Naturaleza

Resuelto el misterio de 160 años que tenía desconcertados a los biólogos desde Darwin: un análisis de 340 años de introducciones de peces en 516 lagos suecos desvela el enigma de la supervivencia

Resuelto el misterio de 160 años que tenía desconcertados a los biólogos desde Darwin: un análisis de 340 años de introducciones de peces en 516 lagos suecos desvela el enigma de la supervivencia

Charles Darwin dejó planteada una pregunta que ha perseguido a los ecólogos durante más de siglo y medio. ¿Por qué algunas especies exóticas logran instalarse en un nuevo lugar y otras fracasan, incluso cuando parecen tenerlo todo a favor?

Un nuevo estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences apunta a una respuesta inesperada. La clave no estaría solo en las especies que ya viven en un ecosistema, sino también en las que podrían vivir allí y no están. A eso los científicos lo llaman «diversidad oscura«. Y cambia bastante la forma de mirar la naturaleza.

El viejo dilema de Darwin

En el siglo XIX, Darwin propuso dos ideas que parecían chocar entre sí. La primera decía que una especie llegada de fuera tendría más opciones de sobrevivir si se parecía mucho a las especies nativas, porque compartiría adaptaciones útiles al clima, al alimento o al tipo de hábitat.

La segunda apuntaba justo en la dirección contraria. Una especie exótica podría tener más éxito si no se parece demasiado a las locales, porque así competiría menos por los mismos recursos. Dos caminos opuestos para explicar el mismo fenómeno. No es poca cosa.

Durante más de 160 años, los científicos han debatido cuándo funciona una explicación y cuándo la otra. Ahora, el nuevo trabajo sugiere que ambas pueden ser ciertas, pero depende del contexto ecológico de cada lugar.

Qué es la diversidad oscura

La «diversidad oscura» no se refiere a especies raras ni misteriosas. Es un concepto bastante sencillo si se explica sin rodeos. Son las especies que podrían vivir en un lugar porque las condiciones son adecuadas, pero que en realidad no están allí.

Junto con las especies presentes, esta diversidad oscura permite calcular el conjunto potencial de especies de un ecosistema. También ayuda a medir la «completitud» de una comunidad, es decir, qué parte de todas las especies posibles está realmente presente.

¿Y por qué importa esto? Porque mirar solo la lista de especies que hay en un lago, un bosque o un río puede quedarse corto. Es como mirar una clase contando solo a los alumnos sentados, sin saber cuántos podrían estar matriculados.

Los lagos suecos dan la pista

Para probar la idea, el equipo analizó un registro de 340 años sobre introducciones de peces en 516 lagos de Suecia. Lo interesante es que el conjunto incluía tanto casos de éxito como intentos fallidos, algo muy valioso para entender qué separa una invasión que prospera de otra que no llega a arrancar.

Los resultados fueron claros. En lagos adecuados para menos especies, pero donde ya estaba presente una gran parte de las que podían vivir allí, triunfaban mejor las especies exóticas parecidas a las nativas.

En cambio, en lagos con un conjunto potencial de especies más amplio, pero con muchas ausencias, tenían más opciones las especies más alejadas de las locales. En la práctica, eso significa que encontraban huecos ecológicos menos ocupados. Ahí estaba la pieza que faltaba.

Por qué esto importa

Las especies invasoras no son un asunto menor. El informe de IPBES sobre especies exóticas invasoras señala que más de 37 000 especies exóticas han sido introducidas por actividades humanas en distintas regiones del planeta, y más de 3500 suponen amenazas importantes para la naturaleza, la economía, la seguridad alimentaria o la salud.

Además, estas especies están entre los cinco grandes motores directos de pérdida de biodiversidad en el mundo. No hablamos solo de un pez que llega a un lago. Hablamos de cambios que pueden alterar cadenas alimentarias, desplazar especies locales y modificar ecosistemas enteros. Y eso se nota.

Por eso, poder anticipar qué especie tiene más opciones de establecerse en un lugar concreto es tan importante. Ayuda a decidir dónde vigilar más, qué introducciones evitar y cómo proteger ecosistemas antes de que el problema sea demasiado caro o casi imposible de revertir.

Una brújula para conservar mejor

El hallazgo no convierte la ecología en una ciencia exacta, porque la naturaleza rara vez funciona como una fórmula cerrada. Pero sí ofrece una brújula mejor. En vez de preguntar solo cuántas especies hay, los científicos proponen mirar también cuántas podrían estar y cuántas faltan.

Meelis Pärtel, profesor de Botánica en la Universidad de Tartu, lo resume al afirmar que la diversidad oscura ofrece «un nuevo marco teórico» para entender cómo se distribuyen las especies y cómo se forman las comunidades naturales.

La idea puede ser especialmente útil en un mundo donde el cambio climático, el comercio global y los movimientos de especies están transformando los ecosistemas a gran velocidad. El problema es que el reloj ecológico no espera a que todas las decisiones políticas lleguen a tiempo.

Darwin no estaba tan dividido

La gran lección del estudio es que Darwin no planteó dos ideas incompatibles. Más bien describió dos fuerzas que pueden dominar en momentos diferentes. A veces gana la adaptación compartida. Otras veces gana la falta de competencia directa.

La diferencia está en el estado real del ecosistema. Si una comunidad está muy completa, las especies parecidas pueden tener ventaja porque ya encajan bien en las condiciones del lugar. Si quedan muchos huecos ecológicos, las especies más distintas pueden encontrar su oportunidad.

En el fondo, este estudio recuerda algo muy simple. Para entender la biodiversidad no basta con mirar lo que vemos. También hay que preguntarse qué falta, por qué falta y qué podría ocurrir si una especie nueva ocupa ese espacio.

El estudio oficial ha sido publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

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