Construcción

Una madre y su hija recogen más de 8.000 botellas de vidrio abandonadas en la playa para construir una casa de 7 habitaciones completamente habitable

Una madre y su hija construyen una casa habitable con más de 8.000 botellas recicladas junto al mar en Brasil.

Una madre y su hija recogen más de 8.000 botellas de vidrio abandonadas en la playa para construir una casa de 7 habitaciones completamente habitable

Edna Dantas y su hija Maria Gabrielly transformaron miles de botellas abandonadas en la isla brasileña de Itamaracá en la Casa de Sal, una vivienda real construida con vidrio, madera recuperada, palés y otros materiales reutilizados. El inmueble ha crecido hasta rondar los 70 metros cuadrados, cuenta con siete estancias y hoy también funciona como espacio para talleres y alojamiento de turismo comunitario.

Hay un matiz importante. La casa no se sostiene simplemente apilando botellas, ya que una estructura de madera recibe la carga de la cubierta y el vidrio queda fijado con mortero. La fase principal comenzó en mayo de 2020 y duró cerca de dos años, aunque el proyecto ha seguido cambiando y ampliándose desde entonces.

De la basura a la vivienda

La idea nació al mirar el suelo. Edna y Gabrielly encontraban botellas en playas, manglares, solares y calles cercanas a Praia do Sossego, sobre todo después de los periodos con más visitantes. Al mismo tiempo, necesitaban una casa propia y sus ingresos habían caído durante la pandemia.

“Empezamos la construcción en mayo de 2020, en plena pandemia”, recordó Edna en una entrevista publicada por Terra. Madre e hija comenzaron con un primer espacio de unos 17 metros cuadrados y vivieron durante meses entre herramientas, recipientes para lavar y una obra que avanzaba poco a poco.

Cada botella tuvo que recogerse, transportarse, ponerse a remojo y limpiarse a mano. En 2021 ya se hablaba de unas 6.000 unidades incorporadas al proyecto, mientras que las cifras posteriores elevaron el total utilizado a más de 8.000. El perfil oficial de Casa de Sal señala que, en conjunto, han recuperado unas 13.000.

Cómo funcionan los muros

Las botellas fueron colocadas en vertical, una decisión poco habitual frente a los sistemas que las disponen tumbadas. Según Gabrielly, esa elección permitió utilizar menos envases y, además, deja que la luz atraviese los fondos de vidrio, creando reflejos verdes, transparentes y dorados en el interior.

El vidrio, sin embargo, no trabaja solo. El armazón de madera reutilizada soporta la cubierta, mientras que una mezcla de cemento y arena mantiene inmóviles los envases. Las divisiones interiores incorporan palés recuperados y parte del tejado se realizó con tejas fabricadas a partir de tubos de pasta de dientes.

¿Significa esto que las botellas convierten la casa en una estructura indestructible? No. En 2022, una lluvia intensa arrancó parte del tejado y las creadoras tuvieron que recurrir a una campaña de apoyo y a la ayuda de la comunidad para repararlo. La sostenibilidad también exige mantenimiento.

Siete estancias y luz cambiante

La Casa de Sal no apareció terminada de un día para otro. En julio de 2021 se describía como una vivienda de unos 60 metros cuadrados y cuatro estancias, todavía pendiente de parte de la cubierta y del suelo. Años después alcanzó alrededor de 70 metros cuadrados y distintos relatos del proyecto hablan ya de siete espacios.

Aquí conviene afinar el lenguaje. En portugués se utiliza “cômodos”, una palabra que se refiere al conjunto de estancias y no necesariamente a siete dormitorios. La vivienda tiene zonas para dormir, cocinar, trabajar y recibir visitas, pero presentarla como una mansión de siete habitaciones puede llevar a una idea equivocada.

Lo más llamativo aparece cuando cambia el sol. Las hileras de vidrio filtran la claridad y modifican el aspecto de las paredes a lo largo del día, algo que un bloque opaco no puede ofrecer. La propia oferta de alojamiento invita a los huéspedes a despertarse con el brillo de las 8.000 botellas.

De hogar a proyecto comunitario

La casa está a unos 100 metros del mar y no se limita a ser el domicilio de sus creadoras. También se utiliza como taller, lugar para charlas y alojamiento de turismo de base comunitaria, una actividad que conecta el proyecto con las playas, los manglares y la vida cotidiana de Itamaracá.

En la práctica, los residuos han pasado a sostener una pequeña fuente de ingresos y una herramienta de educación ambiental. El proyecto ofrece talleres y conferencias, además de mostrar a los visitantes cómo un material descartado puede adquirir una segunda función sin ocultar el trabajo que hay detrás.

Para Gabrielly, el significado va más allá de la arquitectura. “Es una reivindicación por vivienda y ecología popular”, explicó durante las primeras etapas de la obra. Esa frase resume bien la Casa de Sal, porque el edificio habla a la vez de residuos, acceso a una vivienda digna y capacidad de decisión dentro de la comunidad.

Lo que conviene saber

La experiencia no debe interpretarse como un manual para levantar cualquier casa sin asesoramiento. El comportamiento del terreno, el viento, la humedad, la cubierta, las instalaciones y las normas locales siguen siendo esenciales. Reutilizar vidrio no elimina la necesidad de diseñar con seguridad.

Tampoco sustituye a la prevención de residuos ni a los sistemas de recogida y reciclaje. Su valor está en demostrar que un material problemático puede permanecer en uso durante años cuando existe una idea clara, una estructura adecuada y mantenimiento. No es magia. Es trabajo.

Las imágenes, los talleres y las actualizaciones de la vivienda se publican en el perfil oficial de Casa de Sal, gestionado por sus creadoras.

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