En una capa de carbón de Xinjiang, en el noroeste de China, no había grandes piezas doradas ni insectos atrapados. Lo que apareció fueron 241 partículas diminutas de ámbar, una resina vegetal fosilizada, que brillaban en azul bajo luz ultravioleta. El material tiene unos 385 millones de años.
El hallazgo adelanta en unos 65 millones de años el registro confirmado del ámbar y apunta a una conclusión aún más llamativa. Algunas plantas vasculares ya producían resinas químicamente complejas antes de que existieran las plantas con semillas, un grupo que incluye a las coníferas y las plantas con flores.
Una señal azul en el carbón
El equipo estudió cerca de 10 kilos de carbón de la Formación Hujiersite, una unidad geológica del Devónico medio. Las partículas estaban dispersas en grupos minúsculos y casi se confundían con la materia orgánica oscura. Al iluminarlas con una linterna ultravioleta, su fluorescencia azul permitió localizarlas y extraerlas a mano con agujas bajo un microscopio.
El trabajo fue encabezado por Cihang Luo y Bo Wang, del Instituto de Geología y Paleontología de Nankín de la Academia China de Ciencias. También participaron investigadores de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, el Instituto Senckenberg de Fráncfort y museos de historia natural de Nueva York y Londres.
Cómo supieron que era ámbar
El brillo, por sí solo, no bastaba. Otros componentes del carbón pueden parecer resina o emitir una fluorescencia similar, por lo que el equipo analizó cómo absorbían luz infrarroja las partículas y separó sus moléculas para identificar su composición. Ambas pruebas mostraron las señales químicas propias de una resina vegetal fosilizada.
«Nuestra primera reacción fue de entusiasmo, seguida inmediatamente de cautela», explicó Luo. Los fragmentos iban del amarillo claro al marrón oscuro, eran translúcidos u opacos y el mayor alcanzaba 1,5 milímetros. Solo después de las pruebas químicas, los investigadores los clasificaron como el ámbar más antiguo confirmado hasta ahora.
Un récord 65 millones más antiguo
El anterior récord ampliamente aceptado procedía de Estados Unidos y tenía unos 320 millones de años. Fue descrito en un estudio publicado en Science en 2009 y se relacionó con plantas con semillas del Carbonífero. El nuevo ámbar desplaza esa frontera hasta el Devónico medio.
Ese salto nos lleva a un planeta muy distinto. Los primeros dinosaurios aparecieron mucho después, hace alrededor de 245 millones de años, por lo que la resina china los precede en unos 140 millones de años. La edad no se obtuvo directamente de cada partícula, sino de la capa de carbón bien estudiada en la que estaban incrustadas.
La planta sigue siendo un misterio
La composición del ámbar se parece a la de resinas producidas por coníferas actuales y fósiles. Pero eso no significa que proceda de una conífera. Las plantas con semillas todavía no habían aparecido ni se habían diversificado cuando se formó el depósito de Hujiersite.
Los candidatos más probables son las progimnospermas, plantas sin semillas con rasgos leñosos cercanos a los antepasados de las plantas con semillas, y los licópsidos arborescentes, parientes antiguos de pequeños vegetales actuales que entonces podían alcanzar tamaño de árbol. Los fósiles de ambos grupos aparecen en la formación, aunque no se ha encontrado ninguna partícula unida a un tejido vegetal que permita identificar al productor.
Una defensa en los primeros bosques
Hoy, la resina ayuda a una planta a cerrar heridas y frenar la entrada de hongos, microbios o animales. En el Devónico, sin embargo, las pruebas de que los artrópodos comieran de forma habitual tejidos de plantas vasculares son escasas. Los autores consideran más probable que aquella resina ayudara frente a incendios, daños físicos y patógenos.
Otro estudio publicado en enero de 2026 ya había detectado películas de resina sobre cutículas de plantas del Devónico medio. Ese trabajo sugería que las primeras plantas terrestres usaban estas sustancias como una barrera contra la pérdida de agua y otros peligros ambientales. La nueva investigación va un paso más allá al aislar fragmentos y demostrar químicamente que son ámbar.
El descubrimiento también cambia dónde conviene buscar. Si las primeras resinas quedaron como motas microscópicas dentro del carbón, muchas podrían haber pasado inadvertidas durante décadas. En la práctica, combinar luz ultravioleta, microscopía y análisis químicos puede revelar un registro fósil que estaba ahí, pero era casi invisible.
El estudio principal se ha publicado en Science Advances.



