Medio Ambiente

Doñana se queda sin tiempo: 140 hectáreas de cultivos ocupan corredores clave para salvar el espacio natural

Las últimas fotos aéreas que se sacaron del Parque Natural de Doñana evidencian que los corredores naturales que se prometieron en 2014 no están ni señalizados y donde deberían establecerse hay regadíos ilegales.

Doñana se queda sin tiempo: 140 hectáreas de cultivos ocupan corredores clave para salvar el espacio natural

Doñana se queda sin tiempo y la situación está tomando tintes de esperpento. Mientras desde la Junta de Andalucía venden soluciones milagrosas que nunca llegan, los corredores biológicos del parque se están muriendo, ahogados por la burocracia, la desidia y una preocupante falta de agallas políticas.

El toque de atención que les ha dado la Unesco ha sido demoledor. Fue un ‘tirón de orejas’ que debería haberle sacado los colores a más de un político. Porque si no se hace algo ya, este rincón único va a pasar de ser patrimonio de la humanidad a estar en la lista roja de ecosistemas en peligro.

Las imágenes satelitales son indiscutibles y evidencian que hay pozos ilegales, invernaderos y balsas que roban agua en terrenos que deberían estar protegidos por ley. La actitud de las administraciones ante el avance de la ilegalidad se acerca mucho al concepto de complicidad.

Para devolverle la vida al parque ya no hay tiempo para dar más rodeos: se deben tomar decisiones, aunque estas tengan costes políticos. O se desaloja a los ilegales y se protege el agua, o Doñana sencillamente no tiene salvación.

Doñana se queda sin tiempo: corredores naturales o regadíos ilegales

Desde WWF no dejan de alertar acerca de la problemática de Doñana. Sus acuíferos se secan sin remedio mientras continúa la absoluta parálisis a la hora de recuperar los pasillos naturales del Parque. Esta es una pieza clave que se contempla en el Plan Especial y que exige la Unesco, pero según un estudio, la intención de hacer algo al respecto es nula.

En 2014 se aprobó el mencionado Plan Espacial y casi 12 años después los corredores que permitirían el movimiento de la fauna aún están únicamente en el papel. No hay una delimitación de los terrenos y los mapas están plagados de inexactitudes, todo lo cual acaba por permitir que la agricultura se meta donde le da la gana.

Se han tomado fotografías aéreas que evidencian la inacción de los gobiernos: 83 balsas que se emplean para riego, más de 140 hectáreas que están cubiertas de plástico y 66 pozos, todo ello ilegal y situado en medio de pasos biológicos.

Para que la fauna sobreviva, es urgente que se reconecten estos espacios, pero los proyectos del gobierno andaluz están completamente paralizados. Y esta situación no solo es mala para los animales, sino que también lo es para las marismas a las que se les impide que fluyan con naturalidad, poniendo en riesgo su supervivencia como ecosistema y castigando duramente a los acuíferos.

Existen 8 actuaciones previstas y fijadas para que los territorios vuelvan a estar conectados, pero aún no se ha culminado ni una sola. Las tres cuartas partes de los planes ni siquiera se han comenzado a mover. Y los que ‘funcionan’ se limitan a acciones mínimas que no cambian nada porque no tienen ningún impacto real, ni se busca que lo tengan.

Lo que hace falta en Doñana es acción y urgente

Se debe implementar un plan de choque que eche de una vez a los ilegales, sean quienes sean, de los terrenos protegidos. Porque si hay algo que es evidente es que sobran fondos para hacerlo, pero no existe voluntad política para que desde el gobierno regional y el nacional se hagan las cosas bien.

Ya cuando Doñana colapse, se echarán las manos a la cabeza, se tirarán los trastos y se repartirán las culpas. Porque para que esto acabe mal, solo hace falta sentarse y esperar lo inevitable.

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