El 13 de abril de 2029, el asteroide 99942 Apophis pasará a menos de 32 000 kilómetros de la superficie de la Tierra. Es una distancia extraordinaria, más cerca que muchos satélites en órbita geosincrónica, pero la conclusión principal es clara. No hay riesgo de impacto.
La roca espacial mide unos 340 metros de diámetro medio según la NASA, aunque la ESA la describe como un objeto de unos 375 metros. En cualquier caso, hablamos de un asteroide lo bastante grande como para que su paso sea considerado un acontecimiento científico muy raro. Y eso se nota.
La cifra que importa
Apophis no pasará a millones de kilómetros, como ocurre con muchos asteroides que aparecen en los titulares. Su sobrevuelo será mucho más cercano. La NASA sitúa el acercamiento en unas 20.000 millas, equivalentes a unos 32.000 kilómetros desde la superficie terrestre.
Para hacerse una idea, muchos satélites geosincrónicos se encuentran a unos 36.000 kilómetros de altitud. Apophis pasará por debajo de esa referencia. No es poca cosa, aunque eso no significa que vaya a rozar la Tierra ni que represente una amenaza para las personas, los satélites o los astronautas.
Por qué ya no preocupa
Cuando Apophis fue descubierto en 2004, las primeras estimaciones sí causaron inquietud. En aquel momento se barajó una pequeña posibilidad de impacto en 2029, 2036 o 2068. Era lógico que los astrónomos lo siguieran con lupa, porque no todos los días aparece un objeto de este tamaño en una órbita tan cercana.
La situación cambió con nuevas observaciones ópticas y de radar. En 2021, la NASA explicó que los cálculos ya descartaban un impacto durante al menos 100 años. Davide Farnocchia, del Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA, lo resumió así. «Un impacto en 2068 ya no está dentro de lo posible».
Esto también ayuda a entender una expresión que suele confundir. Que Apophis sea un asteroide «potencialmente peligroso» no quiere decir que vaya a chocar. Significa que, por su tamaño y su órbita, los científicos deben vigilarlo con especial atención.
Un laboratorio natural
Lo más interesante de Apophis no es el miedo, sino la oportunidad. Cuando pase tan cerca, la gravedad terrestre tirará de él, lo estirará, lo comprimirá y puede cambiar ligeramente su rotación. Incluso podría provocar pequeños movimientos de material en su superficie.
¿Qué significa esto en la práctica? Que la Tierra hará, sin tocarlo, algo parecido a un experimento natural. Si el asteroide cambia de forma, de giro o de brillo, los investigadores podrán deducir detalles sobre su interior, su densidad y la forma en la que está unido su material.
Patrick Michel, investigador del CNRS citado por la ESA, lo explicó con una imagen muy sencilla. «Por primera vez, la naturaleza nos trae uno y realiza el experimento por sí misma». Esa es la clave del sobrevuelo. No se trata solo de mirar una roca pasar, sino de ver cómo responde cuando la gravedad de un planeta la sacude.
Se podrá ver desde la Tierra
La ESA señala que Apophis será visible a simple vista durante un breve periodo desde partes de Europa, África y Asia, siempre que el cielo esté despejado y oscuro. No será como ver la Luna ni un cometa espectacular con cola. Más bien parecerá un punto que se mueve entre las estrellas.
Para muchos lectores en España, esto abre una posibilidad curiosa. Quizá no haga falta un gran telescopio para saber que Apophis está ahí arriba. Aun así, la visibilidad exacta dependerá de la hora, la contaminación lumínica, la meteorología y las cartas de observación que se publiquen cuando se acerque la fecha.
Las misiones que lo seguirán
La NASA ya ha redirigido la misión OSIRIS-APEX hacia Apophis. Es la nave que antes se llamaba OSIRIS-REx y que trajo muestras del asteroide Bennu a la Tierra en 2023. Su nuevo objetivo será estudiar Apophis después del encuentro cercano con nuestro planeta.
La ESA también prepara la misión Ramses, diseñada para encontrarse con Apophis antes del sobrevuelo y acompañarlo durante el paso junto a la Tierra. La idea es comparar el antes y el después. En el fondo, se busca entender qué le hace la gravedad terrestre a un asteroide real, no a una simulación en un ordenador.
Estos datos son importantes para la defensa planetaria. Si algún día se detecta un asteroide peligroso de verdad, no bastará con saber que viene. Hará falta conocer su estructura, su masa, su porosidad y cómo reaccionaría si intentamos desviarlo. Ahí entra Apophis.
Lo que hay que tener en cuenta
El paso de Apophis no debe leerse como una alerta de fin del mundo. La fecha, viernes 13 de abril de 2029, ayuda a que muchos titulares suenen más misteriosos de lo necesario, pero la ciencia no trabaja con supersticiones. Trabaja con mediciones.
También conviene vigilar las cifras. No es lo mismo decir 20 000 millas que 20.000 kilómetros. La cifra oficial manejada por la NASA equivale a unos 32.000 kilómetros desde la superficie terrestre, una distancia muy cercana en términos astronómicos, pero segura para la Tierra.
Apophis será uno de esos momentos en los que el cielo nos recuerda que vivimos en un vecindario cósmico activo. Esta vez no viene como amenaza, sino como una oportunidad para aprender. Y eso, para la ciencia, vale oro.
El comunicado oficial con los datos actualizados sobre el asteroide 99942 Apophis ha sido publicado por la NASA.









