Un grupo de investigadores de Virginia Tech y de Texas Tech University realizó un experimento inédito para 182 equipos formados por perros de compañía y sus propietarios, que sintetiza de algún modo el valor de los perros de compañía para rastrear masas de huevos de la mosca linterna con manchas, una especie invasora que causa un daño muy grave a los viñedos, cultivos de frutas y bosques de Estados Unidos.
El objetivo de esta investigación era precisamente demostrar que los perros domésticos, una vez entrenados para esta tarea, podían detectar una fase del insecto que es muy inerte y sorprendentemente camuflada previo a su eclosión. Los resultados (publicados en PeerJ) abren las puertas a una nueva forma de detección temprana.
Una plaga que viaja escondida
Detectada por primera vez en el estado de Pensilvania en 2014, la mosca linterna con manchas es un insecto que se alimenta succionando la savia de las plantas y excretando un líquido glucosado que resulta en la formación de una neblina de moho negro. De hecho, el verdadero reto para parar su propagación está en los huevos, ya que las hembras hacen agrupaciones de sus huevos de entre 30 y 50 unidades, recubiertas de una sustancia que puede confundirse muy fácilmente con barro seco.
Esas masas quedan adheridas a troncos, vehículos, leña, o maquinaria industrial de modo que posibilitan que se propague la plaga durante miles de kilómetros escondida.
Como no hay suficientes perros de detección profesionales como para inspeccionar cada uno de los lugares de riesgo, la investigación decidió recurrir a voluntarios de la comunidad.
Entrenar sin propagar la plaga
El proyecto eligió 182 perros (en el caso labradores, pastores alemanes, border collies y perros mestizos), cuyos propietarios ya tenían experiencia previa en deportes de olfato. Para prevenir que el transporte de muestras indujera de forma accidental nuevas infestaciones, las mascotas fueron entrenadas durante meses con huevos desvitalizados, los cuales habían sido sometidos a un tratamiento químico para impedir su nacimiento, pero manteniendo su olor característico.
Los resultados mostraron el enorme potencial del olfato canino, aunque con claras matizaciones:
- Pruebas de laboratorio: 104 equipos realizaron la prueba controlada de reconocimiento de olor y 77 la superaron, detectando casi el 82 % de los objetivos.
- Búsquedas en exteriores: Dentro de entornos reales (con distracciones y olores del entorno), la sensibilidad bajó al 58 %.
- Prueba con huevos vivos: 22 de los 24 equipos que lograron llegar a la fase final lograron reconocer las muestras viables, localizando 8 de cada 10 objetivos.
Una red para detectar antes
Pese al éxito, los autores del estudio resaltan que la iniciativa es una prueba de concepto y no una red operativa a punto para ser implantada de forma inmediata. El experimento también hubiese requerido un alto índice de abandonos iniciales por falta de tiempo de los voluntarios y la eficacia se reduce sensiblemente fuera de entornos controlados.
La idea no es sustituir a los inspectores ni a perros profesionales, sino construir unas brigadas ciudadanas que ayuden a inspeccionar viñedos, almacenes de madera y vehículos de zonas en riesgo. Encontrar estas masas y extraerlas a tiempo es la mejor baza para frenar la plaga antes de que empiece con el daño.
El estudio principal se ha publicado en PeerJ.



