Eco América

El delfín rosado del Amazonas esquiva el caos de la selva inundada: gira el cuello 90 grados y usa un sonar preciso para encontrar comida donde nadie más puede

El delfín rosado del Amazonas gira el cuello hasta 90 grados y usa un sonar extraordinario para cazar en la selva inundada.

El delfín rosado del Amazonas esquiva el caos de la selva inundada: gira el cuello 90 grados y usa un sonar preciso para encontrar comida donde nadie más puede

En plena temporada de lluvias, el Amazonas no se comporta como un río cualquiera. El agua entra en la selva, cubre raíces, troncos y ramas, y convierte el bosque en un laberinto oscuro donde la vista sirve de poco. Es ahí donde el delfín rosado de río (Inia geoffrensis) muestra una de sus mayores ventajas: un cuerpo flexible, vértebras cervicales no fusionadas y una cabeza capaz de moverse con una libertad poco habitual en otros delfines.

La conclusión es sencilla, pero sorprendente. Este animal no depende solo de nadar rápido, sino de maniobrar bien y de escuchar mejor. Su biosonar de corto alcance le permite orientarse y buscar alimento en aguas turbias, justo donde para muchos otros depredadores el bosque inundado sería casi una trampa. Y eso no es poca cosa.

Un cuello que cambia la caza

La gran diferencia del delfín rosado está en el cuello. En muchos delfines marinos, las vértebras cervicales están más limitadas, pero en el boto no están fusionadas. Eso le permite mover la cabeza en distintas direcciones y ajustar mejor cada giro entre ramas y obstáculos.

¿Qué significa esto en la práctica? Que no siempre necesita girar todo el cuerpo para mirar, esquivar o buscar una presa escondida. En un espacio estrecho, como una zona de selva inundada, ese detalle puede marcar la diferencia entre alimentarse o gastar energía de más.

Sus aletas pectorales también ayudan. Son anchas, articuladas y funcionan casi como paletas de precisión. Gracias a ellas puede avanzar despacio, retroceder y corregir la dirección en espacios donde un cuerpo más rígido tendría muchos más problemas.

El sonar que ve bajo el agua

En las aguas amazónicas, la visibilidad cambia mucho por los sedimentos, la materia orgánica y la propia dinámica del río. Para un animal que necesita cazar peces, mirar no siempre basta. Por eso el delfín rosado usa la ecolocalización, emitiendo clics que rebotan en objetos y presas antes de volver como información acústica.

Un estudio publicado en Journal of Experimental Biology registró 404 clics de biosonar en delfines rosados salvajes y calculó una frecuencia central media de unos 101,2 kHz. Los investigadores concluyeron que estos animales usan un biosonar de alta frecuencia y corto alcance, adecuado para ambientes poco profundos, llenos de obstáculos y con mucha reverberación.

Dicho de forma simple, el delfín no ilumina el río con los ojos, sino con sonido. En lugar de una imagen limpia, recibe ecos. Y a partir de esos ecos interpreta si delante hay un pez, un tronco o una zona por la que conviene no pasar.

La selva que se inunda

El comportamiento del delfín rosado cambia con el ciclo del agua. Cuando llega la estación húmeda, el río crece y abre nuevas rutas hacia la várzea, el bosque inundable amazónico. Es un comedor temporal, lleno de peces y refugios, pero también de obstáculos.

Un trabajo de Scientific Reports utilizó monitorización acústica pasiva y redes neuronales para seguir la presencia del boto y del tucuxi en la Reserva Mamirauá, en Brasil. El estudio detectó presencia de delfines en cuatro áreas y señaló picos de actividad compatibles con la entrada estacional de los animales en la várzea.

Además, los investigadores encontraron registros regulares dentro del bosque inundado. Esto es importante porque esas zonas siguen siendo difíciles de estudiar y pueden ser especialmente relevantes para hembras y crías. El bosque, cuando se llena de agua, también se convierte en refugio.

No todo es adaptación

La biología del delfín rosado es extraordinaria, pero no lo protege de todo. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo clasifica como especie en peligro, una categoría que refleja la presión creciente sobre los grandes ríos tropicales.

Entre las amenazas más citadas aparecen los enredos en redes de pesca, la captura para usarlo como cebo, la pérdida de conectividad por presas, la minería, la contaminación por mercurio, la deforestación y la sobrepesca. También se advierte del aumento de amenazas como la pérdida de conectividad fluvial, las represas, la contaminación por mercurio y la captura accidental.

Aquí está el problema de fondo. Un animal adaptado durante miles de años a seguir el pulso natural del río se encuentra ahora con barreras, redes, ruido, barcos y sustancias tóxicas. El reloj ecológico corre más deprisa que muchas decisiones políticas.

Lo que pide la ciencia

Los estudios acústicos no sirven solo para saber cómo caza este delfín. También ayudan a saber por dónde se mueve, cuándo entra en los bosques inundados y qué zonas deberían protegerse mejor. En ríos tan grandes y cambiantes, escuchar puede ser más eficaz que mirar.

La monitorización pasiva permite detectar clics de ecolocalización sin perseguir a los animales ni molestarlos. En el estudio de Mamirauá, el sistema clasificó clics de delfines y pasos de barcos con una precisión media alta, y además detectó solapamientos entre presencia de embarcaciones y delfines.

En la práctica, esto puede ayudar a ordenar rutas de navegación, reducir conflictos con la pesca y diseñar áreas de protección en momentos clave del año. No se trata solo de salvar a un animal bonito. Se trata de mantener vivo el funcionamiento de todo un río.

Un símbolo del Amazonas

El delfín rosado se ha convertido en uno de los animales más conocidos de la fauna amazónica, pero su historia no debería quedarse en la rareza de su color. Su verdadero valor está en lo que cuenta sobre el ecosistema. Si el río pierde peces, conectividad y calidad del agua, el boto lo nota antes que muchos humanos.

También es un recordatorio incómodo. La selva inundada puede parecer un paisaje lejano para quien vive en España, pero de ella dependen biodiversidad, clima, comunidades locales y una parte esencial del equilibrio del planeta. Lo que ocurre allí no se queda allí.

Por eso, proteger al delfín rosado implica proteger ríos libres, pesca sostenible y bosques que todavía se inundan al ritmo que marca la naturaleza. 

El estudio de referencia sobre su biosonar ha sido publicado en Journal of Experimental Biology.

Relacionados