Un estudio liderado por la Universidad Complutense, con participación de la Estación Biológica de Doñana-CSIC, utiliza fósiles de micromamíferos ibéricos para precisar la cronología de 400 yacimientos.
Para saber cómo cambió la fauna del pasado, primero hay que averiguar cuándo vivió. Los fósiles de micromamíferos ibéricos han ayudado a resolver ese problema: un equipo liderado por la Universidad Complutense de Madrid, con la participación de la Estación Biológica de Doñana-CSIC, los ha utilizado para ordenar una historia que abarca cerca de 25 millones de años.
La investigación ha permitido comprender por qué fechar un yacimiento resulta tan importante como identificar sus especies. Situar los restos en una escala temporal facilita la comparación de las comunidades animales y estudiar su relación con las transformaciones ambientales.
El reto ha sido conectar un registro terrestre fragmentado, conservado en lugares distintos y con cronologías a veces muy inciertas. El trabajo ha combinado la información biológica y cronológica para construir un reloj histórico complementario a las herramientas tradicionales de datación, según han explicado las instituciones participantes.
Fósiles de micromamíferos ibéricos
Un equipo de investigadores ha reconstruido, a partir del análisis biológico y cronológico de los restos fósiles de ‘micromamíferos’ procedentes de 400 yacimientos, cerca de 25 millones de años de historia ambiental y ecológica de la península ibérica.
Un trabajo liderado por científicos de la Universidad Complutense de Madrid y de la Estación Biológica de Doñana-CSIC ha permitido afinar un preciso reloj geobiológico que desvela las claves de las transiciones evolutivas durante el Neógeno-Cuaternario para comprender cómo ha respondido históricamente la fauna a los cambios ambientales.
Una de las principales aportaciones del trabajo, que se ha publicado en la revista Earth-Science Reviews es la datación de aquellos yacimientos que hasta ahora carecían de ella, ha informado la Universidad en una nota difundida hoy.
Establecer una escala temporal precisa en yacimientos continentales terrestres ha sido históricamente uno de los mayores retos para la geología, y a diferencia de los sedimentos marinos, que se acumulan de forma continua, el registro terrestre se conserva de manera fragmentada en cuencas sedimentarias aisladas, ha señalado Manuel Hernández Fernández, catedrático del Departamento de Geodinámica, Estratigrafía y Paleontología de la UCM y uno de los autores del trabajo.
Una de las principales novedades del trabajo es el tipo de especies incluidas, ya que hasta la fecha, los análisis de este tipo se dedicaban mayoritariamente al estudio de los roedores (ratones, ardillas, lirones o castores).
«Nosotros hemos integrado en el análisis también a los lagomorfos (conejos, liebres y pikas) y a los insectívoros (musarañas, topos y erizos), que suponen el 22 por ciento del total de las especies de la base de datos», ha explicado Rubén Juidíaz, investigador de la Universidad y primer autor del artículo.
Los resultados demuestran, han precisado los investigadores, que añadir estos nuevos grupos puede resultar decisivo, ya que algunas de sus especies actúan como excelentes «marcadores» cronológicos en ciertos intervalos temporales.
El estudio ha conseguido calibrar las edades de las localidades analizadas con una gran precisión, sin precedentes para la mayor parte del registro analizado, aunque el método pierde resolución en los milenios más recientes, identificando los últimos 50 000 años del registro como un límite en la precisión del método.
“En este lapso temporal tan reciente, debido a su brevedad temporal, la escasez de eventos de aparición de nuevas especies o de extinción de micromamíferos, la fragmentación de sus poblaciones en refugios climáticos ibéricos durante la última gran glaciación y la llegada asíncrona de especies comensales vinculadas al ser humano (como ratas y ratones domésticos), distorsionan la homogeneidad necesaria para una ordenación biocronológica adecuada”, ha explicado Fernando Blanco, investigador de la Estación Biológica de Doñana (CSIC).
El trabajo abre las puertas a una nueva generación de estudios de alta resolución sobre macroevolución, paleoecología y paleoclimatología que desentrañarán las respuestas de las comunidades biológicas terrestres frente a los episodios de cambio climático global experimentados en la Tierra durante los últimos 25 millones de años.











