Murcia sorprende a los científicos: graban a una raya gigante jamás vista viva en el Mediterráneo y una foto de 1945 completa el misterio

Por HoyECO
Publicado el 15 de septiembre de 2026 a las 20:55
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Manta gigante oceánica nadando bajo el agua en el Mediterráneo

Un vídeo submarino grabado en Cabo Tiñoso y una fotografía conservada desde mediados del siglo XX han permitido confirmar dos registros extraordinarios de rayas marinas en la Región de Murcia. Los hallazgos amplían el conocimiento sobre la biodiversidad del Mediterráneo español, aunque no significan que ambas especies hayan llegado ahora ni que estén formando poblaciones estables.

La manta gigante oceánica aporta el primer ejemplar vivo documentado en la cuenca mediterránea. El chucho negro, por su parte, suma los primeros registros científicos confirmados en las costas mediterráneas de España. Son dos novedades relevantes, pero cada una cuenta una historia biológica y temporal diferente.

La manta gigante oceánica de Cabo Tiñoso fue grabada viva

El 6 de septiembre de 2023, miembros del club de buceo Caballito Salado filmaron una gran raya nadando cerca de Cabo Tiñoso. El material llegó a Juan A. Pujol, Víctor Orenes-Salazar y Claudio Barría, que examinaron las marcas corporales y confirmaron que se trataba de una manta gigante oceánica (Mobula birostris).

El estudio publicado en Mediterranean Marine Science describe una hembra inmadura de aproximadamente 2,5 metros de ancho de disco. La identificación se apoyó en la forma de los lóbulos cefálicos, las grandes aletas pectorales y el patrón de manchas negras y blancas de su cuerpo. El animal estaba acompañado por unos 50 peces piloto y dos rémoras.

La novedad no consiste en que la especie fuera completamente desconocida en el Mediterráneo. Existen referencias históricas de ejemplares de Mobula birostris en Rosas, Orán y Cádiz, algunos capturados o conservados en colecciones. Lo excepcional es que el ejemplar murciano constituye la primera manta gigante oceánica viva y nadando libremente que ha podido documentarse científicamente dentro de la cuenca mediterránea.

El registro también recuerda la importancia de estudiar cada observación dentro de su contexto ambiental. En la misma Región de Murcia, investigaciones recientes han cuantificado cómo la llamada mancha blanca del Mar Menor afecta a 12,3 kilómetros cuadrados y ha dejado 6,7 kilómetros cuadrados sin vegetación submarina. Este deterioro no explica la aparición de la manta en mar abierto, pero demuestra por qué resulta imprescindible contar con datos precisos sobre el estado y la evolución de los ecosistemas murcianos.

El chucho negro de Cabo de Palos ya estaba en Murcia hacia 1945

El caso del chucho negro (Taeniurops grabatus) comenzó con una fotografía en blanco y negro conservada en el Archivo General de la Región de Murcia. La imagen, tomada aproximadamente en 1945 por Manuel Rodríguez de Viguri, muestra un ejemplar macho en el poblado pesquero de Cabo de Palos. Los investigadores estimaron que tenía entre 55 y 60 centímetros de ancho de disco.

A esa prueba histórica se sumó una segunda fotografía obtenida en 2018 en la bahía de Portmán. El ejemplar fue observado a ocho metros de profundidad sobre un fondo de arena gruesa. El trabajo publicado en Acta Adriatica considera que ambas imágenes constituyen los primeros registros documentados del chucho negro en las aguas mediterráneas de España y los más occidentales confirmados hasta ahora dentro de este mar.

Esta raya vive asociada al fondo y presenta un disco redondeado, una coloración oscura y hábitos discretos. Los autores plantean que su comportamiento bentónico, la posible confusión con especies parecidas y la escasez de muestreos específicos podrían explicar por qué pasó inadvertida durante décadas.

Las fotografías de 1945 y 2018 demuestran presencia histórica y reciente, pero no bastan para asegurar que exista una población estable mantenida de forma ininterrumpida durante más de setenta años. Para demostrarlo serían necesarios seguimientos continuados, un principio que también se aplica a proyectos de restauración marina en los que la supervivencia y la evolución de los organismos se observan durante cientos de días antes de extraer conclusiones.

El calentamiento del Mediterráneo no explica por sí solo las dos rayas

El aumento de la temperatura marina puede favorecer cambios en la distribución de especies de afinidad tropical. La costa de Murcia ocupa además una zona de transición entre la influencia atlántica del mar de Alborán y las condiciones del mar Balear, lo que la convierte en un lugar estratégico para detectar transformaciones en la fauna.

Sin embargo, ninguno de los dos estudios demuestra que el calentamiento haya causado directamente estos registros. En el caso de la manta, los investigadores consideran plausible que el ejemplar entrara desde el Atlántico por el Estrecho de Gibraltar, aunque el vídeo no permite reconstruir su ruta. En el caso del chucho negro, la fotografía de la década de 1940 impide atribuir su presencia exclusivamente a una expansión reciente provocada por el cambio climático.

La temperatura tampoco es la única presión que condiciona la biodiversidad marina. La pesca accidental, la degradación de los fondos, la transformación del litoral y los microplásticos forman parte de un escenario acumulativo que dificulta interpretar la evolución de las especies si no existen series de datos suficientemente largas.

La ciencia ciudadana cambia el mapa de la biodiversidad marina de Murcia

Los dos descubrimientos comparten una característica decisiva. No comenzaron con una campaña oceanográfica, sino con imágenes realizadas fuera de una investigación convencional. Un vídeo de buceo permitió identificar a la manta y una fotografía histórica abrió la búsqueda del chucho negro.

La participación de buceadores, pescadores, fotógrafos y archivos públicos puede proporcionar fechas, localizaciones y rasgos morfológicos que después deben ser revisados por especialistas. Juan A. Pujol ha destacado que estas aportaciones permiten detectar animales que podrían pasar inadvertidos en los programas científicos habituales. El estudio del chucho negro menciona expresamente la combinación de conocimiento histórico y ciencia ciudadana como una herramienta para reconstruir la distribución de especies raras.

El verdadero alcance de la noticia no está en presentar a dos rayas tropicales como recién llegadas. Está en demostrar que una grabación contemporánea y una imagen de hace ocho décadas pueden corregir vacíos en los inventarios científicos. Murcia no solo añade dos registros a su biodiversidad marina, también gana una referencia más precisa desde la que medir los cambios futuros del Mediterráneo español.

El estudio sobre el primer registro vivo de la manta gigante oceánica en el Mediterráneo ha sido publicado en Mediterranean Marine Science.

HoyECO

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