Naturaleza

La palmera canaria de Fuerteventura se juega su futuro: genética y modelos predictivos buscan salvar sus últimos palmerales autóctonos

El proyecto europeo Palmac convierte los palmerales de Madre del Agua y Gran Tarajal en espacios de conservación donde genética, vigilancia de plagas y restauración del suelo se combinan frente a sequía, calor e incendios.

La palmera canaria de Fuerteventura se juega su futuro: genética y modelos predictivos buscan salvar sus últimos palmerales autóctonos

El Cabildo de Fuerteventura ha obtenido fondos europeos mediante el programa Interreg Mac para proteger y conservar genéticamente los palmerales autóctonos Phoenix canariensis junto a los de Gran Canaria y Cabo Verde.

Los primeros trabajos de campo se centran en los palmerales naturales de Madre del Agua, en Pájara, y Gran Tarajal, en Tuineje, para proteger estos ecosistemas frente a las plagas y las sequías.

La metodología utilizada consistió en análisis genéticos, modelos predictivos y trampas contra la picudilla, además de retirar la biomasa seca para prevenir los incendios y retener la humedad del terreno mediante acolchados vegetales.

Esta investigación científica reutiliza los troncos caídos en las laderas para evitar la erosión del suelo fértil, asegurando la supervivencia de las palmeras de las islas ante el impacto del cambio climático.

La palmera canaria de Fuerteventura se juega su futuro

Ante el avance de la aridez, la protección de los ecosistemas de las islas es un asunto de suma importancia. Es por ello que el Cabildo de Fuerteventura, junto a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), en el marco del programa europeo Interreg MAC (FEDER), ha puesto en marcha una estrategia de conservación pionera en la región.

El programa ya no se limita a curar los ejemplares dañados, sino que se centra en identificar qué poblaciones de Phoenix canariensis son más resistentes a los efectos del cambio climático.

La investigación ha conectado la variable genética de las palmeras de Fuerteventura y Gran Canaria con la Phoenix atlantica de Cabo Verde, lo que convierte a las islas en un verdadero laboratorio de pruebas, analizando la respuesta de esta especie a las condiciones extremas de sequía y altas temperaturas.

La metodología utilizada ha consistido en el uso combinado de genética de poblaciones, sistemas de información geográfica (SIG) y modelos predictivos, lo que ha permitido a los científicos mapear y preservar la diversidad genética y proteger así su capacidad de adaptación al cambio climático.

Los palmerales de Madre del Agua (Pájara) y Gran Tarajal (Tuineje) son donde han comenzado los trabajos experimentales con la instalación de un sistema de vigilancia fitosanitaria para supervisar las plagas de picudilla (Diocalandra frumenti) y la retirada de biomasa para prevenir incendios.

La innovación del proyecto es el aprovechamiento de los residuos vegetales del ecosistema. La biomasa retirada se tritura y se deposita sobre el terreno, logrando un acolchado vegetal que guarda la humedad y frena la evaporación.

Los troncos de las palmeras muertas se utilizan colocándolos de manera transversal en las laderas, actuando como barreras naturales contra la erosión del suelo. Lo que antes se consideraba desecho hoy es un recurso que puede frenar las consecuencias del cambio climático en las islas.

Urge la toma de decisiones efectivas para la regeneración natural del palmeral canario. Con una situación alarmante de escasez hídrica, altas temperaturas y plagas constantes, la supervivencia de la especie está en juego.

Es por ello que los trabajos en Madre del Agua y Gran Tarajal son tan importantes; una población genéticamente homogénea es más vulnerable ante las crisis y la identificación y preservación de las especies más resistentes podía marcar un antes y un después en las políticas de conservación de la biodiversidad.

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