Científicos tienen la prueba de que hace 100 millones de años existieron pulpos de 18 metros y reescribe la historia que conocíamos hasta ahora

Imagen autor
Publicado el: 1 de mayo de 2026 a las 23:34
Síguenos
Recreación realista de un pulpo gigante del Cretácico nadando en el océano hace 100 millones de años.

Durante siglos, el kraken fue poco más que un monstruo de historias marineras, un tentáculo enorme capaz de arrastrar barcos al fondo. Ahora, un estudio científico sugiere que, en el Cretácico, sí existieron pulpos colosales capaces de rivalizar con los grandes depredadores de su época.

La clave no está en un fósil “perfecto” con brazos y ventosas, sino en 27 mandíbulas fosilizadas, los llamados “picos”, encontradas en rocas de Japón y de la isla de Vancouver (Canadá). Al analizar su forma y su desgaste, los investigadores estiman que una de estas especies pudo alcanzar entre 7 y 19 metros y comportarse como un depredador ápice. No es poca cosa.

El fósil que sí se conserva

Los pulpos tienen un problema cuando se trata de dejar huella en el registro fósil. Su cuerpo es blando y, salvo condiciones muy especiales, desaparece sin dejar rastro. Por eso, la pieza que más “cuenta” su historia suele ser el pico, una estructura dura hecha de quitina. 

En el nuevo trabajo, el equipo reunió 27 picos de pulpos del Cretácico tardío, con ejemplares procedentes de Japón y de la isla de Vancouver. Según explica la propia investigación, 15 ya se conocían y 12 se identificaron después en Japón al revisar rocas con técnicas digitales. 

Esa herramienta se conoce como “minería digital de fósiles” y se basa en escanear la roca en secciones y reconstruirla en 3D para encontrar restos ocultos. En la práctica, significa menos destrucción de muestra y más capacidad de descubrir fósiles pequeños que antes pasaban desapercibidos.

Dos pulpos gigantes con aletas

A partir de esos picos, los autores describen dos especies del género Nanaimoteuthis, Nanaimoteuthis jeletzkyi y Nanaimoteuthis haggarti. No serían pulpos “como los de la costa” que se esconden entre rocas, sino pulpos con aletas (del grupo de los cirrados), parecidos a especies actuales de aguas profundas que nadan ayudándose de esas aletas.

Las estimaciones de tamaño son lo que está llamando la atención. Nanaimoteuthis jeletzkyi habría vivido hace entre 100 y 72 millones de años y rondaría aproximadamente entre 2,8 y 7,7 metros, mientras que Nanaimoteuthis haggarti se movería de unos 6,6 a 18,6 metros (casi 19) y habría vivido hace entre 86 y 72 millones de años.

Conviene poner un matiz en grande. La “cinta métrica” aquí es indirecta, porque se extrapola el tamaño del cuerpo usando proporciones de cefalópodos actuales y la medida del pico. La propia Associated Press recuerda que, sin un cuerpo completo, el margen de duda es inevitable y la discusión seguirá abierta a medida que aparezcan más restos.

Un pico gastado a base de hueso y concha

El detalle más revelador no es solo el tamaño. Es el desgaste. Los picos grandes muestran arañazos, muescas y bordes redondeados, señales coherentes con una vida de triturar presas duras, no de alimentarse solo de cosas blandas.

En los ejemplares mayores, alrededor de un 10% de la longitud total del pico parece haberse perdido por desgaste acumulado. Iba subraya que es más severo que lo observado normalmente en pulpos y sepias actuales que comen presas duras, lo que encaja con una depredación repetida y muy contundente.

¿Y qué comían exactamente? Las pistas apuntan a peces grandes, bivalvos, otros animales con concha y, en general, presas con partes rígidas. Aun así, la ciencia aquí es prudente, porque sin contenidos estomacales fosilizados es difícil clavar el menú al detalle.

La cadena trófica del Cretácico no era solo de reptiles

Durante mucho tiempo, la imagen de los mares del Cretácico tenía un reparto claro. Arriba del todo, grandes vertebrados como los mosasaurios y plesiosaurios, además de tiburones de gran tamaño. Reuters recuerda que esos reptiles marinos podían rondar los 15 metros y que estos pulpos habrían compartido su “piso” ecológico con ellos.

El nuevo trabajo propone otra lectura. Yasuhiro Iba lo resume así al hablar de un “kraken del Cretácico” y al defender que “los invertebrados gigantes, es decir, los pulpos, también actuaban como depredadores ápice” en aquel mar. Si la interpretación es correcta, no eran solo presas abundantes, también eran cazadores dominantes.

Esto importa más de lo que parece, porque las redes tróficas no son decorado. Son el motor del ecosistema. Cambiar quién está arriba cambia lo que pasa abajo, y eso se nota.

¿Eran “diestros” o “zurdos”?

Entre las señales curiosas del estudio hay una que suena casi humana. Algunos picos muestran un desgaste asimétrico, como si el animal “tirara” más de un lado al procesar la comida. Los autores lo interpretan como un posible comportamiento lateralizado, algo parecido a tener preferencia por un lado.

Iba lo conecta con la idea de que los pulpos están entre los invertebrados más inteligentes y lo describe como una pista de “comportamiento avanzado y flexible”. Aun así, conviene no pasarse de frenada, porque hablamos de un indicio y no de una prueba directa de cognición.

Lo que falta por descubrir

En paleontología, un hallazgo potente casi siempre abre más preguntas de las que cierra. La propia Associated Press recuerda que, sin estómagos fosilizados, es complicado demostrar con total certeza qué comían o si competían cara a cara con los grandes reptiles marinos por el mismo tipo de presa.

Por eso, la siguiente fase es casi obligada. Buscar más picos en otros yacimientos y revisar colecciones con técnicas digitales podría aclarar si estos “krakens” fueron una rareza local o un actor habitual en varios océanos. Neil Landman lo resume en una frase (“Es un planeta viejo y grande”), así que queda mucho por mirar.

Mientras tanto, el mensaje principal es claro. La historia natural aún guarda sorpresas dentro de rocas que ya estaban en estanterías y cajones, esperando el método adecuado para hablar. Y cuando lo hacen, cambian el guion.

El estudio ha sido publicado en “Science”. Puede consultarse en Science.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

Deja un comentario