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La psicología sugiere que las personas a las que no le gustan los abrazos no son antipáticas, en realidad tienen más sensibilidad a los estímulos físicos

La psicología explica por qué algunas personas evitan los abrazos: una mayor sensibilidad al tacto puede estar detrás de este rechazo.

La psicología sugiere que las personas a las que no le gustan los abrazos no son antipáticas, en realidad tienen más sensibilidad a los estímulos físicos

Hay personas que, cuando alguien abre los brazos para dar un abrazo, dan un paso atrás, un gesto que a primera vista puede parecer de cierta frialdad. Sin embargo, un estudio sobre el tacto social indica que los abrazos inesperados pueden resultar demasiado intensos, invasivos o imprevisibles para las personas que tienen este tipo de reacción.

Evitar este abrazo no significa que haya falta de cariño hacia la otra persona, puede deberse a la sensibilidad sensorial, experiencias pasadas, el contexto o pueden ser simples límites personales de cada uno.

Cuando el tacto abruma

La hipersensibilidad táctil es más común de lo que muchos podrían pensar, incluso para quienes la sufren. La sufren quienes responden de manera muy intensa a la información que reciben a través de la propia piel. Una simple caricia, una mano puesta en el hombro o un abrazo inesperado puede ser incómodo, aunque venga de alguien que queremos o de alguien con quien tengamos mucha confianza.

En 2022 se publicaron los resultados de un estudio realizado en Japón en el que participaron 600 adultos. Se detectó aversión al tacto, y esta aumentaba junto con la hipersensibilidad sensorial y determinados rasgos autistas. Fue una asociación, pero insuficiente para demostrar que una cosa provocara la otra.

Pero tampoco significa que una persona que rechace los abrazos sea autista.

La sensibilidad importa, pero no lo explica todo

Un nuevo estudio realizado en 2026 por la Universidad de Utrecht con 509 personas analizó la relación existente entre rasgos autistas, experiencias de contacto social y sensibilidad sensorial.

Los resultados explicaban parte de las diferencias en la comodidad o el gusto por el contacto físico derivados de la sensibilidad táctil.

Y otro estudio de 2025 concluyó que a las personas autistas no les gustaba el contacto social, pero sí mostraban una satisfacción similar si venía de alguien cercano.

No es una medida del cariño

Influye mucho quién te dé el abrazo, no es lo mismo una pareja, un hijo o una persona de confianza, las reacciones pueden ser completamente diferentes, y más si es de un desconocido o de un compañero de trabajo, sea cual sea el grado de relación.

Influyen las experiencias, la infancia, pero los estudios no determinan una regla sencilla para determinar cada una de las causas. El haber tenido más o menos contacto desde pequeño no es un factor determinante para reaccionar de una u otra manera en la edad adulta.

Preguntar puede cambiarlo todo

También influye si el abrazo es espontáneo o esperable, así lo evidencia una investigación con 1.368 participantes, donde también se pudo probar que las zonas del cuerpo donde las personas aceptaban el contacto aumentaban cuando el vínculo emocional con la otra persona se fortalecía.

Así que cuando veas a alguien que da un paso atrás cuando le van a dar un abrazo, puede ser algo más que un signo de frialdad, quizá esa persona, solo muestra que está incómoda con la situación.

El estudio principal se ha publicado en Research in Neurodiversity.

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