Las ardillas que conservaron ADN de hace 700.000 años acaban de protagonizar uno de los descubrimientos científicos más sorprendentes de los últimos tiempos. Un equipo internacional de investigadores ha conseguido recuperar información genética extraordinariamente antigua a partir de excrementos fosilizados conservados en el permafrost del norte de Canadá.
Lo que parecía un simple resto biológico ha terminado convirtiéndose en una auténtica cápsula del tiempo. Gracias a estas muestras, los científicos han logrado reconstruir parte de los ecosistemas que dominaron el Ártico cuando mamuts, bisontes prehistóricos y grandes depredadores recorrían extensos paisajes hoy desaparecidos.
Las ardillas que conservaron ADN de hace 700.000 años
Un descubrimiento extraordinario en el permafrost canadiense revela cómo unos excrementos fosilizados han conservado información genética de un mundo desaparecido durante cientos de miles de años.
La ciencia arqueológica ha dado un vuelco inesperado al descubrir que los restos biológicos fosilizados conservan material genético prehistórico de forma mucho más eficaz que los huesos tradicionales, revolucionando el estudio evolutivo actual.
Este avance revela los secretos del extremo norte del continente americano, donde los ecosistemas se transformaron radicalmente durante el Pleistoceno, un periodo caracterizado por la sucesión de intensas glaciaciones en todo el planeta.
Las ardillas que conservaron ADN de hace 700.000 años guardaban archivos naturales únicos
Los investigadores analizaron trece muestras de coprolitos, nombre científico que reciben los excrementos fosilizados, pertenecientes a antiguas ardillas terrestres árticas.
Las muestras tenían edades comprendidas entre 30.000 y 700.000 años, convirtiéndose en algunos de los materiales biológicos más antiguos de los que se ha logrado extraer ADN ambiental con éxito.
La clave de esta conservación excepcional reside en el permafrost, el suelo permanentemente congelado que ha mantenido selladas las madrigueras durante cientos de miles de años.
Gracias a estas condiciones extraordinarias, los restos conservaron una enorme cantidad de información genética sobre los organismos que compartieron aquellos ecosistemas.
Mamuts, bisontes y caballos reaparecen gracias al ADN antiguo
Uno de los hallazgos más espectaculares fue la recuperación de más de 18 genomas mitocondriales pertenecientes a animales desaparecidos hace miles de años.
Entre ellos aparecen rastros genéticos de mamuts lanudos, caballos de las estepas y bisontes prehistóricos, especies que dominaron durante largos periodos los territorios de la antigua Beringia.
Los análisis también revelaron la presencia de otros mamíferos y grandes depredadores como lobos grises, pumas e incluso posibles guepardos americanos, ampliando enormemente el conocimiento sobre las comunidades animales que habitaron el extremo norte del continente.
Más de 200 especies vegetales ayudan a reconstruir el antiguo Ártico
La investigación no solo ha permitido estudiar animales. Los científicos identificaron ADN perteneciente a más de 200 grupos de plantas, además de restos genéticos de hongos, insectos y diversos microorganismos.
Toda esta información permite reconstruir cómo evolucionaron los paisajes árticos a lo largo de diferentes ciclos climáticos del Pleistoceno, una época marcada por intensas glaciaciones y profundas transformaciones ambientales.
La enorme diversidad encontrada convierte estos coprolitos en uno de los archivos ecológicos más completos descubiertos hasta la fecha.
Las antiguas ardillas crearon sin saberlo un tesoro para la ciencia
Los investigadores creen que el comportamiento de estas ardillas explica buena parte del éxito del descubrimiento. Las actuales ardillas terrestres árticas suelen acumular semillas, restos vegetales y otros materiales en sus madrigueras para utilizarlos posteriormente como alimento.
Todo apunta a que sus antepasadas realizaban actividades similares, acumulando involuntariamente una enorme cantidad de restos biológicos que terminaron preservándose durante cientos de miles de años.
Gracias a esta costumbre, las madrigueras se transformaron en auténticos depósitos de biodiversidad congelados en el tiempo.
Una nueva herramienta para estudiar extinciones y cambios climáticos
Los resultados ofrecen una oportunidad excepcional para comprender mejor cómo evolucionaron los ecosistemas antiguos y cómo respondieron a grandes cambios ambientales.
Los datos permiten seguir la evolución de numerosas especies, analizar procesos de extinción y reconstruir la biodiversidad de periodos remotos con una precisión inédita.
Además, los investigadores consideran que esta información puede resultar especialmente valiosa para comprender cómo reaccionan los ecosistemas frente a cambios climáticos profundos, una cuestión que adquiere una enorme relevancia en la actualidad.
Los excrementos fosilizados podrían cambiar la paleontología para siempre
Uno de los aspectos más sorprendentes del estudio es que los coprolitos parecen conservar ADN antiguo mejor que muchos restos óseos o sedimentos utilizados tradicionalmente por los investigadores.
Si futuros trabajos confirman estos resultados, los excrementos fosilizados podrían convertirse en una de las herramientas más importantes para explorar la historia de la vida en la Tierra.
Lo que durante décadas fue considerado un material secundario podría pasar a ocupar un lugar central en las investigaciones sobre evolución, biodiversidad y paleontología.
Gracias al peculiar hábito de almacenamiento de las ardillas terrestres prehistóricas, las madrigueras congeladas aportaron datos de 18 genomas mitocondriales, rescatando del olvido a los grandes mamuts, los bisontes y varios depredadores antiguos.
Los análisis botánicos complementarios identificaron más de 200 grupos de vegetales, insectos y hongos primitivos, una herramienta científica clave para modelar las respuestas biológicas frente a la actual crisis climática.
Conclusiones
Las ardillas que conservaron ADN de hace 700.000 años han demostrado que algunos de los mayores secretos de nuestro planeta pueden esconderse en los lugares más inesperados.
Gracias a unas madrigueras congeladas durante cientos de miles de años, la ciencia ha recuperado información sobre mamuts, bisontes, depredadores, plantas y ecosistemas completos que parecían perdidos para siempre.
Un hallazgo que no solo ayuda a reconstruir el pasado remoto, sino que también abre una nueva era para la investigación del clima, la biodiversidad y la evolución.
Todo lo que necesitas saber sobre las ardillas prehistóricas en 15 segundos
¿Cómo encontraron ADN de hace 700.000 años en unas ardillas?
Los científicos extrajeron ADN antiguo de excrementos fosilizados conservados durante cientos de miles de años en el permafrost canadiense.
¿Qué animales han aparecido en el descubrimiento del ADN antiguo?
Los análisis identificaron restos genéticos de mamuts lanudos, bisontes prehistóricos, caballos de las estepas, lobos, pumas y otros animales desaparecidos.
¿Dónde se encontraron los excrementos fosilizados de las ardillas?
Las muestras proceden del Yukón canadiense, una región donde el permafrost ha conservado materiales biológicos durante larguísimos periodos.
¿Por qué este hallazgo es tan importante para la ciencia?
Porque permite reconstruir ecosistemas desaparecidos y estudiar la evolución de especies y paisajes con una precisión nunca alcanzada hasta ahora.
¿Pueden los excrementos fosilizados ayudar a entender el cambio climático?
Sí. Los investigadores creen que estos restos ofrecen información muy valiosa sobre cómo respondieron los ecosistemas antiguos a grandes cambios climáticos.













