Brasil construye el río artificial más largo de América Latina con 145 km capaz de fluir por gravedad sin bombeo a 561.000 personas en una obra de ingeniería sin precedentes en la historia

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Publicado el: 8 de junio de 2026 a las 21:57
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Canal del Cinturón de las Aguas de Ceará, el río artificial de 145 kilómetros construido en Brasil para transportar agua por gravedad.

En el noreste de Brasil, donde la sequía no es una noticia puntual sino una realidad que vuelve una y otra vez, el estado de Ceará está cerca de terminar una de sus obras hidráulicas más importantes. El Cinturón de las Aguas de Ceará ya alcanza el 92% de ejecución, después de que las autoridades liberaran otros 15 kilómetros para recibir agua del Proyecto de Integración del río São Francisco.

No es un río natural, aunque muchos lo llamen así para entenderlo mejor. Es una enorme red de canales, túneles y sifones creada para mover agua hacia zonas donde la lluvia llega tarde, llega mal o directamente no llega. En la práctica, esto puede significar menos incertidumbre para miles de familias cuando aprieta la estación seca.

Una obra con forma de río

El proyecto se conoce como Cinturón de las Aguas de Ceará, o CAC, y su primer tramo tiene 145,3 kilómetros de longitud. La obra toma el agua en la presa de Jati, conectada al Eje Norte de la transposición del São Francisco, y la conduce hasta la zona del río Cariús, en Nova Olinda.

La descripción técnica suena fría, pero la idea es sencilla. Llevar agua de un punto donde puede ser transportada a otro donde hace falta para beber, producir y sostener actividades básicas. No es poca cosa.

Además, este primer tramo ha sido diseñado para funcionar por gravedad y con una capacidad máxima de 30 metros cúbicos por segundo. Eso reduce la dependencia de bombeos en esa parte del recorrido, aunque todo el sistema sigue necesitando control, mantenimiento y buena gestión.

El dato más reciente

La última actualización oficial cambia ligeramente la fotografía que se conocía hasta ahora. A finales de 2025 se hablaba de un 91% de avance, pero el comunicado más reciente del Gobierno de Ceará eleva la ejecución al 92% y confirma la liberación de 15 kilómetros nuevos.

Ese nuevo tramo se sitúa entre el sifón de la CE-060 y el sifón São Francisco Salamanca. Con esa apertura, el agua puede seguir avanzando por una infraestructura que las autoridades consideran clave para ampliar la seguridad hídrica del estado.

La previsión oficial mantiene la conclusión durante 2026. Aquí conviene ser prudentes, porque una obra de este tamaño depende de pruebas, ajustes y remates que no siempre se ven desde fuera. El agua no solo tiene que llegar, tiene que llegar bien.

A quién llegará el agua

Cuando esté terminado, el CAC tendrá influencia directa sobre 24 municipios entre Jati y el río Cariús, con unos 561.000 habitantes beneficiados. Además, podrá ayudar al abastecimiento de la Región Metropolitana de Fortaleza mediante la conexión con el Eixão das Águas, elevando el impacto potencial a más de 5 millones de personas.

El abastecimiento humano aparece como prioridad, por delante de otros usos. Después entran la industria, el turismo, la ganadería y la agricultura irrigada, siempre según la planificación hídrica del estado.

¿Qué significa esto para alguien que vive allí? Significa más margen cuando los embalses bajan, cuando el calor aprieta y cuando el agua deja de ser una comodidad para convertirse en una preocupación diaria. Y eso se nota.

Por qué Ceará lo necesita

Ceará está dentro del semiárido del noreste brasileño y su historia reciente está marcada por ciclos de sequía. La propia Secretaría de Recursos Hídricos recuerda episodios severos en distintos periodos, incluido el de 2012 a 2016, considerado el peor desde 1910 según sus registros.

Por eso, este tipo de infraestructuras no se entienden solo como grandes obras de ingeniería. También son una respuesta a un problema ambiental, social y económico que se repite con demasiada frecuencia. Cuando falta agua, falta salud, falta producción y falta tranquilidad.

Aun así, ningún canal artificial elimina la sequía. Lo que puede hacer es reducir la vulnerabilidad de las zonas más expuestas y dar más tiempo a los gestores para tomar decisiones. El problema es que el reloj del clima corre deprisa.

No es agua ilimitada

Hay un punto importante que a veces se pierde en los titulares. El agua de la transposición no circula por todos los canales durante todo el año, porque se solicita según la planificación y las necesidades de cada periodo de sequía.

Esto explica por qué pueden aparecer imágenes de tramos secos sin que eso signifique, por sí solo, que la obra esté abandonada o que haya dejado de funcionar. En 2023, el Gobierno federal ya advirtió de que algunas imágenes de canales secos se estaban usando fuera de contexto.

Dicho de otra forma, un río artificial no es una barra libre de agua. Necesita reglas, mediciones, mantenimiento y prioridades claras. Sin eso, una solución grande puede convertirse en un problema grande.

El reto que queda

Tras la conclusión integral, la Companhia de Gestão dos Recursos Hídricos, conocida como Cogerh, será responsable de la operación, el mantenimiento y el seguimiento de la infraestructura. También deberá controlar el volumen de agua bruta entregado cada mes por la operadora federal.

Ese será el examen real del proyecto. No bastará con cortar una cinta o abrir una compuerta, porque la seguridad hídrica se demuestra año tras año, especialmente cuando las lluvias fallan y la demanda aumenta. Ahí empieza otra historia.

El Cinturón de las Aguas de Ceará puede convertirse en una pieza decisiva para una región acostumbrada a convivir con la escasez. Pero su éxito dependerá de algo más que cemento y canales. Dependerá de gestionar cada gota como si importara, porque en el semiárido importa.

El comunicado oficial más reciente ha sido publicado por el Gobierno del Estado de Ceará.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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