Las imágenes de las calles anegadas y los vecinos saliendo con las maletas bajo la lluvia dieron la vuelta a España. Pero, aunque la borrasca Leonardo ya se ha marchado, los geólogos insisten en que el episodio no ha terminado. El riesgo de hundimientos y deslizamientos seguirá presente más allá de las últimas gotas, sobre todo en las próximas semanas.
En este temporal se han registrado casi 600 litros por metro cuadrado en solo 24 horas y alrededor de 1.300 litros en diez días, cifras excepcionales incluso para una de las zonas más lluviosas del país. La saturación del terreno obligó a evacuar de forma preventiva a alrededor de 1.600 vecinos, reubicados principalmente en Ronda y otras localidades cercanas.
Un pueblo sobre una esponja de roca caliza
Grazalema se asienta sobre un acuífero kárstico de roca caliza muy permeable. En la práctica esto significa que el subsuelo funciona como una enorme esponja, con grietas, conductos y cavidades por donde el agua puede circular y acumularse con mucha rapidez cuando llueve de forma extrema.
Durante Leonardo, esa esponja se desbordó. El agua empezó a salir por el suelo de las casas, por las paredes e incluso por enchufes y otros huecos, al tiempo que muchos vecinos escuchaban ruidos profundos bajo tierra, comparables a truenos lejanos. Los expertos explican que esos sonidos no son señales de un gran terremoto, sino la respuesta del acuífero al recibir un aporte de agua extraordinario en muy poco tiempo.
Qué vigilan ahora los geólogos
El mensaje de los hidrogeólogos es claro. El peligro no desaparece cuando deja de llover. Juan Carlos García, coordinador del grupo enviado por el instituto geológico, resume el problema de forma sencilla cuando advierte que el riesgo de hundimientos «va a persistir después de las lluvias» porque tan peligrosa es la sobrepresión del acuífero cuando se llena como la subpresión cuando el agua empieza a retirarse. Esos cambios pueden provocar colapsos puntuales en el terreno.
El hidrogeólogo Juan José Durán, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), añade un matiz importante. La colmatación del acuífero puede generar «hundimientos puntuales» en el pueblo, aunque estos colapsos suelen avisar antes mediante grietas u otras deformaciones visibles. Además recuerda que, igual que el nivel del agua ha subido muy rápido, también puede bajar con rapidez en días o algunas semanas, siempre bajo vigilancia técnica.
Por eso el Grupo de Asesoramiento de Desastres y Emergencias del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) mantiene sensores en sondeos, revisa taludes inestables y controla laderas muy cargadas de agua en la Sierra de Cádiz y en la Serranía de Ronda. Su trabajo permite decidir cuándo es seguro regresar y qué zonas necesitan más estudios o refuerzos de drenaje.
Lluvias extremas y lección climática
Leonardo no es solo un temporal más. Climatólogos y meteorólogos señalan que encaja en un patrón ya observado en el sur de España, con menos días de lluvia en promedio, pero episodios mucho más intensos cuando se activan borrascas profundas y ríos atmosféricos cargados de humedad. En una atmósfera más cálida, el aire puede retener más vapor de agua y, cuando se descarga, lo hace con chaparrones más extremos.
Para quienes viven en zonas de montaña y sobre terrenos kársticos, la lección es incómoda pero clara. No basta con mirar al cielo. Importa también lo que ocurre bajo los pies, en acuíferos que pueden pasar de estar muy secos a completamente saturados en pocos días. Atender los avisos oficiales, respetar las zonas inundables y planificar mejor el drenaje urbano será clave para convivir con un clima donde los extremos ya no son tan excepcionales. Y en eso la ciencia que trabaja hoy en Grazalema puede marcar la diferencia para otros pueblos mañana.
La nota de prensa oficial se ha publicado en el CSIC.







