Mientras los científicos llevan años buscando el sustituto al plástico, una estudiante de 17 años del MIT lo ha encontrado en las escamas de pescado que se tiran todos los días a la basura

Publicado el: 11 de junio de 2026 a las 12:42
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Jacqueline Prawira sostiene una lámina biodegradable fabricada a partir de escamas de pescado como alternativa al plástico.

Europa lleva años intentando cortar el grifo de los plásticos de usar y tirar. La Directiva europea sobre plásticos de un solo uso ya impide vender determinados productos cuando existen alternativas, como cubiertos, platos, pajitas, agitadores o algunos envases de poliestireno expandido. La intención es clara, reducir la basura que acaba en playas, ríos y mares.

Pero cualquiera que baje al supermercado lo ve enseguida. Seguimos rodeados de envoltorios, bolsas, vasos y envases que usamos durante unos minutos y que después se convierten en un problema durante años. En ese contexto, una estudiante del MIT ha mirado hacia un sitio poco esperado, el cubo de residuos de una pescadería. Allí, entre escamas que normalmente se tiran, Jacqueline Prawira ha encontrado una posible alternativa al plástico convencional.



La idea nació en una pescadería

La historia empieza con una escena muy normal. Prawira iba con su familia a un mercado asiático de pescado y veía cómo, después de limpiar las piezas, las escamas acababan en la basura. Para la mayoría de la gente no hay nada que mirar ahí. Para ella sí.

La estudiante, que forma parte del Departamento de Ciencia e Ingeniería de Materiales del MIT, se fijó en algo sencillo pero importante. Las escamas son finas, ligeras, flexibles y bastante resistentes para su tamaño. No parecen gran cosa, pero reúnen varias cualidades que también se buscan en un plástico de un solo uso.



Esa comparación fue el punto de partida. Según explicó Prawira, empezó a pensar qué otro material tenía esas propiedades y la respuesta fue el plástico. A partir de ahí, el residuo dejó de ser solo un resto de pescado y pasó a convertirse en materia prima.

Un material parecido al plástico

El resultado es un material transparente, fino y con aspecto plástico que puede adoptar formas pensadas para productos desechables. El MIT señala que puede utilizarse para artículos como bolsas de supermercado, envases, embalajes y utensilios de usar y tirar.

Lo interesante no es solo que se parezca al plástico, sino lo que ocurre cuando termina su vida útil. Prawira lo resume con una idea muy simple. Fabricamos plásticos «demasiado buenos» en su trabajo, hasta el punto de que el medio ambiente no sabe qué hacer con ellos. Y eso se nota.

Tanto el material hecho con escamas como un compuesto relacionado están pensados para degradarse en entornos de compostaje con poca ayuda externa. Dicho de otro modo, no están diseñados para quedarse siglos dando vueltas por el planeta.

Qué hay dentro de las escamas

La clave está en copiar a la naturaleza. Las escamas de pescado contienen colágeno, sales de calcio e hidroxiapatita, un mineral presente también en huesos y dientes. No es magia de laboratorio, es biomimetismo, una forma de observar cómo funciona un material natural y usar esa estructura como inspiración.

El trabajo técnico de Prawira, conocido como Cyclo.Plas 2 o CP2, estudia dos caminos. Uno aprovecha residuos de PLA de impresión 3D y los combina con minerales inspirados en las escamas. El otro trabaja con la matriz de colágeno de la escama para crear una película fina, transparente y con comportamiento parecido al plástico de baja densidad.

En las pruebas publicadas, las muestras se biodegradaron después de unas ocho semanas y no mostraron fitotoxicidad. Este punto es importante porque no basta con que algo desaparezca a la vista. También hay que comprobar que no deja un problema nuevo en el suelo o en el agua.

Por qué importa para Europa

La Unión Europea calcula que los diez productos de plástico de un solo uso más habituales en las playas europeas, junto con los aparejos de pesca, representan el 70 % de la basura marina en la UE. Por eso las normas se han centrado en pajitas, cubiertos, platos, vasos, bolsas, envoltorios y otros objetos muy presentes en el día a día.

Pero prohibir no siempre basta. En la práctica, el consumidor necesita alternativas cómodas, baratas y fáciles de gestionar. Nadie quiere hacer una compra pensando en una clase de química, ni tener que adivinar si un envase se composta en casa, en una planta industrial o en ninguna parte.

Ahí está el valor de la propuesta. Si un residuo abundante de la industria pesquera puede convertirse en un material útil y compostable, el modelo deja de ser lineal. Ya no se trata solo de fabricar, usar y tirar, sino de aprovechar un desecho para evitar otro.

Lo que todavía falta

Conviene no vender humo. Este material no va a sustituir mañana todos los plásticos del mercado ni resolver por sí solo la contaminación mundial. Todavía queda demostrar que puede fabricarse a gran escala, con costes razonables, con suministro estable de escamas y con garantías de higiene para usos relacionados con alimentos.

También habrá que ver cómo se comporta fuera del laboratorio. Una bolsa real tiene que soportar peso, humedad, transporte y almacenamiento. Un cubierto debe aguantar una comida caliente sin romperse en la mano. Son pruebas muy mundanas, pero decisivas.

Y hay otro matiz. Que un material sea compostable no significa que podamos tirarlo al campo o al mar. Significa que necesita las condiciones adecuadas para descomponerse. La buena noticia es que el proyecto apunta precisamente a compostaje doméstico, no solo a instalaciones industriales que muchas ciudades ni siquiera tienen cerca.

Un residuo con segunda vida

La figura de Prawira también ayuda a entender por qué esta noticia va más allá de una simple curiosidad. En el MIT ha trabajado en el laboratorio del profesor Yet-Ming Chiang en un proceso de cemento bajo en carbono y también en métodos para extraer litio sin generar residuos. Además, recibió la beca Barry Goldwater.

Su frase final resume bien el fondo del asunto. Prawira espera que podamos vivir de una forma «más en sincronía con el medio ambiente», sin tener que elegir siempre entre comodidad y protección del planeta. No pide volver atrás, sino diseñar mejor lo que usamos todos los días.

Puede que la solución al plástico no esté solo en prohibir pajitas o cobrar bolsas. Quizá también esté en mirar con otros ojos lo que ya tiramos. Y, en este caso, lo que parecía basura de una pescadería podría convertirse en una pequeña pieza de un futuro con menos plástico.

El comunicado oficial ha sido publicado por MIT News.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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