Naturaleza

Mientras todos celebramos que este año hay menos mosquitos de lo habitual, los científicos avisan de que en realidad es un problema más grave de lo que parece

Este verano hay menos mosquitos de lo habitual, pero los científicos advierten de que detrás se esconde un problema preocupante.

Mientras todos celebramos que este año hay menos mosquitos de lo habitual, los científicos avisan de que en realidad es un problema más grave de lo que parece

Dormir con la ventana abierta o cenar en una terraza está siendo algo menos molesto este verano en Suiza. Se oyen menos zumbidos y parecen haberse reducido las picaduras, pero la explicación no es tranquilizadora. La sequía ha secado muchos de los pequeños depósitos de agua donde crecen las larvas.

El fenómeno encaja con una situación meteorológica excepcional. El boletín oficial vigente al 5 de agosto de 2026 situaba a toda Suiza en el nivel máximo de peligro por sequía, mientras que Niels Verhulst, responsable de una unidad de entomología de vectores del Instituto de Parasitología de la Universidad de Zúrich, señalaba que sus controles estaban capturando claramente menos mosquitos. No es una buena noticia para la naturaleza.

Por qué hay menos mosquitos

Los mosquitos necesitan agua durante la primera parte de su vida. Sus larvas viven en charcos, canalones atascados, bidones de lluvia o platos bajo las macetas y, con suficiente calor, algunas especies pueden pasar de huevo a adulto en unos siete o diez días. Un recipiente pequeño puede bastar.

La falta de lluvia elimina muchos de esos criaderos temporales. “Debido a la sequía excepcional, también capturamos claramente menos mosquitos en nuestros controles”, explicó Verhulst sobre las observaciones de la Universidad de Zúrich. Sin agua no hay guardería para las larvas.

Eso no significa que hayan desaparecido. Cuando regresan las lluvias y vuelven a formarse acumulaciones de agua, su número puede aumentar mucho en pocas semanas en lugares concretos. Algunas especies producen además huevos capaces de resistir periodos secos.

La sequía detrás del silencio

MeteoSwiss calculó que julio de 2026 fue, de forma provisional, el julio más cálido registrado en el conjunto del país desde 1864. En varias regiones cayó menos de una quinta parte de la lluvia habitual, y muchas estaciones recibieron solo entre el 20 y el 60 por ciento de lo normal.

El problema venía de antes. Entre abril y junio, Suiza recibió alrededor del 56 por ciento de la precipitación media, un nivel comparable al de 1976 y el más bajo para ese periodo desde 1901. El resultado se ve en suelos secos, caudales bajos y charcas que han desaparecido.

¿Buenas noticias porque hay menos picaduras? Solo a primera vista. Los datos describen una bajada clara en las capturas durante la sequía, pero no demuestran un descenso permanente de los mosquitos en todo el país.

Menos picaduras, más presión

Los mosquitos y sus larvas forman parte de redes alimentarias acuáticas y terrestres. En el agua y fuera de ella sirven de alimento a otros animales, de modo que una reducción brusca puede propagarse por el ecosistema como cuando se retira una pieza de una cadena.

La advertencia va más allá de una sola familia de insectos. Un descenso general afecta a la polinización, las cadenas alimentarias, el control natural de plagas, la descomposición de materia orgánica y el reciclaje de nutrientes. Son trabajos discretos, pero sostienen campos, bosques y humedales.

Eso tampoco convierte cada mosquito en insustituible ni permite calcular el daño a partir de unas semanas secas. Lo relevante es la señal de fondo, muchos hábitats pequeños están perdiendo agua al mismo tiempo y numerosas especies afrontan menos alimento y menos lugares donde reproducirse.

Otros insectos también pierden

Los insectos ligados a ambientes húmedos sufren cuando se secan las charcas, bajan los ríos y sube la temperatura del agua. En tierra, las praderas agostadas ofrecen menos néctar y polen, mientras que las orugas pueden quedarse sin las plantas de las que dependen.

Un experimento dirigido por Benjamin Phillips, entonces investigador de la Universidad de Exeter, observó que la sequía reducía la cantidad de flores disponible para los polinizadores. También detectó menos néctar en algunas especies y una menor variedad de flores en parte de las comunidades estudiadas.

Algunas especies amantes del calor, como ciertas avispas, pueden beneficiarse durante un tiempo. Pero si la vegetación seca produce menos azúcares y escasean sus presas, la comida humana resulta más atractiva. De ahí que se acerquen más a mesas, papeleras o bebidas dulces.

Un verano no marca el futuro

Un verano seco puede reducir temporalmente los mosquitos porque faltan criaderos. A la vez, el calentamiento puede adelantar su temporada, prolongar la actividad y permitir que algunas especies sobrevivan donde antes el frío las frenaba. Parece contradictorio, pero ambas cosas pueden ocurrir.

Las proyecciones oficiales para Suiza apuntan a veranos más secos y sequías más intensas a medida que aumenta la temperatura. Habrá especies adaptadas al calor que ganen terreno y otras que quedarán bajo mayor presión, como las vinculadas a humedales o a zonas frías de montaña.

Al final del día, la ausencia de zumbidos no cuenta una historia sencilla. Puede hacer más agradable una noche de agosto, pero también funciona como una alarma sobre la falta de agua y el deterioro de hábitats que sostienen a muchos otros animales.

La información meteorológica oficial en la que se apoya esta noticia se ha publicado en el boletín climático de julio de 2026 de MeteoSwiss.

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