El Ayuntamiento de San Antonio, en Texas, ha financiado desde 2016 más de 2000 tejados reflectantes en viviendas de familias con pocos ingresos, con más de 26 millones de dólares invertidos hasta junio de 2025. Dos informes de la Universidad de Texas en San Antonio (UTSA) midieron el efecto en las primeras casas: áticos hasta 5,6 °C más frescos en las tardes de verano y un consumo eléctrico por superficie un 6,7 % más bajo de media en 62 viviendas.
El programa municipal se llama Under 1 Roof y cambia tejados oscuros por tejados reflectantes; una de sus primeras obras se hizo el 15 de junio de 2016 en la calle West Hermine.
Una lámina reflectante bajo tejas blancas
Los tejados de alta reflectancia solar, o tejados fríos, son cubiertas pensadas para devolver a la atmósfera más energía del sol y absorber menos calor que las convencionales, según la definición del informe de 2018 de la UTSA. Es la misma física que entra en juego al elegir el color de un toldo para reducir el calor en casa.
Todas las casas evaluadas llevan tejas Shasta White de Owens Corning sobre una lámina inferior reflectante Solarhide.

Áticos 5,6 °C más frescos en las tardes de verano
El equipo de Hazem Rashed-Ali, entonces profesor asociado de la UTSA, colocó registradores de temperatura en los áticos de 24 casas del Distrito 1, el hueco entre el techo de las habitaciones y el tejado, y comparó su temperatura con la del aire exterior medida en el aeropuerto internacional de San Antonio.
En las once casas que estrenaron tejado en agosto de 2016, esa diferencia bajó de media 3,5 °C entre las 8 y las 18 horas, y 5,6 °C en las horas más calurosas de la tarde. Antes del cambio, las máximas del ático llegaban a superar a las de fuera en 17 a 19 °C en algunos casos, y después esa diferencia se quedó casi siempre en unos 6 a 8 °C.
En invierno, el cambio fue de solo 0,4 °C durante el día. Otras 15 casas, con tejado nuevo en abril y mayo de 2018, quedaron en medio: 2 °C menos durante el día y 3,3 °C menos entre las 14 y las 19 horas. La bajada se mide en el ático, y el salón y los dormitorios no se enfrían lo mismo.
Lo que dicen las facturas de la luz
Con permiso de los dueños, la UTSA consiguió de la compañía CPS Energy un año de facturas antes del cambio y otro después, y las ajustó al tiempo de cada año con una herramienta de la EPA. La medida fue el consumo anual dividido por la superficie de la casa, que no dice cuánto ahorra cada familia, porque eso depende de la tarifa y de cuánto se usan el aire acondicionado o el ventilador.
En las 28 casas de la primera fase con datos completos, el consumo por superficie bajó un 5,1 %. Sin cuatro casas cuya vida había cambiado, por ejemplo porque se habían instalado familiares, la rebaja media en las 24 restantes fue del 7,3 %: un 12,5 % en las casas con aire acondicionado central y un 3,9 % en las que no lo tenían.
La segunda fase, de enero de 2018 a julio de 2019, sumó las facturas de 45 viviendas. Los autores dejaron fuera tres en las que los dueños habían añadido aislamiento o burletes, porque era imposible aislar el efecto del tejado, y otras cuatro en las que el consumo subió por cambios en los ocupantes o en sus aparatos. En las 38 restantes, la bajada fue del 6,2 %.
Juntando las dos fases salen 73 viviendas, con 11 apartadas por anomalías. En las 62 que quedan, el consumo por superficie cayó un 6,7 % de media: un 9,7 % con aire acondicionado central y un 3,8 % sin él.
Casas antiguas, pequeñas y con poco aire acondicionado
Las casas de la segunda fase se construyeron entre 1910 y 2007, medían entre 67 y 150 m² y muchas se refrescaban con aparatos de ventana. Los autores describen familias que usan poco la refrigeración por falta de dinero y para las que las facturas se llevan una parte relativamente grande de la renta.
Douglas Melnick, director de Sostenibilidad del Ayuntamiento, presentó el balance del programa en junio de 2025 ante el Cool Roof Rating Council. Al principio, según la lista de problemas de 2018, muchos vecinos no creían que el programa les fuera a dar un tejado frío gratis ni que fueran a notarlo en la factura.
Cómo funciona hoy la ayuda
Hoy, la ayuda es un préstamo al 0 % de hasta 19.000 dólares que se perdona poco a poco, según la web del Ayuntamiento de San Antonio. Pueden pedirlo quienes viven en una isla de calor urbana o ganan hasta el 80 % de la renta mediana de la zona.
Una isla de calor urbana es un barrio donde el asfalto y los tejados acumulan más calor que el entorno. El dueño tiene que vivir en la casa cinco años más, y si la vende, la alquila o se muda antes, devuelve lo que quede del préstamo con intereses. No es un programa para cambiar tejados de urgencia: el papeleo puede durar unos tres meses y la obra suele llevar una semana.
Lo que los informes no pueden prometer
Las medias esconden mucha variación: 24 de las 62 casas, casi cuatro de cada diez, gastaron más electricidad tras el cambio. «Los resultados de cada casa pueden variar, y varían, a veces de forma considerable», advierten los autores. Las cifras recogen el efecto de tejas y lámina juntas y solo cuentan la electricidad, sin el gas, y en la segunda fase faltaban uno o dos meses de facturas en 44 de las 45 casas, que se rellenaron con el consumo del año anterior.
Tampoco sirve igual en cualquier clima. La EPA advierte de que en climas fríos estos tejados pueden subir el gasto de calefacción en invierno, aunque suele compensarse con el ahorro del verano, y recomienda sumarles aislamiento y sellado de rendijas, el punto débil de muchos bloques de pisos españoles con más de 20 años.
Hay otras formas de frenar el calor que entra por arriba, como el tejado con un material que se funde que enfrió 12,2 °C un desván en Oak Ridge.
El informe completo de la primera fase, de junio de 2018, se ha publicado en la web de la Universidad de Texas en San Antonio, y el balance de 2025, en la presentación del Ayuntamiento.
Foto: Ayuntamiento de San Antonio













