Científicos proponen ‘atrapar’ al objeto interestelar 3I/ATLAS que podría quedar atrapado en nuestro sistema solar

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Publicado el: 2 de marzo de 2026 a las 20:44
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Imagen del cometa interestelar 3I/ATLAS captada por el telescopio Hubble mostrando su coma azulada.

El tercer visitante interestelar que hemos visto de cerca ya se está alejando del Sistema Solar a más de 60 kilómetros por segundo. En principio suena a “tren perdido para siempre”. Aun así, un nuevo estudio plantea una misión que podría alcanzar al cometa 3I/ATLAS con cohetes químicos actuales, usando una maniobra extrema cerca del Sol y un lanzamiento en 2035 que permitiría un encuentro varias décadas después.

Qué es 3I/ATLAS y por qué importa

3I/ATLAS es el tercer objeto conocido que llega desde fuera de nuestro Sistema Solar, después de 1I/ʻOumuamua y 2I/Borisov. Su órbita es hiperbólica, lo que confirma que no está ligado al Sol y que, una vez se marche, no volverá.

Fue descubierto el 1 de julio de 2025 por el telescopio de la encuesta ATLAS en Chile, financiado por NASA. Más tarde se confirmó que venía del espacio interestelar. El cometa pasó más cerca del Sol a finales de octubre de 2025, a unas 1,4 unidades astronómicas, algo por dentro de la órbita de Marte, y su aproximación mínima a la Tierra será de unos 270 millones de kilómetros, así que no supone ningún riesgo para nuestro planeta.

En tamaño, las observaciones con el telescopio espacial Hubble apuntan a un núcleo de hasta unos cinco kilómetros como máximo, quizá bastante menor, envuelto en una nube de polvo, agua, dióxido de carbono y moléculas orgánicas.

Por qué se nos pasó la “ventana buena”

El problema es el momento. Para cuando supimos que 3I/ATLAS estaba ahí, el cometa ya había cruzado la órbita de Júpiter y había dejado atrás el punto óptimo para lanzar una sonda que lo interceptara de frente. Los cálculos de Adam Hibberd y su equipo muestran que la mejor fecha para una misión directa, con trayectoria “clásica” desde la Tierra, habría sido anterior al propio descubrimiento del objeto.

Incluso una arquitectura tipo Comet Interceptor de la Agencia Espacial Europea (ESA), con una sonda esperando en el punto de Lagrange L2 del sistema Tierra Sol, lo habría tenido muy difícil para generar el cambio de velocidad necesario. El cometa va demasiado rápido y en una órbita muy inclinada respecto al plano donde se mueven nuestros planetas.

En palabras de Hibberd, traducidas de su explicación al medio Universe Today, 3I/ATLAS fue detectado “demasiado tarde”, cuando ya estaba dentro de la órbita de Júpiter y con una velocidad en exceso de 60 km por segundo, lo que hace inviable alcanzarlo con un simple empujón desde la Tierra.

La maniobra cerca del Sol

Aquí entra en juego el llamado efecto Oberth. En resumen, un motor de cohete rinde mejor si se enciende cuando la nave ya se mueve muy deprisa. Es parecido a dar un empujón a un columpio justo en el punto más bajo de su recorrido, el momento en que va más rápido.

El plan propuesto combina varias piezas. Primero habría un lanzamiento desde la Tierra y una ayuda gravitatoria de Júpiter que “gire” la trayectoria de la nave hacia el interior del Sistema Solar. Después, la sonda caería muy cerca del Sol, hasta unas 3,2 veces el radio solar. Allí soportaría un flujo de radiación varias veces superior al que ve la misión Parker Solar Probe y necesitaría un escudo térmico especializado.

En ese punto de máxima velocidad se encenderían uno o varios propulsores de combustible sólido con un impulso total de unos 8,36 kilómetros por segundo. La combinación de la caída hacia el Sol y ese “último empujón” catapultaría la nave hacia el exterior, en la misma dirección general en la que huye 3I/ATLAS.

Por qué el año clave es 2035

Los autores han usado el programa OITS, desarrollado por la propia Initiative for Interstellar Studies, para explorar miles de trayectorias posibles entre 2031 y 2037. Con esas simulaciones concluyen que 2035 es el año en que la alineación entre la Tierra, Júpiter, el Sol y el cometa permite la combinación más razonable entre combustible necesario, requisitos del cohete y tiempo de viaje.

En el mejor escenario, el encuentro con 3I/ATLAS se produciría entre 35 y 50 años después del despegue. Es decir, hablamos de una misión que despegaría en la próxima década y llegaría ya bien avanzado el siglo, posiblemente con otra generación de científicos al mando.

Según el estudio, un lanzador pesado como Starship Block 3 de SpaceX repostado en órbita baja podría enviar en esta trayectoria unas decenas de toneladas, suficientes para la sonda, las etapas sólidas del impulso final y un escudo térmico robusto. De esa masa total, los investigadores estiman que podrían quedar varios cientos de kilos de carga útil científica, comparable a la que llevó la sonda New Horizons a Plutón.

Qué ganaríamos científicamente

Los cometas y asteroides son material “sobrante” de la formación de los sistemas planetarios. En el caso de 3I/ATLAS, esa materia procede de otra estrella, quizá de una región muy distinta de nuestra galaxia. Analizar de cerca sus hielos, su polvo y sus moléculas orgánicas equivale, en buena medida, a tomar una muestra directa de ese sistema lejano sin tener que viajar años luz.

Además, la trayectoria hiperbólica y la composición de la coma ayudan a entender cómo se expulsan estos cuerpos de sus sistemas de origen y qué tipos de planetas pueden haber interactuado con ellos. Datos así son oro puro para los modelos que intentan explicar cómo se forman y evolucionan los mundos que hoy estudiamos con telescopios como James Webb.

Algunos expertos recuerdan que, con los nuevos observatorios que llegarán en los próximos años, veremos más cometas interestelares y quizá alguno más fácil de alcanzar. Por eso se cuestionan si merece la pena centrar tantos recursos solo en 3I/ATLAS. Sin embargo, las técnicas de maniobra solar y de diseño de trayectorias que se están afinando con este estudio podrían abrir la puerta a misiones futuras hacia otros objetivos muy lejanos del Sistema Solar.

En cualquier caso, la propuesta tiene algo de mensaje en botella entre generaciones. Una sociedad que hoy se preocupa por la crisis climática y por reducir emisiones de gases de efecto invernadero también puede decidir invertir en una sonda que, dentro de medio siglo, se acerque a un cometa que nació alrededor de otra estrella. Es ciencia a fuego lento.

El estudio técnico detallado, firmado por Adam Hibberd, T. Marshall Eubanks y Andreas Hein, ha sido publicado como preprint en “Journal of the British Interplanetary Society” y está disponible en arXiv.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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