Durante años hemos repetido que Marte (Mars) era un mundo frío y casi fósil, con un interior apagado desde hace millones de años. Un nuevo estudio internacional, apoyado en datos de orbitadores de la NASA, acaba de poner matices importantes a esa idea. Según este trabajo, uno de los sistemas volcánicos más jóvenes del planeta, situado al sur de Pavonis Mons en la región de Tharsis, estuvo alimentado durante mucho tiempo por un sistema de magma profundo y cambiante, no por una única erupción puntual.
En la práctica, esto significa que Marte mantuvo un interior caliente y dinámico más tiempo del que se pensaba en un principio. No es un detalle menor. Si el motor interno sigue funcionando, aunque sea a cámara lenta, la historia geológica del planeta rojo se vuelve mucho más larga y compleja de lo que sugerían las postales de libro de texto.
Un volcán que no era tan simple
El equipo, con investigadores de la Universidad Adam Mickiewicz, la University of Iowa y el Lancaster University, se centró en un campo volcánico pequeño pero muy joven, al sur del gran volcán en escudo Pavonis Mons. A simple vista, parecía un conjunto de coladas de lava y algunos conos, como si todo hubiera ocurrido en un único episodio.
Cuando se analizaron con lupa las imágenes de alta resolución y los datos mineralógicos obtenidos desde órbita, la cosa cambió. Primero hubo largas grietas por donde salió lava muy fluida, lo que se conoce como erupción fisural, que cubrió grandes superficies. Más tarde, la actividad se concentró en puntos concretos y se levantaron pequeños conos volcánicos, alimentados por el mismo sistema interno pero con un comportamiento muy distinto en la superficie.
Minerales que delatan un magma en evolución
La clave estuvo en la “firma” mineral de cada fase. Las primeras coladas, ligadas a las grietas, muestran una señal clara de olivino, un mineral típico de magmas más calientes y profundos, probablemente alimentados desde el manto o la parte baja de la corteza. Las coladas más jóvenes, asociadas a los conos, están dominadas por piroxenos ricos en calcio, que apuntan a un magma más frío y evolucionado.
En palabras de Bartosz Pieterek, autor principal del estudio, “nuestros resultados muestran que incluso durante el periodo volcánico más reciente de Marte, los sistemas magmáticos bajo la superficie permanecieron activos y complejos” y “el volcán no entró en erupción solo una vez, sino que evolucionó con el tiempo a medida que cambiaban las condiciones en el subsuelo”.
En el fondo, lo que están viendo es la huella de un “sistema de fontanería” volcánico que retuvo el magma, lo dejó enfriar, mezclarse y diferenciarse antes de cada nueva erupción. Todo eso, sin una sola roca en la mano, únicamente leyendo la luz reflejada por los minerales desde los instrumentos en órbita, como el espectrómetro CRISM de la sonda Mars Reconnaissance Orbiter.
Un Marte menos inerte de lo que imaginábamos
Este sistema pertenece al periodo Amazónico tardío, es decir, a una etapa relativamente reciente en términos planetarios, con edades inferiores a unos 300 millones de años. Que en ese momento todavía hubiera magma almacenado, cambiando de composición y encontrando caminos hacia la superficie, indica que el interior marciano no se enfrió tan rápido como se pensaba en un principio.
Para quienes siguen de cerca las noticias sobre clima y habitabilidad planetaria, esto tiene un eco claro. Un vulcanismo prolongado implica liberación de gases, posibles sistemas hidrotermales bajo la superficie y un planeta menos “muerto” de lo que parecía. No quiere decir que Marte sea hoy un mundo volcánicamente activo como la Tierra, pero sí que su historia reciente estuvo marcada en buena parte por un interior que seguía moviéndose.
En resumen, lo que parecía un pequeño volcán más en la enorme meseta de Tharsis se ha convertido en una ventana privilegiada al corazón de Marte. Y ahí entra en juego la ciencia de detalle que, con paciencia, va encajando piezas para entender cómo evolucionan los planetas rocosos, también el nuestro.
El estudio científico completo ha sido publicado en la revista Geology.







