¿Cómo se llega a 84,1 grados bajo cero sin salir de la Tierra? La estación Concordia, en el interior de la Antártida Oriental, alcanzó esa cifra el 18 de julio de 2026 en dos lecturas separadas por solo nueve minutos. La medición se ha difundido como la temperatura del aire más baja del planeta desde 2012, pero no supone un nuevo récord mundial.
El dato se quedó a seis décimas del mínimo de Concordia, que fue de 84,7 grados bajo cero el 13 de agosto de 2010. El récord oficial de la Tierra sigue en manos de la estación Vostok, donde se midieron 89,2 grados bajo cero el 21 de julio de 1983. Por tanto, la nueva lectura es excepcional, pero no histórica a escala mundial.
Un mínimo excepcional
Los datos brutos del Instituto Polar Francés Paul-Émile Victor situaron el mínimo a las seis y veinticinco y a las seis y treinta y cuatro, hora local. Concordia está gestionada conjuntamente por Francia y el Programa Nacional de Investigaciones en la Antártida de Italia, conocido como PNRA, y funciona de manera permanente desde 2005.
La misión de invierno de 2026 está dirigida por Gabriele Carugati, glaciólogo de la Universidad de Insubria. «Incluso aquí, donde se espera un frío extremo, bajar de 84 grados bajo cero es algo notable», explicó el responsable de la estación. La lectura muestra hasta dónde puede caer el termómetro cuando coinciden varias condiciones muy concretas.
Por qué baja tanto
Concordia se encuentra en Dome C, a unos 3.230 metros de altitud y a más de 1.000 kilómetros de la costa. En pleno invierno austral, el sol no aparece durante meses y la atmósfera es muy seca y estable. Hay muy poca energía disponible para calentar la superficie.
Las nubes y el vapor de agua actúan un poco como una manta, porque devuelven parte del calor hacia el suelo. Cuando el cielo está despejado y el aire contiene poquísima humedad, ese calor escapa con más facilidad al espacio. Además, la escasa mezcla del aire permite que una capa muy fría permanezca pegada al hielo.
Frío y calentamiento global
Una noche extrema en Concordia no invalida el calentamiento global. El tiempo describe lo que ocurre en un lugar y un momento concretos, mientras que el clima se estudia mediante tendencias amplias y series de muchos años. Son escalas distintas.
La Organización Meteorológica Mundial señala que los extremos fríos han disminuido en frecuencia e intensidad a escala global desde 1950, aunque siguen produciéndose episodios regionales. La propia estación ofrece un contraste llamativo, ya que su máximo registrado fue de 11,5 grados bajo cero el 18 de marzo de 2022. La Antártida puede oscilar mucho sin dejar de formar parte de un planeta que se calienta.
Astronautas de hielo
La actual campaña invernal reúne a 12 personas, cinco italianas, seis francesas y una investigadora vinculada a la Agencia Espacial Europea. El grupo permanecerá aislado durante nueve meses, con tres meses de oscuridad total, mientras mantiene la base y desarrolla investigaciones atmosféricas, climáticas y biomédicas.
Cuando llega el invierno, el frío impide que los aviones aterricen y la estación habitada más cercana, Vostok, está a unos 600 kilómetros. Por eso Concordia sirve como laboratorio para estudiar el sueño, el estado de ánimo, la capacidad de concentración y la convivencia durante misiones largas. De ahí el apodo de «astronautas de hielo».
Medir el frío correctamente
Los satélites han detectado superficies de nieve cercanas a 98 grados bajo cero en pequeñas depresiones de la meseta antártica. Esa cifra no sustituye al récord de Vostok, porque un satélite mide la temperatura de la superficie del hielo y una estación meteorológica mide el aire con instrumentos normalizados. Compararlas como si fueran lo mismo sería mezclar dos termómetros distintos.
Estas observaciones ayudan a comprobar sensores, mejorar las previsiones y afinar los modelos que representan la atmósfera. También permiten seguir cambios lentos en un lugar especialmente sensible y con muy pocos puntos de medida. En la práctica, cada lectura añade una pieza a un puzle enorme.
El conjunto meteorológico de Concordia está dirigido por Paolo Grigioni y pertenece al PNRA y al IPEV, con una serie pública iniciada en 2005.
La serie meteorológica oficial de la estación se publica en el Observatorio Meteoclimático Antártico.
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