Jesús Causapé, científico del Instituto Geológico y Minero de España y del CSIC, y Jesús María «Chuma» Sahún. En 2018 crearon la Asociación Amigos del Melón de Torres de Berrellén para dar soporte jurídico y continuidad al proyecto.

Diez años de selección

Encontrar semillas no bastaba. Los primeros ensayos mostraron que el tipo verde estaba mezclado con otros melones, así que había que «depurarlo», es decir, escoger generación tras generación solo los frutos que se parecían al que recordaba el pueblo.

El equipo cultivó las semillas originales, controló qué flores se fecundaban entre sí y comparó catorce grupos de plantas descendientes antes de reducir la selección a tres. Después valoró el aspecto, el dulzor, el sabor en cata y la capacidad de conservarse, hasta elegir el grupo que repetía mejor las características buscadas.

La selección estuvo dirigida por Cristina Mallor, investigadora del Departamento de Ciencia Vegetal del CITA y responsable del Banco de Germoplasma Hortícola. En el trabajo participaron también Causapé, Sahún, Amparo Llamazares y Joaquín Arqué, junto con agricultores y vecinos mayores que ayudaron a reconstruir cómo era el fruto original.

El salto al registro oficial

¿Qué significa ser una variedad de conservación? Es una categoría legal para variedades locales cultivadas tradicionalmente en una zona y amenazadas por la pérdida de diversidad genética, que permite inscribirlas y comercializar sus semillas bajo reglas específicas.

El tipo blanco ya había sido registrado con anterioridad, pero el paso decisivo para el «melón verdadero» llegó en 2025. El Boletín Oficial del Estado confirmó la inscripción definitiva del tipo verde y el CITA quedó como conservador, es decir, como entidad responsable de custodiar y mantener la variedad.

La campaña anterior sirvió para multiplicarla en una parcela experimental del CITA. Parte del material se envió al Centro de Recursos Fitogenéticos del INIA, en Alcalá de Henares, como copia de seguridad por si se perdiera la colección principal.

Semillas bajo cero y en el campo

Las simientes verdes y blancas se guardan deshidratadas y congeladas a dieciocho grados bajo cero. Es la conservación fuera de su lugar de cultivo, una especie de archivo biológico pensado para mantenerlas viables durante muchos años.

Pero una variedad agrícola no se salva únicamente dentro de un congelador. Por eso, en 2025 se repartieron 3.500 semillas verdes y 2.600 blancas entre la asociación, viveros y productores de distintos puntos de Aragón, para que la planta siga viva en huertos reales.

Más que una fruta local

La recuperación también protege biodiversidad agrícola. El Ministerio de Agricultura advierte de que la modernización del campo ha sustituido muchas variedades antiguas por otras más uniformes, lo que reduce la diversidad disponible y limita la capacidad de responder a nuevas necesidades.

Otro trabajo científico añadió una pista interesante. Tras comparar aguas, suelos y melones cultivados en varias localidades, los investigadores concluyeron que la composición del agua de riego y la presencia de arcilla ayudaron a explicar el sabor y el gran tamaño que alcanzaba el fruto en Torres de Berrellén.

En la práctica, el registro no garantiza por sí solo que el melón vuelva a ocupar grandes superficies ni que sea rentable. Sí puede ofrecer una base más sólida para producir semilla, ampliar el cultivo y conectar el fruto con catas, visitas y actividades divulgativas que ya impulsa la asociación. Un bote en un granero abrió la puerta, pero hicieron falta memoria vecinal, agricultura y ciencia para cruzarla.

La nota de prensa oficial sobre la conservación y distribución de las semillas se ha publicado en CITA Aragón.

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