Nadie lo vio venir pero la astronomía lo confirma: asisten al nacimiento en directo de un magnetar que cambia lo que sabíamos del Universo

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Publicado el: 4 de abril de 2026 a las 08:02
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Recreación de un magnetar recién nacido tras una supernova superluminosa como SN 2024afav.

Un equipo internacional de astrónomos ha logrado algo que llevaba años persiguiendo la astrofísica, ver en directo el nacimiento de un magnetar dentro de una supernova superluminosa. La señal llegó desde SN 2024afav, detectada en diciembre de 2024 a unos 1.000 millones de años luz, y encaja con la idea de que estos restos estelares extremos pueden ser el motor de algunas de las explosiones más brillantes del universo.

La pista decisiva no fue solo el brillo, que ya era descomunal. Lo realmente extraño fue un «chirrido» en la luz, una serie de oscilaciones cada vez más rápidas que, según el estudio, delatan a un magnetar rodeado por un disco de material que se tambalea por un efecto de la relatividad general. Y ahí está la gran novedad.

Qué han visto

SN 2024afav fue detectada el 12 de diciembre de 2024 y después se clasificó como una supernova superluminosa de tipo I, pobre en hidrógeno. Este tipo de supernovas puede brillar al menos diez veces más que una supernova normal, así que cada una de ellas se sigue casi con lupa porque no aparecen todos los días.

Hasta ahora había dos grandes explicaciones para este exceso de luz. Una apuntaba a un motor interno, el magnetar, y la otra a choques del material expulsado con gas acumulado alrededor de la estrella, pero los estudios no habían conseguido inclinar la balanza de forma clara.

Para no perder detalle, los investigadores reunieron observaciones fotométricas y espectroscópicas durante 255 días con varios instrumentos, entre ellos la red de Las Cumbres Observatory, ATLAS y Swift. Esa vigilancia casi continua fue la clave, porque permitió comprobar que los repuntes de brillo no eran ruido ni casualidad, sino un patrón con ritmo propio.

El chirrido

Después del pico principal, la curva de luz no cayó de forma suave, como suele pasar. Aparecieron varios bultos y el tiempo entre uno y otro fue encogiéndose desde unos 50 días hasta cerca de 20 en apenas unos 80 días.

Joseph Farah, autor principal del trabajo, lo resumió con bastante claridad al presentar el hallazgo. «No había ningún modelo capaz de explicar un patrón de bultos que se acelera con el tiempo», vino a señalar al describir una señal demasiado ordenada como para ser aleatoria.

La explicación que mejor encaja es que parte del material expulsado volvió hacia el centro y formó un disco de acreción inclinado alrededor del magnetar recién nacido. Dicho de forma sencilla, ese disco se comporta un poco como una peonza que bambolea, solo que aquí el propio giro del objeto retuerce el espacio y el tiempo y hace que el balanceo sea cada vez más rápido.

Qué había dentro

Un magnetar es una estrella de neutrones extremadamente densa y con un campo magnético brutal. Nace cuando el núcleo de una estrella masiva colapsa, y lo interesante es que casi siempre queda escondido bajo el caos de la explosión, así que verlo de forma tan directa era justo lo que faltaba.

El análisis de SN 2024afav permitió estimar un periodo de giro de 4,2 milisegundos y un campo magnético de 1,6 por 10 elevado a 14 gauss. Esas dos cifras son propias de un magnetar y, además, salen tanto del brillo total como del ritmo de los repuntes, lo que refuerza mucho la interpretación.

Aquí está el verdadero salto. El estudio aporta la primera evidencia observacional del efecto de Lense Thirring en el entorno de un magnetar y confirma que la pérdida de energía de este objeto puede explicar la luminosidad extrema de algunas supernovas superluminosas de tipo I. No es poca cosa.

Por qué importa

Durante años, los astrónomos habían sospechado que los magnetares podían alimentar estas explosiones tan desmesuradas, pero faltaba una prueba convincente. Este caso no solo acerca una respuesta al misterio de su brillo, también abre una vía para poner a prueba la relatividad general en un entorno violentísimo que no se puede reproducir en ningún laboratorio terrestre.

Aun así, la historia no parece completamente cerrada. Un trabajo espectroscópico reciente sobre la misma SN 2024afav detectó señales de interacción con material cercano rico en hidrógeno y helio, lo que sugiere que en algunos eventos el motor central y el entorno de la estrella podrían actuar a la vez, mezclando dos explicaciones que antes competían entre sí.

En el fondo, eso hace el hallazgo todavía más interesante. Ahora toca comprobar si SN 2024afav es un caso excepcional o la primera pieza clara de una familia de supernovas en la que un magnetar lleva el mando, pero el gas de alrededor también deja su huella.

El estudio ha sido publicado en Nature.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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