Una investigación de la Universidad de Massachusetts Amherst identifica dos candidatas a estar entre las aves más ruidosas del mundo y explora qué les permite emitir llamadas tan potentes.
¿Por qué algunas aves apenas se oyen y otras emiten llamadas ensordecedoras? La búsqueda de las aves más ruidosas del mundo ha permitido explorar una diferencia que la ciencia todavía intenta explicar. Investigadores de la Universidad de Massachusetts Amherst han identificado dos especies que destacan por su extraordinaria potencia vocal.
Estudiar estas diferencias ayuda a comprender qué características permiten a un ave producir esos sonidos tan intensos y a distinguir esa capacidad física de otra pregunta aún abierta: ¿qué ventajas le aporta hacerse oír de esa manera?
El artículo, publicado en la revista Evolution, recorre las especies que más han llamado la atención de los investigadores y las pistas que ofrece su anatomía. También explica qué aspectos siguen sin resolverse: una oportunidad para entender cómo se estudia la comunicación de las aves y por qué medir un sonido no basta para descubrir su función.
Las aves más ruidosas del mundo
Investigadores estadounidenses han descubierto dos especies de pájaros que podrían ser las aves más ruidosas del mundo. Estos son el pájaro campana (Procnias nudicollis) y la seriema de patas rojas (Cariama cristata). Gracias a su hallazgo, los expertos podrían avanzar en el estudio de por qué algunas aves son más ruidosas que otras.
Este trabajo sobre las aves más ruidosas del mundo, publicado en la revista Evolution, representa el último avance para desentrañar los misterios de la comunicación aviar y, con él, se pretendía conocer si existían características físicas que permitieran predecir el volumen del canto.
En 2019, descubrieron que el pájaro campana del Amazonas tenía el graznido más potente del mundo (más fuerte que estar junto a una motosierra a toda potencia), una afirmación que posteriormente confirmó el Libro Guinness de los Récords.
“Determinar el volumen del canto de un pájaro debería ser sencillo en el laboratorio”, explica el primer autor del trabajo e investigador de la Universidad de Massachusetts Amherst (EE.UU.), Joao Menezes. “Pero hasta hace muy poco, resultaba complicado hacerlo sobre el terreno, por lo que hay muy pocos datos en los que basarse”.
Los experimentos en el laboratorio fueron cruciales
Esto se debe a que el volumen, o la amplitud, depende de la distancia. Un grito que resulta ensordecedor puede que apenas se perciba a unos cientos de metros.
De esta manera, un método para medir la amplitud del graznido consiste en capturar al ave en cuestión, llevarla al laboratorio y realizar allí experimentos controlados, lo cual no resulta nada práctico, sobre todo cuando se trabaja a nivel internacional y se comparan grandes cantidades de aves.
“Tuvimos que salir al terreno”, afirma Jeff Podos, líder del trabajo e investigador de la institución estadounidense y quien acompañó a Menezes en la medición de las amplitudes de 123 aves en las zonas cercanas a Amherst y por todo Brasil.
Utilización de herramientas sofisticadas
Para llevar a cabo la investigación sobre las aves más ruidosas del mundo, tuvieron que proveerse de herramientas que hasta hace poco no existían. Para los ornitólogos, antes no resultaba fácil medir de forma exhaustiva la amplitud y la distancia al mismo tiempo. Ahora, existen telémetros láser precisos y sonómetros portátiles de alta resolución que pudieron emplear para su investigación.
Gracias a esto, “hemos podido aumentar enormemente el número de especies de las que disponemos datos de su graznido”, afirma Podos. “Consiste en una investigación básica y fundamental que nadie más ha logrado llevar a cabo a esta escala, y que plantea todo tipo de preguntas adicionales que sería interesante investigar más a fondo”.
Entre los resultados del estudio sobre las aves más ruidosas del mundo, señalaron que existe una enorme variabilidad de decibelios en el volumen de los cantos de las aves, desde el colibrí (64 decibelios, es decir, el volumen de una conversación normal) hasta el pájaro campana y la seriema de patas rojas, con amplitudes superiores a los 120 decibelios (más ruidosas que las motosierras), apuntan los investigadores.
Asimismo, descubrieron que las aves más ruidosas del mundo solían ser más grandes, con músculos voluminosos que permitían una mayor compresión del aire para alcanzar un volumen explosivo. En especial, contaban aberturas de su pico más anchas, como ocurre en algunos instrumentos musicales como las trompetas.
Resultados imprecisos
Los datos recogidos sobre las aves más ruidosas del mundo no respaldaron ninguna hipótesis clara de si dicha amplitud podría tener una función ecológica y evolutiva. Los investigadores pensaron que las aves más ruidosas serían menos hábiles volando, vivirían en bosques densos y practicarían la poligamia.
“Ahora conocemos algunos de los detalles de la fisionomía de estos pájaros”, afirma Menezes. “Poseen cuerpos más grandes y picos más anchos, pero todavía nos queda por descubrir la razón de que sean más ruidosos”, explica.










