Construcción

El megaproyecto hídrico sin precedentes en América Latina: Brasil construye un río artificial de 145 km que transformará para siempre el acceso al agua en el noreste del país

Brasil culmina un río artificial de 145 km que cambiará el acceso al agua para millones de personas en el noreste del país.

El megaproyecto hídrico sin precedentes en América Latina: Brasil construye un río artificial de 145 km que transformará para siempre el acceso al agua en el noreste del país

En el noreste de Brasil, el agua no es una comodidad. En muchos municipios del sertón, la sequía marca las cosechas, los embalses y hasta la vida diaria, con familias pendientes de si llega o no llega agua suficiente. Por eso el avance del Cinturón de las Aguas de Ceará ha llamado tanto la atención.

La obra, descrita a menudo como un “río artificial”, ya alcanza el 92 % de ejecución y mantiene su previsión de cierre dentro de 2026, según la actualización oficial de la Secretaría de Recursos Hídricos de Ceará. Su objetivo es llevar agua del sistema del río São Francisco hacia zonas donde la escasez no es una noticia puntual, sino un problema repetido durante generaciones.

Una obra casi terminada

El Cinturón de las Aguas de Ceará suma 145,3 kilómetros de recorrido. La infraestructura combina canales a cielo abierto, túneles y sifones para mover el agua por un territorio donde la geografía y la falta de lluvias han puesto límites muy duros.

A finales de 2025, el Gobierno de Ceará informó un avance del 91 % y lo presentó como la mayor obra de transferencia hídrica estatal de Brasil. En marzo de 2026, la SRH actualizó el dato al 92 % después de liberar otros 15 kilómetros para recibir agua del São Francisco.

¿Qué significa esto en la práctica? Que el proyecto ya no está solo en los planos. Hay tramos construidos, pruebas en marcha y una red que empieza a comportarse como una gran arteria de agua.

De dónde sale el agua

La ruta comienza en la presa de Jati, conectada al Eje Norte del Proyecto de Integración del Río São Francisco, conocido como PISF. Desde allí, el sistema conduce el agua hasta las nacientes del río Cariús, en Nova Olinda, dentro del Alto Jaguaribe.

Aquí conviene hacer una traducción sencilla. El CAC no fabrica agua. Lo que hace es moverla por canales revestidos, sifones y túneles para repartir mejor los caudales disponibles. Es, en el fondo, una carretera hidráulica.

El PISF es todavía mayor. El Ministerio de Integración y Desarrollo Regional de Brasil lo define como la mayor obra de infraestructura hídrica del país, con 477 kilómetros divididos entre los ejes Norte y Este, y capacidad para garantizar agua a unos 12 millones de personas en 390 municipios.

Por qué Ceará lo necesita

Ceará convive con un territorio muy desigual desde el punto de vista hídrico. Hay zonas que dependen de embalses, acuíferos y sistemas aductores, pero las lluvias no siempre llegan cuando hacen falta. Y cuando falla el agua, falla casi todo.

La propia SRH señala que el Cariri es la segunda región en densidad demográfica e importancia económica del estado. También advierte de que el acuífero Missão Velha, uno de sus manantiales clave, muestra señales de haber llegado al límite de explotación.

El proyecto busca reforzar el Cariri y el Alto Jaguaribe, pero también puede integrarse con otros sistemas. El Gobierno de Ceará habla de 24 municipios en el área de influencia directa, cerca de 561000 personas, y de una posible ayuda al abastecimiento de la Región Metropolitana de Fortaleza.

No es una varita mágica

Llamarlo “río artificial” ayuda a imaginar la escala, pero también puede confundir. Una obra así no elimina por sí sola las sequías, ni sustituye el ahorro de agua, el saneamiento, el control de fugas y la protección de las cuencas. El reloj climático corre más deprisa que muchas políticas.

Los grandes trasvases suelen despertar esperanza, pero también debates. Un estudio publicado en Water Alternatives sobre la transferencia del São Francisco recuerda que el proyecto nació entre dinámicas sociales, políticas y económicas complejas, y que ha sido uno de los grandes conflictos socioambientales de Brasil.

Esto no significa que el CAC sea inútil. Significa que su éxito dependerá de algo más que el hormigón. Hará falta operación técnica, reglas claras y una gestión que priorice el consumo humano cuando lleguen años secos.

El reto de repartir bien

El Gobierno de Ceará afirma que, cuando esté concluido, el sistema priorizará el abastecimiento humano. Después atenderá industria, turismo, animales y agricultura irrigada. Es una jerarquía importante, porque en los periodos de escasez todos los usos compiten.

Fernando Santana, entonces secretario de Recursos Hídricos, destacó en diciembre que la obra había superado la previsión inicial de avance. “La expectativa era cerrar el año con 85 % de ejecución, pero ya alcanzamos el 91 % antes del fin de año”, afirmó durante la visita al lote 03 en Barbalha.

Aun así, el dato más reciente disponible de la SRH coloca la ejecución en el 92 %. En infraestructuras de este tamaño, cada tramo liberado supone más pruebas, más conexiones y menos distancia hasta la operación completa.

Millones pendientes del canal

En junio de 2026, la SRH presentó el CAC en la Universidad Federal de Ceará como el mayor eje de integración hídrica estadual de Brasil. También señaló que, una vez concluido, el sistema tendrá potencial para beneficiar a unos 6 millones de habitantes.

La promesa es enorme. Más estabilidad en años secos, más capacidad para llevar agua donde antes era más difícil y una red mejor conectada. Pero tendrá que demostrarlo funcionando, día tras día.

Lo que viene ahora

La fase final no consiste solo en acabar cemento y tuberías. Después llega una parte menos vistosa, pero igual de decisiva, que es operar, mantener y vigilar el sistema. El Gobierno de Ceará ya señaló que la Cogerh será responsable de esa operación y del seguimiento del volumen de agua bruta entregado cada mes.

En la práctica, el “río artificial” de Ceará será útil si funciona como una red pública bien gestionada. Si llega a quien más lo necesita, si no dispara conflictos por el uso del agua y si se combina con medidas menos espectaculares, pero igual de necesarias. Ahorrar, reutilizar, reducir pérdidas y cuidar las fuentes. Suena básico. Y lo es.

La obra no cambia la realidad climática del sertón brasileño. Pero sí puede cambiar la manera en que muchas ciudades afrontan la próxima sequía. En una región donde el agua siempre ha sido frontera, que esa frontera se mueva unos kilómetros puede ser una noticia enorme.

La nota oficial más reciente sobre la liberación de nuevos tramos del Cinturón de las Aguas de Ceará ha sido publicada por la Secretaría de Recursos Hídricos de Ceará.

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