Los osos polares han dejado sin crías durante dos veranos seguidos a la colonia de araos negros de la isla Cooper, en el norte de Alaska. Lo recoge un estudio publicado el 25 de junio de 2026 en Polar Research. En 2025 quedaban 21 parejas, y a finales de los ochenta eran más de 200.
Detrás de ese registro está George Divoky, que estudia aves marinas en el Ártico de Alaska desde 1970. Revisa esta colonia cada verano desde 1975, hace ya más de medio siglo. Firma el trabajo con Kayla Shively y Martin Robards, de la Wildlife Conservation Society (WCS), y con la consultora de datos Anneke Van der Laan.
Cajas de la Marina en 1972
Cooper es un banco de arena y grava a unos 35 kilómetros al este de Utqiaġvik, la antigua Barrow. Los araos negros suelen criar en grietas de costas rocosas, y en el Ártico de Alaska casi no las hay. Aquí lo hicieron en cajas de madera que la Marina de Estados Unidos dejó en la isla a mediados de los años cincuenta.
Divoky encontró la colonia en 1972 con 10 parejas. Los investigadores fabricaron después más huecos para nidos, y la colonia llegó a 220 parejas en 1988, según la ficha técnica de la Agencia de Protección Ambiental (EPA).
La propia EPA advierte de que ese crecimiento inicial se debe en buena parte a los nidos artificiales. Las cifras de los primeros años no reflejan solo un buen momento ambiental.

Menos bacalao bajo el hielo
Para el arao negro de Mandt, el hielo marino es también su despensa. Bajo la banquisa vive el bacalao ártico, un pez rico en grasa que los padres llevan a los polluelos.
Un trabajo de Divoky publicado en 2015 en Progress in Oceanography comparó dos décadas. Entre 1975 y 1984, el hielo quedaba a final del verano a unos 96 kilómetros de la isla. Entre 2003 y 2012 se había alejado hasta unos 507, y el agua cercana estaba 2,9 grados más caliente.
Antes, el bacalao suponía más del 95 % de lo que comían los polluelos. En el periodo reciente bajó del 5 % en algún momento de la temporada en ocho de cada diez veranos, y su sitio lo ocuparon peces de fondo como los cótidos.
Según ese estudio de 2015, la muerte de polluelos por hambre se multiplicó por cinco. Con un océano más caliente que reduce las poblaciones de peces, el problema no es solo de esta isla.
En 2019 había 85 parejas, y de sus 128 polluelos solo 32 llegaron a volar. Divoky calcula que esa tasa es la tercera parte de la necesaria para mantener la colonia, recoge la EPA. En 2023 se contaron 24 parejas.
Cajas a prueba de osos
Hasta 2007, los osos polares apenas eran un problema en Cooper. Entre 1975 y 2001 atacaron nidos en 9 de 33 temporadas, y afectaron a menos del 3 % de ellos.
Todo cambió tras el récord de pérdida de hielo marino en el Ártico de 2007. Entre 2008 y 2010, los osos se comieron el 43 % de los 423 polluelos nacidos.
En 2011, el equipo cambió los refugios de madera por maletas de plástico rígido de la marca Nanuk. Al principio funcionaron, porque los osos solían examinarlas un momento sin apenas moverlas.
A partir de 2020, los osos empezaron a zarandear las cajas hasta que salían huevos, polluelos o adultos. Según el estudio, llegaron a meterlas en el agua para obligar a salir a las aves que incubaban.
Tres adultos muertos por verano
Los osos ya no llegan solo en agosto, con los polluelos en el nido. Ahora también aparecen en junio y julio, en plena incubación, y se pierden más huevos y más adultos.
En 2024 y en 2025 murieron tres adultos cada temporada por ataques de osos. En el medio siglo anterior solo habían muerto dos.
Kayla Shively, ecóloga de conservación de la WCS y autora principal, lo explica en la nota de la WCS del 12 de agosto. Durante décadas, dice, las aves criaron en estas islas «con relativamente poca presión de grandes depredadores terrestres». Con los osos más tiempo en la costa, «esas relaciones están cambiando».
Un solo oso en Spy
El estudio suma otro caso más al este, en la isla Spy, a unos 6 kilómetros de la costa. El 11 de julio de 2024, un único oso pasó allí al menos 21 horas y arrasó una colonia de eiders comunes, unos patos marinos.
Tres cámaras lo captaron comiéndose todos los huevos de los nidos vigilados, con menos de dos minutos por nido. El oso causó el 89 % de los nidos fracasados, 91 de 102. Los autores calculan que se comió unos 255 huevos, energía para casi cinco días.
En el sur del mar de Beaufort, los osos que acaban en verano y otoño en las islas y la costa se han multiplicado por seis en dos décadas. Martin Robards, director regional del programa de la WCS, lo resume así en la misma nota: «No son hechos aislados».
Una colonia, no un censo
Los autores reconocen que estos ataques afectan por ahora a una parte pequeña de las poblaciones regionales de araos y eiders. Cooper es una sola colonia, y sus datos no equivalen a un recuento de la especie en el Ártico de Alaska, donde ya se estudia el hielo hasta con robots submarinos.
Tampoco está claro cuánto alimenta a un oso una dieta de huevos. En Spy aparecieron muchas deposiciones diarreicas, y el valor real puede ser menor que el de las calorías. Los huevos, además, pueden transmitir la gripe aviar, que ya mató al menos a un oso en Alaska.
Un modelo de Divoky publicado en 2024 en Ecosphere prevé la casi extinción de la colonia hacia 2050. El estudio de 2026 avisa de que los osos podrían adelantar esa fecha, pero no calcula en cuánto.
Como con Zoe Lucas y los caballos salvajes de la isla Sable, solo un seguimiento de décadas ha permitido ver el cambio.
Foto: Friends of Cooper Island









