El fondo marino de Mallorca acaba de dejar una imagen poco habitual. Un proyecto científico impulsado por MedGardens, Fundación Cleanwave e IMEDEA-CSIC ha retirado 5.826 erizos de mar entre 2023 y 2025 para reducir la presión sobre los bosques de algas pardas del grupo Cystoseira, un hábitat clave para la biodiversidad litoral. La actuación se ha desarrollado en zonas como Formentor, Sant Elm y la bahía de Portocolom.
La medida no busca acabar con los erizos, sino corregir un desequilibrio. El propio informe recuerda que estos animales cumplen una función importante como herbívoros, pero cuando sus poblaciones crecen demasiado pueden degradar gravemente los bosques de macroalgas. ¿Qué significa esto en la práctica? Que no se trata de vaciar el mar, sino de actuar con permisos, estudios previos y seguimiento científico.
Qué han retirado
Las dos especies retiradas han sido Paracentrotus lividus (erizo común) y Arbacia lixula (erizo negro). Según el estudio citado por Hosteltur, el erizo común fue la especie dominante en los muestreos, con el 77,6% de los ejemplares registrados, frente al 22,4% del erizo negro.
La retirada se hizo de forma manual por personal cualificado, mediante snorkel y buceo con botella. También se realizó después de obtener las autorizaciones correspondientes de la Dirección General de Pesca. No es un detalle menor. En el mar, tocar una pieza puede mover muchas más.
Los impulsores prevén extender medidas similares a otras zonas del archipiélago, entre ellas Formentera. La idea es aplicar la misma lógica, estudiar primero y actuar después, no al revés.
Por qué importan estas algas
Las Cystoseira no son simples algas pegadas a una roca. En el Mediterráneo forman bosques submarinos con estructura compleja, algo parecido a pequeños refugios vivos donde muchas especies encuentran alimento, cobijo y zonas de cría. La literatura científica las describe como especies «ingenieras», porque ayudan a construir hábitat en fondos rocosos.
Además, MedGardens recuerda que las bahías someras del Mediterráneo han sufrido la pérdida de hábitats clave, como praderas marinas y bosques de macroalgas. Esa pérdida afecta a servicios muy concretos, como la protección de la costa, la retención de sedimentos, el refugio de peces e invertebrados y el almacenamiento de CO₂. Y eso se nota, aunque no siempre se vea desde la orilla.
El riesgo de los blanquizales
Cuando hay demasiados erizos, el pastoreo puede pasar de ser una función natural a convertirse en un problema. El informe señala que las altas densidades pueden eliminar bosques submarinos de algas pardas y favorecer los llamados «desiertos submarinos» o «blanquizales». Son zonas empobrecidas, con menos complejidad y menos oportunidades para muchas especies.
La imagen es sencilla. Donde antes había un pequeño bosque bajo el agua, queda roca desnuda y poca cobertura vegetal. Para quien bucea, el cambio puede ser evidente. Para quien solo mira el mar desde la playa, pasa casi desapercibido.
Los investigadores también relacionan la proliferación de erizos con desequilibrios en la cadena trófica, especialmente por la reducción de grandes peces depredadores. En el fondo, el problema no es solo el erizo. Es todo el sistema funcionando peor de lo que debería.
Un resultado con matices
El informe publicado en Zenodo indica que, en la mayoría de las áreas donde se retiraron erizos, la densidad disminuyó o tendió a disminuir tras la intervención. En esas zonas se alcanzaron niveles considerados adecuados, con la excepción de la bahía de Portocolom.
El caso de Portocolom es importante porque evita vender la actuación como una solución mágica. Hosteltur recoge que todas las áreas intervenidas mejoraron su estado ecológico respecto a este indicador, salvo Portocolom S4-S5, donde los autores recomiendan mantener las actuaciones al menos un año más. No es poca cosa.
Mientras tanto, en el área de control las densidades de erizos tendieron a aumentar durante el mismo periodo. Esa comparación da una pista útil, aunque los propios autores piden ampliar el seguimiento con más indicadores del ecosistema.
No vale retirar por retirar
La tentación puede ser pensar que cuantos menos erizos, mejor. Pero el informe no dice eso. Los erizos forman parte de la red trófica costera y cumplen un papel como herbívoros. El problema aparece cuando su abundancia se dispara por desequilibrios del ecosistema.
Por eso los investigadores advierten de que la retirada no debe hacerse de forma indiscriminada. Requiere estudios previos, permisos administrativos y seguimiento científico para valorar el efecto real sobre el fondo marino. Dicho de otra forma, no es una tarea para aficionados ni una campaña de limpieza cualquiera.
A más largo plazo, también se plantea mirar la raíz del problema. Entre las vías citadas figuran las áreas marinas protegidas con pesca controlada, una herramienta que puede ayudar a recuperar equilibrios perdidos en la cadena trófica.
Lo que viene ahora
El informe recomienda continuar con la retirada de erizos en las zonas afectadas, pero también añadir nuevos descriptores para medir mejor el efecto a escala de ecosistema. Entre ellos están la cobertura de algas, la evolución de peces e invertebrados, la presencia de especies invasoras y otras medidas de restauración.
También se contempla actuar con herramientas complementarias, como la eliminación de especies competidoras o la plantación de Cystoseira s.l. cuando las condiciones lo permitan. En la práctica, esto significa que retirar erizos puede ser un primer paso, pero no todo el camino.
El informe oficial «Evaluación inicial de la retirada de erizos de mar en los bosques de algas de Mallorca 2023–2025» ha sido publicado en Zenodo.












