Medio Ambiente

El desequilibrio energético de la Tierra se ha duplicado y la cuenta atrás ha empezado: solo quedan 130 gigatoneladas de CO2 antes de rebasar el límite de 1,5°C y, al ritmo actual se agotarán en 3 años

El desequilibrio energético de la Tierra se ha duplicado y la cuenta atrás ha empezado: solo quedan 130 gigatoneladas de CO2 antes de rebasar el límite de 1,5°C y, al ritmo actual se agotarán en 3 años

El calentamiento global ya no avanza a paso lento. La última actualización científica de Indicators of Global Climate Change 2025 confirma que el sistema climático de la Tierra sigue acumulando calor a un ritmo récord, con señales cada vez más claras en la atmósfera, los océanos y el nivel del mar.

La cifra que más pesa es esta. En 2025, el calentamiento causado por la actividad humana alcanzó los 1,37 °C respecto al periodo preindustrial, mientras que la temperatura media observada fue de 1,39 °C. El informe advierte además de que, si el ritmo actual continúa, el mundo podría superar los 1,5 °C alrededor de 2030. No es poca cosa.

Qué acaba de confirmar el informe

El trabajo es la cuarta actualización anual de estos indicadores climáticos y sigue métodos similares a los usados por el IPCC. En él han participado más de 70 científicos de 56 instituciones de 17 países, con datos de más de 40 conjuntos globales de observación.

En la práctica, esto significa que no hablamos de una sola medición aislada. El informe reúne emisiones, temperaturas, concentración de gases, balance energético, océanos, extremos climáticos y nivel del mar. Es una especie de revisión médica del planeta.

Y el diagnóstico no invita a relajarse. El calentamiento inducido por el ser humano aumenta ahora a unos 0,27 °C por década, una tasa que se mantiene en máximos dentro del registro instrumental.

El contador del carbono se agota

Uno de los datos más urgentes es el presupuesto de carbono restante. Es decir, la cantidad de CO₂ que la humanidad aún podría emitir si quiere conservar una posibilidad razonable de limitar el calentamiento a 1,5 °C.

Según el informe, desde comienzos de 2026 quedan unas 130 gigatoneladas de CO₂ para ese objetivo. A los niveles actuales, ese margen se agotaría en algo más de tres años. Es como mirar la batería del móvil al 3 % y seguir viendo vídeos.

El problema es que las emisiones globales siguen demasiado altas. En 2024 alcanzaron 56,8 gigatoneladas de CO₂ equivalente, un máximo histórico si se suman los principales gases de efecto invernadero.

Por qué se está acelerando

La causa principal sigue siendo conocida. Quemar carbón, petróleo y gas libera gases que atrapan calor en la atmósfera. A eso se suma la deforestación y otros cambios en el uso del suelo, que reducen la capacidad natural del planeta para absorber parte de ese CO₂.

Pero hay otro factor menos intuitivo. La caída de las emisiones de dióxido de azufre, ligada en parte a mejoras contra la contaminación del aire, reduce los aerosoles que antes enfriaban parcialmente la atmósfera. Dicho de forma sencilla, se está retirando una especie de velo que ocultaba parte del calentamiento real.

El profesor Piers Forster, autor principal del estudio, resume la clave en el desequilibrio energético de la Tierra. Según explicó, este indicador mide la rapidez con la que se acumula calor en el sistema climático y, sin influencia humana, “debería estar cerca de cero”.

Los océanos ya lo están notando

Cuando se habla de calentamiento global, mucha gente piensa solo en el termómetro de la calle o en ese calor pegajoso de verano que cada vez llega antes. Pero la mayor parte del exceso de calor no se queda en el aire. Va al océano.

Por eso preocupa tanto el nuevo indicador incluido en esta edición, los días de olas de calor marinas. En 2025 se registraron 65 días de este tipo a escala global, y el número de días con olas de calor marinas se ha más que triplicado entre 1991 y 2025.

¿Qué significa esto en la práctica? Más presión sobre corales, peces, mariscos, praderas marinas y ecosistemas costeros. También puede alterar el intercambio de carbono entre el océano y la atmósfera, la acidez del agua y los niveles de oxígeno.

El nivel del mar sigue subiendo

El calentamiento no solo se nota en los días extremos. También aparece en una señal lenta, silenciosa y muy difícil de revertir, la subida del nivel del mar.

El estudio calcula que el nivel medio global del mar ha aumentado unos 229,6 milímetros entre 1901 y 2025, prácticamente 23 centímetros. La tasa media en ese periodo es de 1,85 milímetros al año, aunque las décadas recientes muestran una aceleración clara.

Puede parecer poco si se mira con una regla sobre la mesa. Pero para una zona baja de costa, unos centímetros más elevan la base sobre la que actúan temporales, mareas y oleaje. Y eso se nota.

No es solo una cifra en un gráfico

El umbral de 1,5 °C no funciona como un interruptor que apaga el planeta de golpe. No hay un día mágico en el que todo cambie a la vez. Pero cada décima adicional aumenta riesgos, daños y costes.

Más calor significa más probabilidad de olas de calor severas, más estrés hídrico en muchas regiones, más pérdida de hielo y más impactos sobre cultivos, salud y ecosistemas. En el fondo, lo que muestra el informe es que el margen para actuar se estrecha.

También deja un pequeño matiz importante. Aunque las emisiones siguen en máximos, el crecimiento del CO₂ parece estar frenándose en comparación con etapas anteriores. Eso no soluciona el problema, pero indica que las decisiones energéticas y políticas todavía importan.

Lo que hay que tener en cuenta

La lectura principal es sencilla. La Tierra se está calentando por la actividad humana, el ritmo sigue siendo muy alto y el presupuesto de carbono para no rebasar los 1,5 °C está casi agotado.

Esto no significa que todo esté perdido. Significa que retrasar los recortes de emisiones hace que la factura futura sea más cara, más difícil y más injusta. La factura de la luz, el transporte, los alimentos y la seguridad de las costas no son temas separados del clima. Están conectados.

Por eso los autores insisten en mantener las redes de observación global y los datos abiertos. Sin mediciones fiables, tomar decisiones sería como conducir de noche sin faros.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Earth System Science Data.

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