El glaciar más emblemático del mundo está perdiendo hielo a un ritmo que la ciencia no había podido medir hasta ahora con 1200 fracturas en 45 días y los investigadores confirman que esto no ha hecho más que empezar

Publicado el: 8 de junio de 2026 a las 12:35
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Desprendimiento de hielo en el glaciar Perito Moreno durante el estudio que detectó más de 1.200 fracturas en 45 días

El glaciar Perito Moreno, uno de los grandes símbolos helados de la Patagonia, acaba de mostrar una cara que el turista no siempre ve desde las pasarelas. Un estudio liderado por investigadores de la Universidad Católica de Chile y la Universidad de Magallanes ha detectado más de 1.200 desprendimientos de hielo en apenas mes y medio, gracias a una combinación de sismómetros, cámaras de intervalo y datos satelitales.

La clave no está solo en la cifra. Lo importante es que esas fracturas no aparecieron repartidas al azar por el frente del glaciar, sino concentradas en zonas donde el hielo se deforma más y se mueve con mayor velocidad. Dicho de otra forma, el Perito Moreno no solo cruje, también deja pistas de dónde puede romperse con más facilidad.



Un glaciar que no calla

A simple vista, un desprendimiento de hielo parece un espectáculo aislado. Se oye el estruendo, cae el bloque al lago y después todo vuelve a parecer quieto. Pero bajo esa calma aparente hay vibraciones, fracturas y pequeños golpes que se repiten mucho más de lo que se puede captar con una cámara o con el ojo humano.

El sismólogo Leoncio Cabrera, académico de Ingeniería Estructural y Geotécnica de la UC, lo resumió con una frase muy gráfica. Según explicó, el trabajo permitió entender que «cae más hielo de lo que se puede ver». Y eso cambia bastante la forma de mirar un glaciar.



Cómo escucharon el hielo

El equipo no se limitó a mirar fotos del glaciar. Primero sincronizó registros sísmicos con imágenes tomadas entre el 24 de noviembre y el 31 de diciembre de 2018, y después usó señales ya identificadas para buscar eventos parecidos en toda la serie de datos. Así se construyó un catálogo con 1.230 desprendimientos.

La idea se parece, en cierta medida, a reconocer una canción por unos pocos segundos de sonido. Si un bloque de hielo cae y produce una señal sísmica concreta, el sistema puede rastrear vibraciones similares que antes habrían pasado desapercibidas. No es magia, es paciencia científica con buenos sensores.

No caen donde sea

El resultado más llamativo es que las caídas de hielo se agruparon en dos zonas sensibles del frente glaciar. Estas áreas coincidían con curvas marcadas del frente y, en uno de los casos, con una velocidad más alta del hielo en superficie. Es decir, la forma del glaciar y su movimiento parecen influir en dónde se vuelve más inestable.

En términos sencillos, no todas las partes del frente soportan la misma tensión. Algunas zonas se doblan, empujan o avanzan de una manera que favorece la aparición de grietas. Como ocurre con una pared agrietada, no basta con mirar el golpe final, hay que entender dónde se acumula el esfuerzo.

Esto no significa que los científicos puedan decir con exactitud cuándo caerá cada bloque. Los glaciares son sistemas complejos y cambian con el tiempo, el agua, la temperatura y su propio movimiento interno. Pero sí permite afinar mucho mejor el mapa de las zonas más activas. No es poca cosa.

Por qué importa ahora

Los desprendimientos de hielo son una de las formas más visibles de pérdida de masa en muchos glaciares. En el caso del Perito Moreno, además, hablamos de un lugar con enorme valor ambiental, científico y turístico, dentro del Parque Nacional Los Glaciares, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1981.

¿Qué significa esto en la práctica para quien vive lejos de la Patagonia? Que los glaciares no son simples postales congeladas. Funcionan como reservas de agua, reguladores del paisaje y sensores naturales de los cambios ambientales. Cuando se rompen de forma constante, están contando algo.

El estudio no dice que el Perito Moreno vaya a desaparecer de un día para otro. Tampoco convierte cada caída de hielo en una catástrofe. Lo que sí muestra es que estas masas heladas están en movimiento continuo y que medirlas bien es fundamental para saber cómo responden al calentamiento global.

Sensores que trabajan de noche

Una ventaja enorme de los sismómetros es que no necesitan luz ni cielo despejado. Pueden registrar vibraciones durante una tormenta, de noche o en zonas donde una cámara no ve nada. Cabrera explicó que estos instrumentos permiten «sentir» cómo se rompe el glaciar en tiempo real.

En la práctica, es como colocar un estetoscopio sobre el hielo. Las imágenes enseñan la superficie, pero los sensores sísmicos captan el golpe, la fractura y la señal que deja el desprendimiento. Para un lugar remoto, frío y cambiante, esa diferencia puede ser decisiva.

Además, esta forma de observación ofrece datos cada hora, cada minuto o incluso en segundos, según la configuración del sistema. Frente a los satélites, que dependen de su paso y de la visibilidad, la sismología aporta una escucha continua. El glaciar habla más veces de las que lo miramos.

Lo que falta por saber

Hay un matiz importante. Los datos analizados proceden de 2018, aunque el estudio se ha publicado ahora. Por eso no conviene convertir esos 1.230 eventos en una cifra fija para todos los meses o todos los años. Es una fotografía detallada de un periodo concreto.

Aun así, el método abre una puerta muy valiosa. Si se combina con cámaras, satélites y nuevas campañas de campo, puede ayudar a seguir la evolución de glaciares que antes solo podían estudiarse a saltos. Ahí está la brújula para los próximos años.

El interés va más allá del Perito Moreno. La criosismología, que utiliza señales sísmicas para estudiar hielo y glaciares, puede convertirse en una herramienta clave para entender ambientes fríos y de difícil acceso. Y en un planeta que se calienta, cada dato cuenta.

Una alerta para mirar mejor

La imagen del Perito Moreno desprendiendo grandes bloques de hielo seguirá impresionando. Pero ahora sabemos que el verdadero relato no está solo en el gran estruendo que escucha el visitante, sino en cientos de señales más pequeñas que los sensores han podido registrar.

El mensaje de fondo es claro. Para proteger y entender los glaciares no basta con fotografiarlos de vez en cuando, hay que seguir su pulso.

El estudio completo ha sido publicado en Journal of Geophysical Research.

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ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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