CO2

Parece una simple bolsa de tierra para las plantas, pero los expertos avisan: utilizar turba en el jardín puede liberar enormes cantidades de carbono

La turba de muchos sustratos para plantas puede liberar enormes cantidades de carbono, según alertan los expertos.

Parece una simple bolsa de tierra para las plantas, pero los expertos avisan: utilizar turba en el jardín puede liberar enormes cantidades de carbono

Comprar una bolsa de sustrato sin turba puede dar la sensación de que el problema está resuelto. Pero muchas plantas ornamentales, plantones, hierbas en maceta e incluso algunos alimentos han podido comenzar su vida en un medio con turba antes de llegar al vivero o al supermercado.

Ese rastro casi invisible explica por qué el debate británico vuelve a calentarse. El Gobierno mantiene su compromiso de prohibir la venta de turba y productos que la contengan, pero la última actualización oficial sigue sin fijar una fecha concreta, mientras las empresas que ya han cambiado reclaman las mismas reglas para todos.

Un almacén de carbono bajo los pies

La turba se forma cuando restos vegetales se acumulan durante siglos en terrenos empapados de agua, donde la descomposición avanza muy despacio. No es tierra corriente ni un material que pueda recuperarse al ritmo al que se extrae para llenar macetas.

Las turberas ocupan al menos el 3 % de la superficie terrestre, pero almacenan más carbono que toda la vegetación del planeta combinada, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Cuando se drenan, queman o excavan, parte de ese carbono vuelve a la atmósfera y un sumidero climático puede convertirse en una fuente de emisiones.

En Reino Unido guardan más de 3.000 millones de toneladas de carbono. También ayudan a regular el agua, reducir el riesgo de inundaciones y mantener hábitats poco comunes, pero alrededor del 80 % se encuentra degradado de una u otra forma. No es poca cosa.

La prohibición que nunca termina de llegar

Reino Unido lleva décadas intentando reducir la turba mediante compromisos voluntarios. En 1999 se marcó la meta de que la horticultura fuera un 90 % libre de turba en 2010, pero el objetivo no se cumplió y los plazos posteriores tampoco resolvieron el problema.

La consulta pública de 2022 dejó una señal difícil de ignorar. El 96 % de quienes respondieron apoyó una prohibición de la venta minorista y el 82 % consideró viable aplicarla antes de terminar 2024. Aun así, aquella fecha pasó sin que la norma entrara en vigor.

El Plan de Mejora Ambiental de 2025 volvió a prometer una ley, aunque añadió que llegaría “cuando el tiempo parlamentario lo permita”. El 16 de julio de 2026, el Gobierno informó de que sus funcionarios trabajan con Escocia, Gales e Irlanda del Norte en propuestas para una prohibición válida en todo Reino Unido, pero continúa sin publicar un calendario.

La turba oculta no está solo en las bolsas

Aquí aparece la parte que muchos consumidores no ven. Un compost puede llevar una etiqueta clara de “sin turba”, pero la planta comprada al lado quizá germinó en un pequeño taco con turba y después fue trasplantada a otro sustrato.

Algo parecido puede ocurrir con plantones hortícolas, champiñones, ensaladas, coles o hierbas vendidas en maceta. Eso no significa que el alimento contenga turba, sino que su producción pudo depender de ella en alguna fase. La información facilitada por horticultores y activistas muestra hasta qué punto este uso puede quedar escondido en la cadena de suministro.

Para aclarar esa zona gris, la Royal Horticultural Society utiliza la expresión “sin turba nueva”. Incluye plantas cultivadas completamente sin este material y ejemplares antiguos que ya contenían turba dentro del sistema productivo antes de terminar 2025, evitando destruir plantas que llevan años creciendo.

El sector ya ha demostrado que puede reducirla

Los datos muestran avances reales. En 2022, el volumen de turba utilizado en los sustratos británicos cayó por debajo del millón de metros cúbicos y casi se redujo a la mitad en un año, mientras su proporción en el mercado minorista bajó al 16,8 %.

La RHS dejó de vender compost con turba en 2019 y desde enero de 2026 aplica su política de “sin turba nueva” en jardines, tiendas, venta en línea y exposiciones. Además, desarrolla ensayos con siete fabricantes y ocho grandes productores que, en conjunto, cultivan alrededor de 143 millones de plantas al año.

El avance no es igual en toda la cadena. Los semilleros profesionales, los pequeños plantones importados y determinadas especies siguen planteando dificultades técnicas, por lo que algunos productores piden más tiempo. Pero otros viveros ya trabajan sin turba y demuestran que la transición no es una teoría.

Las alternativas existen, aunque no son automáticas

Los sustratos actuales pueden combinar corteza compostada, fibra de madera, fibra de coco, compost verde, lana, marga y arena. Su calidad ha mejorado, pero no todos retienen el agua o liberan nutrientes de la misma manera que la turba.

En la práctica, cambiar de mezcla también obliga a modificar algunos hábitos. Regar poco y con frecuencia puede funcionar mejor que empapar la maceta, y algunas plantas necesitan formulaciones específicas. Quien use el nuevo sustrato exactamente igual que el antiguo puede llevarse una decepción. Y eso se nota.

Las alternativas también tienen huella ambiental. La fibra de coco viaja largas distancias y fabricar fibra de madera consume energía, por lo que la solución más sólida pasa por mejorar las mezclas y aumentar materiales locales como cáñamo, corcho, compost, fibras vegetales o musgos cultivados en terrenos húmedos.

Lo que debe mirar ahora un comprador

La primera comprobación es sencilla. Conviene buscar “sin turba” en la bolsa y preguntar si la planta también se ha cultivado sin ella, especialmente cuando se compra en un vivero, un centro de jardinería o por internet.

La guía de la RHS recomienda elegir la mezcla adecuada para cada uso y consultar sistemas de abastecimiento responsable. Una planta acidófila, un semillero o una maceta de larga duración no necesitan exactamente lo mismo, del mismo modo que no se riega igual una tomatera que una planta carnívora.

Mientras los productores sin turba compitan con artículos más baratos cultivados con ella, algunos podrían volver atrás. Para los defensores de las turberas, la ley no es un gesto simbólico, sino la pieza que falta para convertir años de buenas intenciones en una norma estable.

El último informe oficial sobre el avance de la futura prohibición de la turba ha sido publicado en el Informe anual de progreso del Plan de Mejora Ambiental del Gobierno británico.

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