Un rorcual común hembra de unos 9 metros de longitud y unas 6,5 toneladas apareció sin vida en un espigón de la bocana del Real Club Náutico de Valencia. El hallazgo lo hizo una embarcación de la Fundación Azul Marino, que avisó de inmediato a la Red de Varamientos de la Comunitat Valenciana y ayudó a trasladar el cuerpo a una zona accesible para los equipos técnicos.
Hasta el lugar acudieron veterinarios de la Fundación Oceanogràfic, técnicos de la Universitat de València, agentes medioambientales del Ministerio para la Transición Ecológica y personal del propio club náutico, con apoyo logístico de la empresa Valencia Charter. Sobre el muelle, en una zona donde normalmente solo se ven veleros y lanchas de recreo, el cuerpo de este “gigante del Mediterráneo” recordaba que compartimos espacio con fauna mucho mayor de lo que parece.
Los veterinarios han confirmado que se trata de un rorcual común (Balaenoptera physalus), la segunda ballena más grande del planeta, solo por detrás de la ballena azul. Esta especie forma parte de la fauna habitual del mar Mediterráneo español, donde utiliza zonas de paso y alimentación mar adentro. Lo que no es habitual es encontrarla muerta en una infraestructura portuaria tan cercana a la costa, algo que enciende todas las alarmas científicas.
La necropsia, que se realiza siguiendo los protocolos para grandes cetáceos, permitirá evaluar el estado general del animal, la condición corporal y la presencia de posibles lesiones internas o externas. En casos similares se investigan signos de colisión con embarcaciones, interacción con artes de pesca, infecciones o ingestión de plásticos. Los resultados pueden tardar, pero son la única forma de pasar de la sospecha al dato medido.
En paralelo, los científicos recuerdan que el rorcual común en el Mediterráneo está sometido a varias presiones que se solapan. Informes recientes del proyecto LIFE IP INTEMARES señalan entre las principales amenazas la colisión con grandes buques en rutas muy transitadas, el ruido submarino generado por motores y sonares y la contaminación química que se acumula en la cadena trófica. ¿Qué ocurre cuando un animal que puede superar las 20 toneladas comparte ruta con ferris, cargueros y cruceros que entran y salen sin descanso de nuestros puertos?
Por eso cada varamiento de un gran cetáceo es también una “caja negra” ecológica. De cómo se documente este caso dependerán mejores protocolos de navegación, límites de velocidad en zonas sensibles y medidas de gestión para reducir el ruido y el riesgo de choque en corredores clave del Mediterráneo. No es un simple incidente aislado. Es un síntoma que obliga a mirar la salud del mar como un todo.
Queda ahora esperar a lo que confirme el laboratorio. Mientras tanto, la recomendación para cualquier persona que navegue o pasee por la costa es clara. Ante el avistamiento de un gran cetáceo herido o varado, no acercarse con la embarcación y avisar de inmediato al 112 o a la red autonómica de varamientos.
La comunicación oficial sobre esta intervención y la necropsia del rorcual común ha sido difundida por la Fundación Oceanogràficen sus canales.







