Estados Unidos quiere que la energía nuclear sea la base eléctrica de sus próximas misiones lunares. Un memorando de la Casa Blanca marca plazos para desplegar reactores en órbita a partir de 2028 y para tener un reactor listo para la superficie de la Luna en 2030.
La propuesta no es una “central” como las de la Tierra, pero tampoco es un detalle menor. En el polo sur lunar hay zonas en sombra casi permanente y noches que pueden durar más de 14 días terrestres, demasiado tiempo para mantener hábitats, calefacción y comunicaciones sin una fuente constante. ¿Cómo se hace una exploración “sostenible” cuando la energía depende de cargar un reactor en un cohete?
Qué se ha aprobado
El documento se conoce como NSTM-3, fechado el 14 de abril de 2026 y firmado por Michael J. Kratsios desde la Oficina de Política Científica y Tecnológica. Su objetivo es lanzar la “National Initiative for American Space Nuclear Power” y coordinar a la NASA, al “Department of War” (DOW) (el Pentágono) y al Departamento de Energía (DOE) en un plan común.
La frase más repetida es breve y contundente (“The United States will lead the world”), pero lo que cambia el tablero son las fechas. El texto habla de desplegar reactores en órbita “as early as 2028” y en la Luna “as early as 2030”, además de acelerar análisis de seguridad, evaluaciones ambientales y permisos de lanzamiento.
Por qué la Luna necesita “base” eléctrica
En la Tierra, si se nubla, lo normal es tirar de red o de baterías. En la Luna, sobre todo cerca de los polos, hay lugares donde el Sol apenas asoma y cráteres donde no entra luz, con noches larguísimas que pueden superar las dos semanas terrestres.
Por eso la fisión nuclear se vende como energía “de fondo”, la que no falla cuando no hay luz. La NASA recuerda que un sistema de fisión en superficie puede dar potencia continua independientemente de la luz solar y la temperatura, justo lo que necesita una base si pretende ser algo más que una visita corta.
De cuánta potencia estamos hablando
Aquí conviene poner números y bajar el ruido. La NASA explica que su proyecto de “fission surface power” trabaja en una “clase 40 kilovatios”, que sería suficiente para mantener de forma continuada a unas 30 viviendas durante diez años (como comparación de escala).
Aun así, dentro de la propia conversación estadounidense aparece otro umbral. Una nota de la NASA sobre interés industrial hablaba de sistemas de al menos 100 kilovatios eléctricos, y una directiva interna de 2025 recogía que la industria ve ese mínimo (100 kWe) como necesario para operaciones humanas a largo plazo, incluida la obtención de recursos in situ.
Qué reactor quieren construir
El memorando NSTM-3 pide a la NASA que, en 30 días, inicie un programa para desarrollar un reactor de potencia media con una variante de “Fission Surface Power” lista para lanzamiento en 2030 y con opción de demostración de propulsión eléctrica nuclear (NEP). La idea es trabajar con varios proveedores y reducir a no más de dos diseños en un año.
El texto también da pistas técnicas. Habla de reactores capaces de aportar al menos 20 kWe durante al menos tres años en órbita y al menos cinco años en la superficie lunar, con margen para escalar hasta al menos 100 kWe, y sugiere incluso un modelo de baja potencia (al menos 1 kWe) si recorta riesgo y costes.
Geopolítica y prisa
No todo es ciencia, y el documento no lo disimula. Una directiva de la NASA de 2025 advertía de anuncios repetidos de China y Rusia sobre colocar un reactor en la Luna hacia mediados de la década de 2030, y lanzaba una preocupación clara sobre posibles zonas de exclusión (“keep-out zone”) que dificulten el acceso de otros.
El propio NSTM-3 empuja a una competición paralela. Pide al DOW que impulse su programa y que contribuya con financiación disponible, mientras el DOE debe evaluar en 60 días si la industria puede producir hasta cuatro reactores espaciales en cinco años.
Riesgos ambientales y de seguridad
El primer punto crítico es el lanzamiento, porque no es lo mismo transportar paneles solares que transportar combustible nuclear. El memorando insiste en análisis de seguridad, evaluaciones ambientales y procesos de aprobación, y asigna al DOE apoyo en seguridad y suministro de combustible (incluido uranio si el mercado no llega).
En la Luna no hay ecosistemas como los de la Tierra, pero sí hay “reservas” naturales que importan. La NASA recuerda que los fondos de cráteres en sombra permanente pueden proteger depósitos antiguos de hielo y que en esos lugares se atrapan volátiles, justo lo que la exploración quiere estudiar y, en parte, aprovechar.
Y está el polvo lunar, que parece un detalle hasta que se mete en todo. La propia NASA describe que es fino y muy abrasivo, que puede dañar equipos y que incluso puede suponer un riesgo para la salud si se inhala, así que cualquier obra en superficie debe pensarse con cuidado.
Qué significa esto para la sostenibilidad
En la Tierra, cuando se habla de energía nuclear, casi siempre aparecen el CO2, los residuos y hasta la factura de la luz. En la Luna el CO2 no es el centro del debate, pero la seguridad y el “no dejar basura” sí, porque cualquier error se convierte en un problema a miles de kilómetros.
En ese contexto, la fisión compite con alternativas como grandes campos solares, baterías masivas, combustibles producidos in situ o incluso sistemas de transmisión de energía. Lo más realista es que acabe imponiéndose una mezcla, como pasa en muchas redes eléctricas terrestres.
Pero hay un matiz que conviene no perder. Cada decisión técnica que se tome ahora, desde el tipo de combustible hasta el plan de permisos y las evaluaciones ambientales, marcará un precedente para cuando la presencia humana en la Luna deje de ser temporal. Y entonces sí, lo que hoy parece un proyecto “de espacio” se convertirá en una discusión de gobernanza y responsabilidad ambiental a escala planetaria. No es poca cosa.El memorando oficial (NSTM-3) que lanza la “National Initiative for American Space Nuclear Power” se ha publicado en la web de la Casa Blanca.









