En la frontera entre Argentina y Chile, en plena cordillera de los Andes, el distrito Vicuña se ha convertido en uno de los nombres más repetidos cuando se habla de cobre para la transición energética. Los depósitos Filo del Sol y Josemaría concentran una cantidad enorme de metal, en un momento en el que redes eléctricas, renovables y coches eléctricos tiran cada vez más de este recurso.
El proyecto se impulsa a través de Vicuña Corp, una sociedad conjunta al 50% entre Lundin Mining y BHP. El hallazgo ilusiona por su escala, pero también trae preguntas incómodas, sobre todo en alta montaña y con condiciones semiáridas. Conviene entender bien qué significan las cifras antes de dar el salto al entusiasmo.
Las cifras
En mayo de 2025, Lundin Mining publicó una estimación inicial de recursos para el distrito. Habló de 13 millones de toneladas de cobre en categoría medida e indicada y 25 millones en categoría inferida, junto con 32 millones de onzas de oro y 659 millones de onzas de plata en medida e indicada.
Esto suena definitivo, pero no lo es. Un recurso es una estimación geológica y aún no equivale a una reserva explotable, que requiere más estudios, diseño, financiación y permisos. De hecho, en el estudio técnico integrado de 2026 ya se habla de 14 millones de toneladas de cobre en medida e indicada y 32 millones en inferido, una señal de que el recurso se revisa cuando entra más información.
La propia empresa lo resume con una frase que ya se ha convertido en titular. Su CEO, Jack Lundin, lo definió como «uno de los descubrimientos más significativos de los últimos 30 años». Esa etiqueta explica por qué este distrito aparece una y otra vez en el radar del sector.
Cobre y transición
El cobre es el metal de los cables y los motores, y eso explica la fiebre. Si alguna vez has notado cómo sube la demanda de puntos de recarga en tu barrio, ahí está una parte de la historia, todo necesita mucho cobre para mover electricidad con eficiencia.
Según la Agencia Internacional de la Energía, en el escenario de políticas vigentes la demanda mundial de cobre podría crecer un 30% hasta 2040. En la práctica, esto empuja a mirar nuevas minas, pero también a reforzar el reciclaje para no depender solo del subsuelo. Y eso se nota.
Un proyecto de décadas
El estudio técnico integrado publicado en febrero de 2026 dibuja un proyecto de muy largo recorrido. Habla de una vida de mina inicial de más de 70 años y de una producción total estimada de 22,3 millones de toneladas de cobre a lo largo de su operación.
En los primeros 25 años, la producción media anual de cobre rondaría las 395.000 toneladas y el estudio apunta picos superiores a 500.000 toneladas anuales en un promedio de diez años. Reuters sitúa el inicio de producción alrededor de 2030, lo que recuerda que aún quedan trámites, obra y financiación por delante.
El agua manda
La minería necesita agua, y en el altiplano andino ese punto pesa más que en otros lugares. El plan del estudio parte de usar agua subterránea en las primeras fases, con campos de pozos y bombeo hacia una balsa de agua dulce junto a la planta.
Para el largo plazo, se propone un sistema de agua de mar desalinizada desde la costa chilena, diseñado para entregar 2.000 litros por segundo al proyecto. La idea busca aliviar la presión sobre el agua continental, pero obliga a levantar infraestructura y a asumir el consumo energético del bombeo y la propia desalación.
En otras palabras, el impacto no desaparece, se transforma. La pregunta clave es qué energía alimentará ese sistema y cómo se controlarán efectos como el polvo, las captaciones y la calidad del agua en un entorno tan sensible. No es poca cosa.
Ecosistemas en alta montaña
El documento describe un ambiente de alta altitud, semiárido, con humedales sensibles llamados vegas y especies de conservación. Son zonas que pueden depender de equilibrios finos, por eso el seguimiento ambiental y los límites de extracción importan tanto como el plan minero.
Además, al ser binacional, el proyecto debe encajar en dos marcos ambientales. En Argentina el proceso desemboca en una Declaración de Impacto Ambiental y en Chile se requiere una Resolución de Calificación Ambiental, con autorizaciones específicas para agua y obras asociadas.
Infraestructura y huella climática
Mover metal en alta montaña implica carreteras y logística. El estudio prevé un acceso permanente mediante la mejora de una carretera de 220 kilómetros desde Angualasto y, en la fase inicial, el transporte del concentrado en camión hasta un puerto chileno para exportación.
Esto tiene una lectura ambiental directa. Más camiones significan más emisiones, ruido y polvo, así que la huella real del cobre no depende solo de la mina, también de cómo se electrifique la operación y de la eficiencia del transporte.
Qué conviene vigilar
En la parte social y económica, el estudio estima que durante la vida del proyecto se aportarían unos 69.000 millones de dólares en impuestos y regalías a Argentina. También calcula una media de 5.500 empleos directos durante la construcción, además de empleo indirecto asociado. Esa promesa explica el interés local, pero también eleva el listón sobre transparencia y cumplimiento.
En lo ambiental, tres cosas son fáciles de seguir para un lector común. Agua disponible y monitorización, gestión de residuos mineros a largo plazo y cuánto cobre se recupera vía reciclaje para reducir presión sobre nuevos yacimientos. No es un detalle menor, es parte de la misma transición que justifica el proyecto.
El estudio técnico integrado del proyecto Vicuña ha sido publicado en la web corporativa de Lundin Mining.











