Una estudiante china desafía la ciencia con un material que absorbe el agua de lluvia y evita las inundaciones utilizando cosas que todos tiramos a la basura

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Publicado el: 23 de mayo de 2026 a las 22:03
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Muestras de hormigón poroso creado con materiales reciclados para absorber agua de lluvia y evitar inundaciones

En una tormenta fuerte, una entrada de garaje inundada puede convertirse en una pequeña corriente que acaba en mitad de la calle. Eso fue lo que vio Luca Durham, estudiante de secundaria de Miami, y de ahí salió una pregunta muy simple. ¿Y si el hormigón no empujara el agua, sino que la absorbiera?

La idea le llevó a crear una mezcla casera de hormigón poroso con tierra de diatomeas, grava y materiales que normalmente acaban como residuo. Su proyecto ganó el Premio Lemelson Early Inventor en la Feria de Ciencia e Ingeniería del Sur de Florida, según Society for Science. No es una solución lista para llenar las ciudades mañana, pero sí una pista interesante para un problema que ya conocemos demasiado bien cada vez que llueve fuerte.

Una inundación en casa

La escena que encendió el proyecto fue bastante cotidiana. Una lluvia intensa, una entrada de vehículos que no daba abasto y agua saliendo hacia la calzada. Para muchos sería una molestia más. Para Luca, fue una pregunta de ingeniería.

El punto de partida era el hormigón poroso, un material pensado para dejar pasar el agua. El problema es que algunas versiones pueden perder resistencia o atascarse con suciedad. Y ahí estaba la clave. Hacerlo más útil sin perder la idea principal.

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos explica que los pavimentos permeables pueden reducir la escorrentía porque dejan que la lluvia pase hacia capas de suelo y grava. También pueden ayudar a filtrar contaminantes que acabarían en el agua. En la práctica, eso significa menos agua corriendo por la calle y menos presión sobre los desagües.

Una alfombrilla lo cambió todo

La inspiración más curiosa no llegó de un laboratorio, sino del baño de su casa. Luca se fijó en que su alfombrilla de piedra absorbía muy rápido el agua después de la ducha. La describió como algo parecido a «como una esponja».

Al investigar, descubrió que estaba hecha con tierra de diatomeas. Este material procede de algas diminutas fosilizadas y es conocido por su capacidad para absorber agua. La pregunta siguiente salió casi sola. ¿Podía añadirse al hormigón para que una acera drenara mejor?

No era una ocurrencia al azar. Luca buscaba aditivos que ayudaran a mover el agua sin romper la resistencia del material. Además, quería usar elementos sostenibles o cosas que la gente suele tirar. No es poca cosa.

La mezcla ganadora

El estudiante probó con conchas de ostras trituradas, conchas marinas, carbón vegetal, grava y tierra de diatomeas. Cada material tenía una función posible. Las conchas podían crear huecos pequeños, el carbón vegetal aportaba porosidad y la grava ya se usa en mezclas de hormigón poroso para favorecer el drenaje.

Después vinieron las pruebas. Luca midió drenaje, absorción y resistencia en distintas combinaciones. Su hipótesis inicial era que una mezcla con un 30 % de tierra de diatomeas y un 70 % de cemento con conchas tendría el mejor comportamiento.

Los resultados cambiaron el plan. La mezcla que mejor funcionó fue la de 30 % de tierra de diatomeas y 70 % de cemento con grava. En otras palabras, la idea de la alfombrilla sí aportaba, pero necesitaba un compañero más sólido para que el material no se quedara solo en una curiosidad.

Ensayo y error

Los experimentos no salieron perfectos desde el primer día. Algunas pruebas fallaron porque las proporciones entre cemento y aditivos no eran las adecuadas. También era complicado lograr que todos los trozos de concha y carbón tuvieran un tamaño parecido.

Ese detalle parece menor, pero no lo es. En un material de construcción, las piezas desiguales pueden cambiar la resistencia y el paso del agua. Un poco más grande, un poco más pequeño, y el resultado ya no se comporta igual.

Aun así, el proceso sirvió para aprender. Luca resumió una parte de esa experiencia con una frase sencilla, «Me encantó ver la ciencia en acción». Es una buena forma de explicar lo que ocurre muchas veces en la innovación real.

Qué puede aportar a las ciudades

El invento encaja dentro de una idea más amplia de infraestructura verde. Según la EPA, los pavimentos permeables pueden almacenar o infiltrar la lluvia allí donde cae. La capa superior puede estar hecha de hormigón poroso, asfalto poroso o adoquines permeables, y el agua pasa hacia capas inferiores de suelo y grava.

¿Significa esto que una acera como la de Luca puede solucionar las inundaciones urbanas por sí sola? No. El agua de lluvia depende del suelo, del mantenimiento, de la pendiente de las calles, de la intensidad de las tormentas y de cómo esté diseñada la red de drenaje.

La propia EPA advierte que cada lugar es diferente y que hay que estudiar las condiciones del suelo, el clima local y el funcionamiento del sistema antes de instalar pavimentos permeables. Es un aviso importante. Una acera que drena bien en una zona puede no comportarse igual en otra.

Lo que falta por demostrar

El proyecto de Luca es prometedor, pero todavía está en fase escolar y experimental. Faltan ensayos más amplios, pruebas con peso real, ciclos de lluvia repetidos y controles de mantenimiento. También habría que ver cómo se comporta el material cuando la suciedad se acumula con el paso del tiempo.

El propio estudiante ya mira hacia el siguiente paso. Según Society for Science, quiere añadir tiras de fibra de carbono para que el hormigón soporte más peso sin perder sus propiedades de drenaje. Es una dirección lógica. Una acera no solo tiene que beber agua, también tiene que aguantar pisadas, ruedas y años de uso.

Su sueño, resumido en pocas palabras, es crear un material «resistente, ecológico y que ayude a evitar que las calles se inunden». Suena sencillo. Pero detrás hay una pregunta enorme para muchas ciudades. ¿Cómo construimos superficies que no conviertan cada lluvia fuerte en un problema?

Un invento pequeño

Lo más interesante de esta historia no es solo la mezcla. Es el origen de la idea. Una tormenta, una calle inundada y una alfombrilla de baño bastaron para mirar el hormigón de otra manera.

Si el proyecto avanza, podría sumarse a otras soluciones urbanas como jardines de lluvia, zonas verdes, drenajes mejor diseñados y pavimentos permeables. No sustituye a todo eso, pero puede formar parte del mismo camino. Que el agua vuelva al suelo, en vez de correr sin control por el asfalto.

La publicación oficial ha sido publicada en Society for Science.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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