En la montaña Traidersberg, en el municipio austriaco de St. Peter-Freienstein, un antiguo pastizal se ha convertido en una central solar de gran tamaño. La imagen llama la atención porque no son solo placas fotovoltaicas. Entre los paneles también pastan cientos de ovejas, que hacen un trabajo sencillo pero clave, mantener a raya la hierba sin recurrir a maquinaria pesada.
La planta PV Traidersberg ya está en funcionamiento desde 2025 y ha sido presentada como una pieza más en el camino hacia una industria del acero con menos emisiones. La electricidad solar se queda en la región y uno de los grandes puntos de interés está muy cerca, la planta de voestalpine en Donawitz, que prepara la entrada de un horno de arco eléctrico a partir de 2027 dentro de su programa greentec steel.
Una central entre pastos
El proyecto ha sido desarrollado por PV Traidersberg GmbH, filial del grupo Windheimat, en una zona situada entre 880 y 960 metros de altitud. No es un detalle menor. A esa altura, el terreno suele quedar por encima de la niebla en los meses fríos, justo cuando la demanda eléctrica aprieta más y cualquier kilovatio cuenta.
La instalación es una planta agrovoltaica. En la práctica, esto significa que el suelo no se dedica solo a producir energía, sino que sigue teniendo uso agrícola. Es una idea simple, pero bastante potente, porque evita que el campo se convierta en una superficie muerta bajo las placas.
Windheimat habla de 61.200 módulos solares, una potencia total de 27,8 MWp, una inversión de 16,5 millones de euros y puesta en marcha en 2025. En su ficha técnica oficial calcula un rendimiento de 30 millones de kWh al año, mientras que en su actualización del 16 de junio de 2026 eleva la previsión a unos 32 GWh anuales.
Electricidad para acero
La cifra puede sonar abstracta, pero ayuda ponerla en casa. Esos 30 o 32 GWh al año se mueven en una escala suficiente para cubrir, de forma teórica, las necesidades de miles de hogares. Además, la planta ocupa 26,8 hectáreas valladas y cuenta con 73 inversores y cuatro estaciones transformadoras dobles.
El punto fuerte del proyecto no está solo en producir electricidad renovable. Está en producirla cerca de donde se va a necesitar. La acería de Donawitz tiene por delante una transformación enorme, porque cambiar parte de la producción basada en carbón por hornos eléctricos exige mucha electricidad limpia y una red capaz de soportarla.
voestalpine explica que su programa greentec steel prevé poner en marcha hornos de arco eléctrico alimentados con electricidad verde en Linz y Donawitz desde 2027. La compañía calcula que esta primera fase permitirá reducir sus emisiones de CO₂ alrededor de un 30 % en 2029 respecto a 2019, lo que equivaldría a ahorrar hasta 4 millones de toneladas de CO₂ al año. No es poca cosa.
Las ovejas hacen su parte
Aquí entra la parte más llamativa de la historia. Entre abril y octubre, unas 400 ovejas y corderos de los agricultores locales Thomas y Bianca Pirker pastan dentro del recinto. Ellas se encargan de cortar la hierba a su manera, sin ruido, sin gasóleo y sin compactar tanto el suelo como lo haría una máquina pesada.
Los paneles también les devuelven el favor. En los días de calor, las ovejas usan las placas como sombra, algo nada despreciable cuando el verano se pone pegajoso. Para los episodios de mal tiempo se ha construido además un establo propio, de modo que el uso energético no borra del mapa el uso ganadero.
Los agricultores revisan los animales a diario con ayuda de su Border Collie, Joy. Bianca Pirker lo resume entre risas, «Joy hace la mayor parte del trabajo». Y añade que la perra necesita tener algo que hacer, porque si no se buscaría otra ocupación. Detalles así explican mejor que cualquier folleto qué significa de verdad juntar energía y campo.
Menos máquinas y más biodiversidad
El objetivo no es solo ahorrar trabajo de siega. Según la información del proyecto, el pastoreo suave ayuda a mantener prados con más variedad de plantas y reduce la necesidad de entrar con maquinaria pesada bajo los módulos. Para un terreno que antes tenía un uso más intensivo, el cambio puede ser importante si se gestiona bien.
Durante la construcción se conservaron elementos naturales valiosos, como antiguos árboles frutales. También se han plantado franjas de flores silvestres para polinizadores, se han instalado cajas nido para aves y perchas para rapaces, y se han dejado montones de madera vieja como refugio para pequeños animales. Son medidas pequeñas vistas una a una, pero juntas pueden marcar la diferencia.
¿Convierte esto cualquier macroplanta solar en buena para la biodiversidad? No necesariamente. Cada proyecto depende del lugar, del diseño y del mantenimiento. Pero Traidersberg muestra una vía interesante, producir electricidad renovable sin expulsar por completo la vida agrícola del terreno.
Por qué importa este modelo
La agrovoltaica no resuelve por sí sola el enorme reto de descarbonizar la industria pesada. Fabricar acero sigue siendo una actividad intensiva en energía y materiales. Pero sí ayuda en algo concreto, acercar electricidad renovable a los puntos donde más falta hace.
En el fondo, el proyecto cuenta una historia más grande. La transición energética no va solo de poner placas solares, sino de integrarlas con redes, fábricas, suelos agrícolas, paisaje y empleo local. Ahí es donde se gana o se pierde parte del apoyo social.
En Traidersberg, la electricidad sale del sol, el mantenimiento lo hacen ovejas y el destino principal apunta a una acería que quiere reducir emisiones. Suena casi demasiado redondo, pero las cifras, los plazos y la gestión diaria serán los que digan hasta dónde llega realmente este modelo.
El comunicado oficial de Windheimat sobre la planta PV Traidersberg ha sido publicado en la ficha técnica del proyecto.



