El tigre de Tasmania, extinguido en 1936, fue perseguido por su fama de matar ovejas, y su cráneo apunta a una forma de morder que no comparte ningún mamífero carnívoro vivo

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Publicado el 1 de noviembre de 2026 a las 07:40
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Reconstrucción en 3D del cráneo del tigre de Tasmania con la mandíbula abierta sobre fondo granate

El tigre de Tasmania fue perseguido en Australia por su fama de matar ovejas hasta que desapareció en 1936. Ahora un estudio de su cráneo apunta a un cazador de presas pequeñas o medianas. Lo firman investigadores de la Universidad Flinders y de la Universidad de Melbourne.

Según el trabajo, publicado el 31 de agosto de 2026 en Nature Communications, el tilacino mordía con golpes rápidos. Su cabeza no estaba hecha para sujetar a un animal grande que forcejea, y reúne rasgos que no aparecen juntos en ningún mamífero carnívoro vivo.

Cabeza de lobo en 17 kilos

El equipo midió en tres dimensiones 225 cráneos de 60 especies de mamíferos, sobre todo carnívoros, vivos y extintos, repartidas en 14 familias. En cada uno marcó 381 puntos de referencia. Después comparó la forma completa y también zonas concretas, como el hocico o la caja craneal.

El tilacino pesaba unos 17 kilos, pero tenía un cráneo propio de animales de 24,5 a 66,7 kilos. Es el tamaño del de un lobo gris, un puma o un leopardo. Por su forma, en cambio, se parece más al de chacales y zorros de 6 a 14 kilos.

Douglass Rovinsky, coautor e investigador de la Universidad Monash y del Museo Australiano, lo explica en la nota de la Universidad Flinders. El cráneo era «más o menos igual de grande que el de un lobo gris». El hocico, sin embargo, era «largo y delgado, casi delicado».

Hocico de zorro, golpe rápido

De esa mezcla sale la hipótesis del estudio. Una mandíbula larga cierra más deprisa en la punta. Un cráneo muy grande, a su vez, aguanta mejor el impacto de cada golpe.

«Cuanto más larga es una mandíbula, más rápido se mueve su punta cuando el animal muerde», explica Vera Weisbecker. Es profesora de la Facultad de Ciencia e Ingeniería de Flinders y dirige el trabajo. A su juicio, el enorme cráneo permitía al tilacino resistir esas fuerzas.

Vera Weisbecker sostiene una réplica del cráneo de tilacino junto a cráneos de zorro, lobo y cocodrilo en su laboratorio
Vera Weisbecker sostiene una réplica del cráneo de tilacino junto a cráneos de zorro y lobo y la mandíbula superior de un cocodrilo (Foto: Universidad Flinders)

Otros detalles encajan con esa idea. El hocico era alto y se ensanchaba a la altura de los colmillos, más robustos que los de un lobo gris. La cara, en cambio, resistía mal las torsiones que provoca una presa grande al tirar para escapar.

La universidad pone como ejemplo de presa a los bandicuts, marsupiales del tamaño de un conejo. Es un caso que encaja con la anatomía, no una dieta medida en los cráneos.

Mandíbulas de cocodrilo como referencia

Fuera de los mamíferos, esa combinación de cabeza grande y punta ensanchada es frecuente. Según Weisbecker, la tienen muchos cocodrilos y peces depredadores. Los usan para atrapar presas ágiles con chasquidos rápidos.

En el artículo, los autores citan también a Spinosaurus y a un grupo de pterosaurios. Ninguno vivía como el tilacino, un cazador terrestre sin dientes para comer peces. Aun así, sus cráneos ayudan a entender cómo funciona una mordida rápida.

Vídeo del laboratorio de Vera Weisbecker sobre el gran cráneo del tilacino y su mordisco rápido de alto impacto. Vídeo: Vera Weisbecker

Pariente del canguro, no del perro

Su nombre científico, Thylacinus cynocephalus, significa «cabeza de perro». Durante décadas fue el ejemplo clásico de convergencia evolutiva, cuando linajes lejanos acaban pareciéndose. Pero tilacinos y cánidos llevan unos 160 millones de años separados, y el tilacino estaba más emparentado con los canguros.

Andrew Pask y Axel Newton, de la Facultad de Biociencias de Melbourne, ya habían hallado regiones del ADN parecidas en el tilacino y el lobo. Esas regiones regulan genes ligados a la formación del cráneo. Según los autores, ese parecido genético podría explicar que ciertas partes del cráneo de ambos crezcan de forma similar, aunque de adultos sean muy distintas.

Con el tilacino terminó un linaje de marsupiales carnívoros de más de 30 millones de años. No le quedan parientes cercanos vivos con los que compararlo. Solo sus restos permiten reconstruirlo, como ocurre con los fósiles de la especie de koala de hace 28.000 años hallada en Australia.

Más de 2180 recompensas por tilacinos

Según el Museo Nacional de Australia, el Gobierno de Tasmania pagaba desde 1888 una libra por cada tilacino adulto muerto. Por cada cría daba diez chelines. El programa duró hasta 1909 y entregó más de 2180 recompensas.

El museo calcula que la caza mató al menos a 3500 tilacinos entre 1830 y la década de 1920. También señala que los perros asilvestrados y la mala gestión de las granjas causaron la mayoría de las pérdidas de ganado.

«Los tilacinos fueron cazados por mitos que los presentaban como feroces depredadores del ganado, cuando había pocas pruebas de ello», afirma Weisbecker. El último ejemplar conocido murió en el zoo de Beaumaris, en Hobart, el 7 de septiembre de 1936. La especie llevaba apenas 59 días protegida.

La investigadora pide aplicar la lección a las especies que siguen vivas, en un país que encabeza las extinciones de mamíferos. Hay casos que llegaron a tiempo, como el del zorro isleño de San Miguel, que pasó de 15 ejemplares a 322.

Nadie vio cazar a un tilacino

El estudio deduce el comportamiento a partir de la forma de los huesos y de la biomecánica. Lo que se sabe del tilacino en libertad procede de observaciones antiguas y anecdóticas. El estudio no mide la velocidad ni la fuerza reales de su mordisco.

Los autores advierten de que algunas distancias entre especies quizá no sean estadísticamente significativas. Tampoco hay disecciones de tilacinos que muestren qué nervios pasaban por ciertos orificios del cráneo. Esa parte se apoya en lo que se sabe de otros mamíferos.

Por eso el trabajo no demuestra que el tilacino nunca matara una oveja. Lo que pone en duda es que estuviera especializado en presas grandes y que su parecido con el lobo bastara para suponerlo. El estudio completo se ha publicado en Nature Communications.

Imagen: V. Weisbecker / Ozboneviz / Universidad Flinders

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