El incendio de Niebla destapa el fracaso forestal de Andalucía: el catastrófico incendio iniciado en Niebla ha arrasado unas 48.000 hectáreas en Huelva y Sevilla, afectando a once municipios. Este desastre, estabilizado tras doce días, vuelve a golpear varias zonas de alto valor ecológico que ya sufrieron las llamas hace dos décadas.
Las organizaciones ambientalistas señalan que la proliferación de los monocultivos de eucalipto y pino aceleró la propagación del fuego. Para evitar futuras tragedias, exigen modificar el plan forestal andaluz y erradicar urgentemente estas especies pirófitas de los espacios protegidos.
La recuperación del territorio requiere la creación inmediata de un comité científico multidisciplinar que defina la renaturalización con las especies autóctonas. Asimismo, se demanda una comisión de investigación parlamentaria que analice los fallos de prevención y depure responsabilidades.
Como medida prioritaria de choque, se propone frenar la erosión utilizando la propia madera quemada para contener las escorrentías. A su vez, se solicita proteger a la fauna superviviente, castigar los delitos ambientales y compensar económicamente a los habitantes rurales como guardianes del monte.
El incendio de Niebla destapa el fracaso forestal de Andalucía
El 6 de agosto se inició en Niebla un incendio que se ha convertido en el mayor ocurrido en Andalucía y aún no está extinguido. Doce días después se daba por estabilizado en todo su perímetro, habiendo afectado a once municipios y 48.000 hectáreas, de las provincias de Huelva y Sevilla.
Cerca de la mitad de lo que ha ardido ya se quemó en 2004. Cerca de un 70% de las 48.000 hectáreas afectadas por el fuego son de alto valor ecológico y están protegidas: por un lado, el Paisaje Protegido del Río Tinto, y por otro, el Corredor Ecológico del Río Tinto y el Corredor Verde del Guadiamar, ambos pertenecientes a la Red Natura 2000.
Esto demuestra que los espacios protegidos no están del todo protegidos. Las especies arbóreas afectadas son principalmente eucaliptos en explotación o abandonados, alcornocal, pinar y, en menor medida, encinar. Cerca de dos tercios de lo afectado son montes públicos. La zona central del perímetro es donde se encuentran los montes privados afectados, destacando Berrocal, donde se ha quemado prácticamente el 95% del término municipal, todo de pequeños propietarios.
Una de las causas de la magnitud del fuego son los monocultivos
Como causas de la gran magnitud alcanzada por este grave incendio vuelven a resonar las mismas que hace 22 años: la existencia de una masa continua de eucaliptales y pinares, derivada de plantaciones forestales para celulosa y biomasa, muchas de ellas abandonadas, las cuales hace tiempo que no deberían haber estado ahí.
Estos eucaliptales han servido de almacén de combustible y bomba de dispersión del fuego, llevando a este incendio a la temida categoría de “fuera de capacidad de extinción”.
De lo vivido en este importante incendio, Ecologistas en Acción recalca que se necesita aprender lecciones, aunque ya debiéramos haberlas aprendido hace 22 años. La primera lección es la urgencia de la erradicación de las plantaciones de eucalipto en zona forestal y espacios protegidos en toda Andalucía.
De momento, requerirá una modificación vía urgente de la Adecuación del Plan Forestal de Andalucía, Horizonte 2030, que aún permite seguir fomentando estas plantaciones con objeto de convertir su biomasa en una fuente de energía renovable, sin eximir a las zonas forestales y espacios protegidos de su peligrosa presencia.
Visto lo visto y vivido, queda suficientemente evidenciado que en esos espacios solo puede traer más macroincendios y una pérdida de biodiversidad que la comunidad no se puede permitir.
Sobre el papel de los pinos y otras especies autóctonas, en el marco del Plan de Renaturalización que debe plantearse para la zona, desde Ecologistas en Acción de Andalucía exigen que se constituya una comisión científica multidisciplinar para este incendio, así como espacios de participación pública que sean escuchados y tenidos en cuenta a la hora de que dicha comisión defina la planificación de actuaciones, siguiendo el modelo de la constituida para el gran incendio de 2017 en Doñana.
La recuperación de los ecosistemas debe ser el principal objetivo
La sociedad debe exigir que el principal objetivo sea recuperar cuanto antes el bosque autóctono andaluz en todos los terrenos afectados por el incendio.
El objeto del trabajo de la comisión científica multidisciplinar será definir los mosaicos de vegetación, las áreas cortafuegos que se precisen, las especies paraguas y las especies pioneras que sean necesarias para acelerar en la medida de lo posible la sucesión ecológica, así como las estrategias de mantenimiento de las poblaciones animales que hasta ahora tenían su sustento en lo quemado.
En el caso de los montes públicos afectados, que se acerca a unas 30.000 hectáreas del total, será necesaria la planificación de la consiguiente obligación de la administración en su desarrollo posterior. En el caso de los montes privados, un tercio del total, será necesario crear una comisión social para tratar de forma específica las ayudas, las pérdidas, los convenios a suscribir y los trabajos a realizar, en el que sean atendidas caso a caso, a través de sus municipios, las personas que han perdido su patrimonio.
En los montes públicos, será necesario, además, evaluar las posibles negligencias que se deriven de la investigación y depurar las responsabilidades que recaigan. Una comisión de investigación parlamentaria puede ser la vía para detectarlas y exigir esas responsabilidades.
Evaluar a conciencia los errores cometidos en el plan de recuperación del incendio de 2004 es básico para no repetirlos; por ejemplo, cómo se ha llegado a esas altas densidades de vegetación pirófita, cómo los planes de incorporación del ganado en la gestión de la vegetación fracasaron y por qué, etc.
Hay testimonios de propietarios de pequeñas fincas en Berrocal que han ejecutado de forma rigurosa las recomendaciones que se exigen para evitar incendios forestales, y han mantenido pastoreadas las encinas y alcornoques, manteniendo la vegetación arbustiva y el paso controlados. Sin embargo, de nada ha servido cuando les ha llegado un frente de calor de tal energía que calcinaba la vegetación incluso antes de que el fuego las alcanzara. Así no hay prevención posible.
La renaturalización es la clave para la recuperación del bosque andalúz
La restauración debe consistir en una renaturalización. En tanto se diseñan los detalles de cómo desarrollarla, hay que adoptar medidas urgentes ya conocidas, pues el principal problema que hay que afrontar es la erosión eólica e hídrica. Como medida urgente, la madera quemada se usaría para evitar estas erosiones, generando con ella cortavientos y estructuras en pendiente y en barrancos para la contención de la escorrentía.
Es fundamental evitar en todo momento el acceso de maquinaria pesada, porque favorece estos procesos erosivos. Se debe conservar todo lo que haya sobrevivido del banco de semillas y de las cepas rebrotadoras, sin perturbar el suelo, ya que buena parte de la vegetación afectada tiene estrategias de recuperación tras los incendios y hay que dejar que puedan desarrollarse.
Igual de prioritario es facilitar alimento y agua a la fauna superviviente en las islas no quemadas. En este sentido, hay numerosos grupos de voluntariado de ambas provincias afectadas que han realizado un llamamiento solidario a la ciudadanía.
Estos grupos están haciendo acopio y ya han iniciado las actuaciones, colaborando según protocolos de actuación sobre cómo deben llevarse a cabo esos aportes para no hacer más daño que bien, y tratando de evitar que desaprensivos aprovechen la situación de vulnerabilidad de la fauna superviviente para cebarse con su muerte.
Los delincuentes de la naturaleza, que maten estos animales, deben ser especialmente perseguidos por los cuerpos y fuerzas de seguridad, para lo que cuentan con la colaboración de las asociaciones de cazadores de la zona.
Arde sobre quemado
Berrocal repite como zona cero del incendio; en el de ahora solo han sobrevivido cerca de 2.000 hectáreas cercanas al casco urbano de las 12.600 que tiene. Puede ser un buen momento para definir políticas de conservación de la población rural forestal mixta como servicio público.
De esta manera, a la fuente de vida y trabajo tradicional del aprovechamiento sostenible del monte se podrá sumar un aporte extra derivado del compromiso de la población con el resto de la sociedad para conseguir recuperar el bosque autóctono y su mantenimiento.
Así es como se logran los servicios ecosistémicos asociados que disfruta la sociedad; un esfuerzo que debe ser debidamente compensado como servicio público que es.
Todo un reto es consensuar cómo concretarlo sin caer en la compra de derechos de captura de carbono, como se pretende desde la Unión Europea, que deriva en la adopción de mecanismos de mercantilización que no son eficaces porque se adaptan mal a los ritmos de la naturaleza.
Como conclusión, con una mirada optimista, decir que hay mucho margen para reducir el número y la magnitud de incendios para combatirlos a tiempo. Porque, una vez se escapan de lo manejable, ya hay poco que hacer y ahí sí el cambio climático, y la gestión y plantaciones inadecuadas y las fallidas fórmulas de prevención lo colocan fuera de capacidad.
Hay que destacar que el bosque es víctima de los incendios, no responsable. La mano del ser humano está detrás de más del 95% de los incendios forestales. Por ello, aún hay mucha tarea de educación ambiental por delante, porque sin llama inicial no hay incendio por mucho que se empeñe el cambio climático o la falta de prevención.
Hay que priorizar reducir esas negligencias incendiarias, recuperar un territorio resiliente mediante la reinstauración del bosque autóctono, con las discontinuidades propias del ecosistema mediterráneo, mantenidas por la intervención de la fauna y el ganado donde esta no llegue. Solo así se podrá pasar página de los megaincendios, y volver a convivir con menores fuegos, de dimensiones manejables, y mantener el bosque y su papel regulador del ciclo del carbono y del agua como principal defensa ante el implacable avance del cambio climático.
El incendio de Niebla destapa el fracaso forestal de Andalucía: es hora de tomar medidas reales de prevención
El incendio de Niebla destapa el fracaso forestal de Andalucía porque el paisaje quemado contiene una advertencia difícil de ignorar: casi la mitad del territorio afectado ya ardió en 2004 y alrededor del 70 % de las 48.000 hectáreas posee alto valor ecológico y está protegido. La organización ecologista reclama sustituir progresivamente las plantaciones de eucalipto en terrenos forestales y espacios protegidos, investigar los errores cometidos tras aquel incendio y emprender una renaturalización basada en bosque autóctono, mosaicos de vegetación, ganadería y protección inmediata del suelo y la fauna. Berrocal simboliza la dimensión del desastre: aproximadamente el 95 % de su término municipal habría quedado afectado.
Pero quizá la lección más incómoda esté precisamente allí donde la prevención individual sí se hizo y tampoco bastó. Pequeños propietarios que habían mantenido sus fincas mediante pastoreo y control de la vegetación vieron cómo un frente de enorme intensidad superaba esas defensas. Cuando un incendio alcanza semejante energía, combatirlo deja de ser únicamente una cuestión de medios de extinción. El desafío comienza muchos años antes, decidiendo qué bosque, qué paisaje rural y qué modelo forestal queremos mantener. Después de arder dos veces en apenas 22 años, volver a reconstruir el mismo territorio de la misma manera sería preparar el escenario para una tercera.



