Un científico se deja picar por mosquitos a propósito y descubre un extraño efecto en los repelentes que usamos cada verano: llevan un compuesto que hace que más del 60% de los mosquitos quieran picarte con más ganas

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Por HoyECO
Publicado el: 14 de junio de 2026 a las 09:38
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Mosquito Aedes aegypti alimentándose de sangre sobre piel humana durante un estudio sobre el repelente DEET.

Ponerse repelente antes de salir al jardín, pasear al atardecer o dormir con la ventana abierta parece un gesto sencillo. Pero un nuevo estudio acaba de añadir una pieza inesperada al rompecabezas. Algunos mosquitos pueden aprender a relacionar el olor del DEET, uno de los repelentes más utilizados del mundo, con una comida de sangre.

La conclusión no es que haya que dejar de usar repelentes. Justo lo contrario. Los investigadores insisten en que el DEET sigue siendo una herramienta importante para evitar picaduras y reducir el riesgo de enfermedades transmitidas por mosquitos. La novedad está en otra parte. Estos insectos no responden siempre como pequeñas máquinas programadas. También pueden aprender.

Qué ha descubierto el estudio

El trabajo se centró en el mosquito Aedes aegypti, conocido por su papel en la transmisión de enfermedades como el dengue, el zika, la chikungunya o la fiebre amarilla. No es un detalle menor, porque hablamos de un insecto muy vigilado por la salud pública en muchas zonas cálidas del planeta.

Los científicos querían saber si la respuesta natural de los mosquitos al DEET podía cambiar con la experiencia. En condiciones normales, el olor del repelente les resulta desagradable o, al menos, les empuja a alejarse. Pero el estudio muestra que esa reacción puede girar hacia la atracción si el mosquito aprende que ese olor aparece junto a comida.

En palabras sencillas, el DEET puede pasar de significar «aléjate» a significar «aquí hay sangre». No siempre, no en cualquier situación y no necesariamente en plena calle. Pero en el laboratorio ocurrió. Y eso ya es llamativo.

El experimento del olor

Los investigadores usaron hembras de Aedes aegypti, porque son las que buscan sangre para desarrollar sus huevos. Les ofrecieron bolsas de sangre caliente y, durante parte de la alimentación, introdujeron el olor del DEET. La idea recuerda al famoso experimento de Pavlov, pero cambiado de escenario.

Después de varias tandas, llegó la prueba importante. Cuando los mosquitos entrenados olieron DEET sin tener comida delante, más del 60 % intentó picar. Es decir, habían aprendido a asociar ese olor con una recompensa. No es poca cosa.

Luego llegó una escena aún más cercana a la vida real. Una de las investigadoras, Ayelén Nally, presentó una mano tratada con DEET y otra sin tratar, siempre protegida para evitar contacto directo. Los mosquitos entrenados se dirigieron con más frecuencia a la mano con olor a repelente, mientras que los no entrenados tendieron a evitarla.

Por qué no hay que tirar el repelente

Aquí conviene frenar antes de sacar conclusiones precipitadas. El estudio se hizo en condiciones muy concretas de laboratorio. No demuestra que todos los mosquitos del campo, de una terraza o de una habitación vayan a sentirse atraídos por el DEET.

Claudio Lazzari, investigador de la Universidad de Tours y autor principal del trabajo, subrayó que los resultados son a corto plazo y que la gente debe seguir usando repelentes según las instrucciones del producto. También recordó que el DEET sigue siendo «el estándar de oro» de los repelentes y que puede salvar vidas en zonas con enfermedades transmitidas por mosquitos.

La explicación más práctica es bastante cotidiana. Si una persona se aplica repelente y pasan muchas horas, puede quedar olor suficiente para que el mosquito lo detecte, pero no bastante cantidad para impedir la picadura. Ahí estaría el punto débil. Por eso leer la etiqueta y reaplicar cuando toca no es un consejo menor.

Lo que cambia para este verano

La investigación llega en un momento delicado para España. ADEPAP ha advertido de que la combinación de una primavera lluviosa y la llegada temprana del calor ha creado un escenario favorable para la proliferación de mosquitos y otras plagas. También señaló que el agua acumulada en recipientes y zonas naturales, junto con temperaturas superiores a 25 ºC ya en abril, puede disparar su presencia.

Eso no significa que el mosquito estudiado sea exactamente el que más preocupa en nuestras ciudades. En España el foco está sobre todo en el mosquito tigre (Aedes albopictus) y en otras especies como el mosquito común. El Aedes aegypti está establecido en algunas zonas de la UE y territorios ultraperiféricos, pero no es el protagonista habitual en la península.

Aun así, el mensaje de fondo sí importa. Los mosquitos son más flexibles de lo que parecía. Aprenden, se adaptan y aprovechan pequeñas oportunidades. Y eso obliga a mejorar las estrategias de prevención, desde los repelentes hasta el control del agua estancada.

Cómo protegerse mejor

La primera medida sigue siendo usar repelentes registrados y hacerlo bien. Los CDC recuerdan que los productos con ingredientes como DEET, picaridina, IR3535, aceite de eucalipto limón, PMD o 2-undecanona pueden ofrecer protección cuando se aplican siguiendo las indicaciones. También recomiendan aplicar primero el protector solar y después el repelente.

La EPA añade otra idea clave. Los repelentes son solo una parte de una estrategia más amplia. También ayudan las mosquiteras, la ropa clara de manga larga, evitar zonas con muchos mosquitos y eliminar focos de cría, como cubos, platos de macetas, juguetes, canalones o pequeños recipientes con agua.

En la práctica, esto significa revisar la terraza después de una tormenta, vaciar el agua acumulada y no confiar en remedios caseros sin eficacia demostrada. Puede parecer poca cosa, pero para un mosquito tigre un tapón con agua ya puede ser suficiente. Y ahí empieza el problema.

Lo que falta por saber

El estudio abre una pregunta importante. ¿Pasa lo mismo fuera del laboratorio, con mosquitos silvestres, personas en movimiento, sudor, calor, ropa y otros olores mezclados? Por ahora, los autores no lo han demostrado. Y ese matiz es fundamental.

También falta saber cuánto dura ese aprendizaje, qué concentraciones de DEET favorecen más la asociación y si otras especies se comportan igual. El propio trabajo apunta a una idea clara. Comprender mejor cómo aprenden los mosquitos puede ayudar a diseñar repelentes más eficaces.

Por ahora, la recomendación es sencilla. No abandonar el repelente, sino usarlo mejor. En un verano con más calor, lluvias recientes y más mosquitos en muchas zonas, esa diferencia se nota. El estudio completo ha sido publicado en Journal of Experimental Biology.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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