Desde el transbordador espacial, en junio de 1985, el lago Tanganica se veía como una franja azul oscura de cientos de kilómetros encajada entre las tierras rojizas de África oriental. Esa franja estrecha guarda unos 18.900 kilómetros cúbicos de agua dulce, alrededor del 83 % de lo que suman los cinco Grandes Lagos de Norteamérica.
La cifra de los Grandes Lagos la da la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), que calcula 22.684 kilómetros cúbicos para Superior, Michigan, Hurón, Erie y Ontario juntos, medidos con el nivel del agua bajo. La del Tanganica procede de un estudio publicado en 2023, y el centro de investigación African Center for Aquatic Research and Education (ACARE) da una estimación muy parecida, de 18.980 kilómetros cúbicos.
Entre ambos totales quedan unos 3800 kilómetros cúbicos de diferencia. Aun así, un solo lago africano se acerca mucho al mayor conjunto de agua dulce en superficie de América del Norte, y lo hace en un momento en que el planeta está agotando sus reservas de agua dulce.
Mucha agua en poca superficie
Los cinco Grandes Lagos cubren 244.160 kilómetros cuadrados, según la EPA. El Tanganica ocupa unos 32.900, es decir, en torno al 13 % de esa superficie.
El lago Superior, el mayor de los cinco, tiene 82.100 kilómetros cuadrados y 12.100 kilómetros cúbicos de agua. El Tanganica guarda alrededor de un 56 % más de agua que el Superior con solo un 40 % de su superficie, y el más pequeño en volumen de los cinco, el lago Erie, apenas reúne 484 kilómetros cúbicos.
La profundidad explica el volumen
La diferencia está en el fondo. El Tanganica alcanza 1470 metros de profundidad máxima y unos 570 metros de media, según el trabajo que firmaron en 2023 Kevin Sterckx, del Departamento de Hidrología e Ingeniería Hidráulica de la Vrije Universiteit Brussel, y otros cinco investigadores de Bélgica, Países Bajos, Nueva Zelanda y Suiza.
El Superior, el más hondo de los Grandes Lagos, llega a 406 metros en su punto más profundo y tiene 147 metros de profundidad media, según la EPA. La profundidad media del lago africano es, por tanto, casi cuatro veces mayor.
ACARE lo describe como el lago más profundo de África, el segundo del mundo en profundidad y en volumen de agua dulce, por detrás del Baikal, en Siberia, y el lago de agua dulce más largo del planeta. Según el estudio de 2023, mide 673 kilómetros de largo (ACARE da 676) y tiene una anchura media de 50 kilómetros, entre Burundi, la República Democrática del Congo, Tanzania y Zambia.
Una fosa abierta durante millones de años
Esa forma de cubeta estrecha y honda tiene un origen tectónico. El lago ocupa una fosa del brazo occidental del Rift de África Oriental, la región donde la corteza terrestre se estira y se fractura poco a poco.
Sus tres cuencas se formaron en épocas distintas. La central empezó a abrirse hace entre 9 y 12 millones de años, la del norte hace entre 7 y 8 millones y la del sur hace entre 2 y 4 millones, según el estudio de Sterckx.
Un lago que nunca se mezcla del todo
Buena parte de ese volumen queda fuera del alcance de los peces. El Tanganica es meromíctico, un término que describe a los lagos cuyas capas de agua nunca se mezclan por completo, y entre el 60 % y el 70 % de su agua carece de oxígeno, según el estudio de 2023.
La mayoría de las especies animales vive en los 100 metros superiores, explicaba la Universidad Brown en 2010.
«El Tanganica es un lago realmente grande, tan grande que el aporte de nutrientes de los ríos es pequeño en relación con la demanda de las algas que forman la base de su cadena alimentaria», explicó en 2016 Jim Russell, entonces profesor asociado de Ciencias de la Tierra, Ambientales y Planetarias de la Universidad Brown, en una entrevista publicada por su universidad.
«En cambio, la mayor parte del suministro de nutrientes procede del reciclaje de los nutrientes almacenados en la enorme masa de agua fría del fondo del lago», añadió Russell. En la estación seca y fresca esa agua del fondo sube y se mezcla con la superficie, pero ese ascenso, llamado afloramiento, necesita que el agua de arriba esté fría.
El calentamiento ya ha dejado huella
Los sedimentos del fondo guardan la historia de ese equilibrio. En 2010, un equipo dirigido por la Universidad Brown reconstruyó 1500 años de temperatura del lago a partir de testigos de sedimento, cilindros de barro extraídos del lecho, y concluyó que los 26 °C medidos en superficie en 2003 eran el valor más alto de todo ese periodo.
«Nuestros datos muestran una relación constante entre la temperatura de la superficie del lago y la productividad (como las poblaciones de peces)», dijo entonces Jessica Tierney, recién doctorada en Brown y autora principal del trabajo en Nature Geoscience. «A medida que el lago se calienta, esperamos que la productividad disminuya, y esperamos que eso afecte a la industria [pesquera]», añadió.
En 2016, Andrew Cohen, catedrático distinguido de Geociencias de la Universidad de Arizona, publicó con su equipo en la revista PNAS que el fondo del lago con oxígeno, el hábitat de caracoles y otros animales que viven sobre el lecho, se había reducido un 38 % desde 1946.
«Las aguas superficiales más cálidas hacen que grandes partes del fondo del lago pierdan oxígeno, lo que mata a animales que viven en el fondo, como los caracoles de agua dulce», explicó Cohen en la nota de prensa de la Universidad de Arizona.
Cohen también discutió una explicación habitual del declive pesquero. «Hay quien dice que el problema de la pesquería del Tanganica son “demasiadas barcas de pesca”, pero nuestro trabajo muestra que el descenso de los peces viene produciéndose desde el siglo XIX», señaló.

Más de 10 millones de personas viven en su cuenca
En la cuenca del lago viven más de 10 millones de personas, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). ACARE calcula que su pesca rinde entre 165.000 y 200.000 toneladas al año, da trabajo a unas 100.000 personas y cubre entre el 25 % y el 40 % de las necesidades de proteína de alrededor de un millón de habitantes.
El lago alberga además unas 2000 especies de peces, plantas, crustáceos y aves, y unas 500 de ellas no existen en ningún otro lugar de la Tierra. La mitad de esas especies exclusivas son cíclidos, una familia de peces muy diversa en estas aguas.
En junio de 2026, la Autoridad del Lago Tanganica (LTA) validó en Kigoma (Tanzania) una evaluación de las tres principales especies comerciales de aguas abiertas, hecha por el Instituto de Investigación Pesquera de Tanzania (TAFIRI) en la estación seca de 2025 y la de lluvias de 2026. La biomasa media estimada, es decir, el peso total de esos peces en el lago, fue de 116.000 toneladas, un 62 % menos que en la evaluación de 1998.
Los cuatro países ribereños lanzaron en febrero de 2025 un proyecto de cinco años y 14,5 millones de dólares, financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, para proteger la biodiversidad y recuperar tierras degradadas. «Con este proyecto transformador estamos dando pasos concretos para revertir la pérdida de biodiversidad, promover una pesca sostenible y restaurar la salud del lago para las generaciones actuales y futuras», declaró Sylvain Tusanga Mukanga, director ejecutivo de la LTA, en el comunicado del PNUMA.
Lo que las cifras dejan abierto
Los volúmenes son estimaciones y varían según la fuente. El estudio de 2023 da 18.900 kilómetros cúbicos y ACARE 18.980, y la parte de las reservas mundiales de agua dulce en superficie que se atribuye al lago va del 15 % que citaba la Universidad Brown al 16 % del estudio de Sterckx. Los datos de la EPA para los Grandes Lagos, además, están medidos con el nivel del agua bajo.
La evaluación pesquera de 2026 tampoco reparte el descenso entre causas, y el comunicado de la LTA no detalla cuánto pesa la pesca y cuánto el clima. El equipo de Cohen reconocía en 2016 que la sobrepesca es una de las causas de la caída de las capturas.
Lo que venga dependerá de las emisiones. En el escenario más pesimista, conocido como RCP8.5, la superficie del lago se calentaría de media 3 ± 0,5 °C a finales de siglo y la mezcla que ventila el agua profunda de la cuenca sur acabaría por detenerse, según la simulación de Sterckx y sus colegas. «Nuestros resultados ponen de relieve los cambios extremos que probablemente afrontará el lago Tanganica si no se frenan las emisiones globales de gases de efecto invernadero», escriben los autores.
El estudio completo se ha publicado en Environmental Fluid Mechanics.
«Sabemos que este calentamiento está ocurriendo en otros lagos», dijo Cohen en 2016. «Creemos que el lago Tanganica es un indicador adelantado de este proceso».
Foto: NASA














