En una piscifactoría japonesa, el desarrollo sexual de una anguila puede orientarse mucho antes de que el animal alcance el tamaño adulto. Un equipo dirigido por el Instituto de Investigación Pesquera de Aichi ha comprobado que añadir isoflavonas de soja al pienso durante una fase concreta produce lotes con hasta un 96,6 % de hembras, mientras que en las granjas más del 90 % de los ejemplares suelen acabar siendo machos. El vuelco es casi total.
¿Por qué importa tanto el sexo de este pez? Las hembras pueden crecer hasta los 400 o 500 gramos y su carne se mantiene tierna, por lo que una sola anguila grande puede dar dos raciones. La técnica ya ha pasado del laboratorio a explotaciones comerciales, aunque no resuelve el gran problema de fondo, la dependencia de crías capturadas en la naturaleza.
El momento decisivo
Las anguilas japonesas de menos de medio gramo todavía no han desarrollado ovarios o testículos definidos. Es justo en esa ventana cuando el alimento puede influir en sus gónadas, los órganos que después producirán óvulos o espermatozoides. No se está cambiando el sexo de un animal adulto.
Las isoflavonas son compuestos vegetales presentes en la soja, el tofu o el miso. Su estructura se parece a la del estrógeno, una hormona que participa en el desarrollo femenino, y por eso pueden activar señales similares dentro del pez. El pienso enriquecido solo se suministra durante la diferenciación sexual y, según los controles oficiales, no quedan isoflavonas detectables cuando la anguila alcanza el tamaño comercial.
De machos a hembras
El estudio probó varias cantidades de isoflavonas en ejemplares jóvenes. Con las dos dosis más altas, el 91,6 % y el 96,6 % de los animales examinados desarrollaron ovarios, frente al fuerte predominio de machos habitual en acuicultura. La cantidad importa, y mucho.
Los investigadores también analizaron la actividad de los genes en las gónadas. En los animales tratados aumentaron las señales relacionadas con el desarrollo femenino y disminuyeron las asociadas al masculino, mientras que la genisteína resultó más eficaz que la daidzeína. Un trabajo surcoreano publicado en 2025 obtuvo resultados en la misma dirección sobre crecimiento y diferenciación ovárica, aunque con otro diseño experimental.
Del laboratorio a las granjas
El artículo científico está encabezado por Hiroyuki Inaba y reúne a especialistas de Aichi, la Universidad de Kumamoto, la Universidad de Hokkaido y otras instituciones. El programa aplicado comenzó en 2018 y contó con Kyoritsu Seiyaku para convertir el hallazgo en un producto utilizable fuera del laboratorio.
La tecnología recibió una patente en noviembre de 2021 y el aditivo comercial empezó a venderse en mayo de 2022. Primero se utilizó en Aichi, Mie y Shizuoka, y las ventas se ampliaron a todo Japón en diciembre de 2023. La documentación oficial no incluye Kagoshima entre las prefecturas del despliegue inicial.
“El proyecto ha alcanzado un hito”, afirmó Yuzumi Toda, representante del grupo de Aichi, cuando la producción comercial ya había comenzado. En noviembre de 2025, Hiroyuki Inaba fue distinguido en los Premios a Jóvenes Investigadores de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón por establecer esta tecnología y mejorar la calidad de las anguilas hembra.
Por qué interesan las hembras
Las grandes hembras del proyecto alcanzan entre 400 y 500 gramos, aproximadamente el doble del tamaño convencional. Al crecer, conservan una carne más tierna que los machos de tamaño similar. Para un criadero, eso permite obtener más producto aprovechable de cada cría.
La preferencia se puso a prueba en una cata promocional del Seafood Show de 2023. Entre 833 respuestas, el 85 % eligió la hembra grande frente al macho, aunque no fue una encuesta representativa de toda la población japonesa. Aun así, el dato ayuda a explicar el interés comercial por un pescado que puede servir dos raciones.
El límite que sigue ahí
La acuicultura japonesa de anguila depende por completo de angulas salvajes capturadas en ríos, estuarios y zonas costeras. Las instituciones japonesas reconocen que su disponibilidad ha disminuido y que el sector todavía no puede abastecerse comercialmente con crías obtenidas por reproducción artificial. Feminizar anguilas aprovecha mejor cada ejemplar, pero no equivale a cerrar su ciclo de cría en cautividad.
Tampoco cualquier producto de soja produce el mismo efecto. El resultado depende del compuesto, la cantidad y, sobre todo, del momento exacto en que se administra. Al final del día, la técnica ofrece una herramienta concreta para criar peces más grandes y tiernos, pero su impacto real deberá medirse junto a los costes y la presión sobre las poblaciones silvestres.
El estudio principal se ha publicado en International Journal of Molecular Sciences.



