Los macacos rhesus se comen de media la mitad del maíz de los hogares más afectados de las colinas de Nepal, y cada vez hay menos gente para espantarlos porque los jóvenes emigran y dejan las terrazas vacías

Publicado el 28 de septiembre de 2026 a las 15:27
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Un macaco rhesus sentado junto a una barandilla en Nepal

Durante generaciones, los agricultores de las colinas de Nepal han convertido las laderas en terrazas donde cultivar alimentos. Ahora, las incursiones de macacos rhesus complican una tarea que ya exige esfuerzo, mientras la salida de población rural deja menos manos para proteger las cosechas.

Un informe del Fondo Nacional para la Conservación de la Naturaleza de Nepal (NTNC) recoge pérdidas medias del 50,3 % del maíz entre los hogares estudiados. Son datos de localidades especialmente afectadas, pero muestran un problema concreto que necesita respuestas adaptadas a cada lugar.

Las cifras del conflicto

Los investigadores observaron directamente 20.395 macacos en 44 municipios y municipios rurales. A partir de sus cálculos, estimaron una población mínima de 104.137 ejemplares para el conjunto más amplio de las colinas medias, una proyección que conviene distinguir del recuento.

La encuesta abarcó 1.846 hogares y situó las pérdidas anuales por macacos en unos 50 millones de rupias nepalíes. El trabajo de campo se realizó entre abril y julio de 2025, por lo que estas cifras no describen una medición de toda la agricultura del país.

Qué comen los macacos

Un estudio publicado en marzo de 2026 en American Journal of Primatology siguió a 52 macacos de Panauti entre junio de 2019 y mayo de 2020. Aproximadamente el 49 % de su tiempo anual de alimentación estuvo dedicado a cultivos.

Ese porcentaje explica la importancia de las fincas para los animales. No significa que destruyeran el 49 % de las cosechas, una confusión que cambiaría por completo la lectura del trabajo.


De hecho, los autores estimaron pérdidas de alrededor del 1,5 % del rendimiento del maíz por hectárea en el área estudiada. Se están comparando lugares, periodos y métodos distintos a los del informe del NTNC. Los intentos de ahuyentarlos tampoco redujeron significativamente los daños al maíz en ese seguimiento.

Menos manos para vigilar

¿Qué ocurre cuando una familia pierde parte de lo que iba a comer o vender? Además del grano, está en juego el tiempo dedicado a sembrar, cuidar la tierra y esperar la cosecha. Si alguien tiene que quedarse vigilando, tampoco puede atender otras tareas al mismo tiempo.

Una investigación de 2024 en tres distritos nepalíes relaciona la emigración con la falta de trabajadores para cultivar y vigilar. «No tenemos suficientes trabajadores para cultivar y ahuyentar a los monos», explicó un agricultor de Sindhupalchok a sus autores.

El estudio describe cómo las parcelas abandonadas pueden convertirse en refugios y corredores para animales, acercándolos a las fincas restantes. Las pérdidas, a su vez, pueden favorecer nuevos abandonos, aunque la búsqueda de empleo y otros cambios económicos también influyen.

El papel de los bosques

La historia forestal también ayuda a entender este paisaje. Según el Centro Australiano de Investigación Agrícola Internacional (ACIAR), la cooperación con Nepal apoyó la reforestación de laderas durante los años setenta y ochenta con pinos y árboles de hoja ancha, tanto locales como introducidos.

Aquellos programas se apoyaron en la participación de las comunidades y recuperaron terrenos degradados. Hasta 2006 habían establecido alrededor de 21.000 hectáreas de nuevos bosques comunitarios en los dos distritos donde se concentraron los primeros esfuerzos.

Ese avance ambiental plantea ahora una pregunta práctica sobre los lugares donde se juntan bosque y cultivo. La investigación de 2024 recoge explicaciones diferentes entre vecinos y técnicos, desde nuevos refugios para animales hasta cambios en los alimentos disponibles dentro del bosque.

Proteger la próxima cosecha

El equipo del estudio de Panauti propone coordinar la vigilancia, situar los cultivos más vulnerables cerca de las viviendas y probar otros menos apetecibles junto al bosque. También recomienda gestionar mejor los residuos para reducir las fuentes de comida que atraen a los macacos.

Ya existen experiencias de vigilancia por turnos entre hogares, recogidas en la investigación de 2024. Para valorar estas medidas habría que comprobar cuánto reducen las pérdidas y cuántas horas de trabajo requieren, porque una familia también necesita tiempo para mantener el resto de su explotación. Además, el NTNC detectó que el 80 % de los encuestados desconocía los programas de compensación.

Proteger la biodiversidad exige tener en cuenta a quienes cultivan junto a ella. El informe del NTNC sobre estos conflictos fue publicado el 7 de agosto de 2026 en la web del Fondo Nacional para la Conservación de la Naturaleza de Nepal.

Imagen: Sylvain Kalache / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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