La antigua central nuclear de Lemoiz, situada en la cala Basordas de Bizkaia, se prepara para dejar atrás décadas de abandono. El Gobierno Vasco y Aquacría Basordas impulsan allí una piscifactoría de lenguado con una inversión público-privada estimada en 170 millones de euros, una capacidad final de 3.000 toneladas al año y unos 200 empleos directos.
La transformación será importante, pero no ocurrirá de un día para otro. La construcción principal está prevista desde 2027, la cría de los primeros peces comenzaría en 2029 y su llegada al mercado se sitúa alrededor de 2031 según el calendario institucional. Hasta entonces, la gran promesa de Lemoiz seguirá siendo eso, una promesa que deberá demostrarse con obras, controles ambientales y resultados.
Una inversión a diez años
El Proyecto Basordas ocupará 46.600 metros cuadrados y se desplegará en tres fases durante la próxima década. Sea Eight, empresa del grupo Atitlan a la que pertenece Aquacría Basordas, calcula una producción de 1.000 toneladas anuales en la primera fase y hasta 3.000 toneladas cuando el complejo funcione a pleno rendimiento.
El lehendakari Imanol Pradales lo presentó como «un proyecto que aspira a ser referente a nivel internacional». Esa ambición ha llevado a presentar la instalación como la mayor piscifactoría de lenguado de Europa, pero conviene introducir un matiz. Ese tamaño todavía no existe y dependerá de que se completen las tres fases, llegue toda la inversión y la planta alcance realmente la producción anunciada.
Así se criarán los lenguados
El complejo reunirá prácticamente todo el ciclo productivo en un mismo espacio. Incluirá la eclosión de los huevos, la cría larvaria, el crecimiento de los peces, su preparación y parte de los trabajos necesarios antes de la comercialización. En la práctica, será mucho más que una nave llena de tanques.
La pieza central será un sistema de recirculación de agua conocido como RAS. El agua pasará por procesos de tratamiento y volverá a utilizarse dentro de la instalación, con una reutilización prevista de hasta el 97 %. Es parecido a un gran circuito cerrado, aunque siempre necesitará aportes, energía y una gestión rigurosa de los residuos.
AZTI aportará conocimiento en cría de lenguado, nutrición, sanidad, bienestar animal, trazabilidad y calidad del agua. También se prevén sistemas propios de investigación para mejorar la reproducción y la genética. Todo eso suena técnico, pero termina afectando a cuestiones muy sencillas, como la salud del pez y la calidad del alimento que llega al plato.
El calendario real
Las primeras actuaciones ya han comenzado con el refuerzo del dique exterior que protege el recinto frente al oleaje. El contrato figura en ejecución y tiene un presupuesto de unos 2,86 millones de euros sin IVA. La obra principal de la piscifactoría, sin embargo, no empezaría hasta 2027.
Hay además una pequeña diferencia entre los calendarios publicados. El Gobierno Vasco sitúa el inicio de la cría en 2029 y la llegada al mercado alrededor de 2031, mientras Atitlan habla de contar con los primeros lenguados producidos hacia 2030. Para el consumidor, la referencia prudente es una ventana situada entre 2030 y 2031.
¿Por qué tanta espera? Porque no basta con levantar edificios, instalar filtros y llenar tanques. Los animales deben completar su ciclo biológico y la planta tendrá que aumentar la producción de forma gradual sin comprometer la calidad del agua, la sanidad o el bienestar animal.
Empleo y economía azul
El proyecto prevé crear cerca de 200 puestos de trabajo directos en investigación, áreas técnicas, gestión y servicios auxiliares. También puede mover actividad en mantenimiento, logística, transformación alimentaria y distribución. Para una zona costera, significa empleo ligado al mar sin depender únicamente de la pesca extractiva.
El Gobierno Vasco presenta Basordas como una forma de reforzar el suministro de pescado y modernizar la industria alimentaria. Tiene sentido, aunque 3.000 toneladas anuales no convierten por sí solas a Euskadi en autosuficiente. Ayudan a diversificar la oferta y pueden reducir una parte de la dependencia exterior, que no es lo mismo.
En el fondo, esta es la idea de la economía azul. Se busca generar actividad y empleo utilizando los recursos marinos sin deteriorar el océano que los sostiene. El Pacto Europeo por el Océano, adoptado en 2025, sitúa precisamente la protección de los ecosistemas, la competitividad y el futuro de las comunidades costeras dentro de una misma hoja de ruta.
La sostenibilidad deberá medirse
Recircular hasta el 97 % del agua es una ventaja frente a sistemas que captan y descargan grandes caudales de manera continua. Pero un RAS necesita bombas, oxigenación, filtración, sensores y controles constantes. Las revisiones científicas señalan que su elevada demanda energética sigue siendo uno de los principales desafíos.
También importa el origen del pienso. Los análisis de ciclo de vida muestran que la alimentación de los peces puede representar una parte muy relevante de la huella ambiental de una granja acuícola. Por eso, el balance real dependerá de la electricidad utilizada, los ingredientes del alimento, el tratamiento de los efluentes, la mortalidad y el aprovechamiento de los residuos.
¿Qué habrá que mirar cuando la planta empiece a funcionar? Datos públicos sobre consumo de energía y agua, calidad de los vertidos, bienestar animal y origen del pienso. La palabra «sostenible» queda bien en una presentación, pero necesita cifras detrás. Y eso se nota.
Una segunda vida para Lemoiz
La central de Lemoiz comenzó a construirse el siglo pasado, pero nunca llegó a entrar en funcionamiento. Reutilizar parte de un recinto industrial existente puede reducir la necesidad de ocupar nuevo suelo y aprovechar su acceso directo al mar. A cambio, será necesario adaptar estructuras, retirar elementos incompatibles y garantizar que las nuevas obras cumplen todas las exigencias ambientales.
El cambio tiene además un valor simbólico. Un lugar asociado durante décadas al conflicto nuclear puede convertirse en un espacio de producción alimentaria, investigación y empleo. Pero la memoria del enclave no debería desaparecer bajo los tanques, y el propio proyecto contempla que otros usos puedan convivir en el entorno.
Si Basordas cumple sus objetivos, Lemoiz pasará de ser una ruina industrial a un laboratorio real de acuicultura avanzada. Si no controla la energía, el pienso y los efluentes, la etiqueta verde se quedará corta.
El comunicado oficial del proyecto ha sido publicado en Irekia, el portal de comunicación del Gobierno Vasco.



