Compró una piedra en un mercadillo de Marruecos pero resultó ser una roca de Marte y lo que contenía dejó sin palabras a los expertos

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Publicado el: 13 de abril de 2026 a las 08:01
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Meteorito marciano NWA 7034 Black Beauty con corte interno que muestra su composición rica en agua.

En 2011, una piedra negra hallada en el Sáhara acabó en el circuito de compraventa de meteoritos de Marruecos. Parecía una curiosidad más, pero resultó ser NWA 7034, un fragmento de Marte que hoy funciona como una cápsula del tiempo de la corteza marciana.

Ahora, un trabajo de enero de 2026 la ha vuelto a poner en el foco por un motivo muy concreto. Un equipo ha logrado mapear el hidrógeno (la pista clave del agua) dentro de un pequeño trozo del meteorito usando escáneres que no obligan a triturar la muestra, y lo que aparece dentro ayuda a entender mejor cómo y dónde se guardaba el agua en el Marte más antiguo.

De un mercado al laboratorio

NWA 7034 pesa unos 320 gramos y se encontró en el desierto en 2011, según relató el equipo de la Universidad de Nuevo México (UNM) que lo estudió en profundidad. La roca se convirtió en noticia en 2013 cuando los análisis indicaron que pertenecía a una “nueva clase” de meteorito marciano y que su química se parecía mucho a la de rocas observadas por misiones de la NASA en la superficie del planeta.

En aquel primer gran estudio, la sorpresa principal fue el agua. Los investigadores estimaron una abundancia de unas 6.000 partes por millón, alrededor del 0,6% de la masa, una cifra muy alta para un meteorito marciano. Carl Agee, uno de los autores, llegó a describirlo como “a completely new type of Martian meteorite”, algo que en ciencia suele equivaler a abrir una puerta que nadie había visto.

Un TAC para una roca de Marte

Hasta hace poco, estudiar el agua de estos meteoritos tenía un peaje claro, había que cortar, pulir y, a veces, destruir parte del material. En la práctica, cada milímetro cuenta, porque no hay un “segundo ejemplar” guardado en un cajón.

El nuevo estudio, fechado el 14 de enero de 2026, combina tomografía computarizada con rayos X y tomografía con neutrones. La idea suena médica a propósito, es como hacerle un TAC a la roca, pero buscando lo que los rayos X no ven tan bien. Los neutrones son especialmente útiles para localizar hidrógeno, y por eso ayudan a seguir el rastro del agua incluso cuando está atrapada dentro de minerales.

El agua se concentra en “islas” microscópicas

El equipo analizó un fragmento de apenas 12 por 8 por 2 milímetros y encontró zonas muy localizadas ricas en hidrógeno. En total ocupan alrededor del 0,4% del volumen, pero no son un detalle menor, están asociadas a oxihidróxidos de hierro ricos en hidrógeno dentro de clastos (pequeños fragmentos de roca) incrustados en el meteorito, minerales que recuerdan a la herrumbre cuando el hierro se altera con agua.

Cuando hicieron las cuentas, esas “islas” podían aportar hasta 635 partes por millón de agua, alrededor del 11% del contenido total estimado del meteorito. Dicho de otra forma, una fracción minúscula del volumen puede almacenar una parte importante del agua medida. Y eso se nota, porque cambia la idea de que el agua estuviera repartida de manera uniforme.

Aquí conviene un matiz que evita malentendidos. No estamos hablando de agua líquida dentro de una roca como si fuera una botella, sino de hidrógeno incorporado en estructuras minerales, algo más parecido a humedad “química” que a un charco.

Zircones de 4.450 millones de años y aguas termales

La historia no acaba en el agua atrapada en minerales. En noviembre de 2024, otro equipo analizó un grano de circón de 4.450 millones de años dentro de este mismo meteorito y encontró huellas geoquímicas compatibles con fluidos ricos en agua y actividad hidrotermal temprana. Es decir, señales de un Marte con calor interno, rocas activas y agua circulando.

El coautor Aaron Cavosie lo resumió con una frase que se entiende incluso sin bata. “We used nano-scale geochemistry to detect elemental evidence of hot water on Mars 4.45 billion years ago”, explicó, y añadió que los sistemas hidrotermales fueron esenciales para el desarrollo de la vida en la Tierra. La comparación no demuestra vida en Marte, pero sí coloca el escenario en el sitio adecuado.

Qué significa esto para la búsqueda de vida y para la ciencia

¿En qué cambia el mapa mental de Marte todo esto? En buena parte, en que el agua del pasado marciano no sería solo una historia de océanos y ríos, también podría haber existido como reservorios cerca de la superficie, ligados a minerales y a procesos de impacto y alteración.

Además, la técnica importa casi tanto como el resultado. Si la exploración espacial entra en la era de traer muestras a la Tierra, tener herramientas que “lean” el interior sin gastar material es una ventaja enorme. En el fondo, es una forma de hacer ciencia más cuidadosa con sus propios recursos.

Eso sí, conviene mantener los pies en el suelo. Un meteorito es una ventana, pero no es todo el paisaje, y cada estudio trabaja con fragmentos pequeños y con hipótesis que se van ajustando. Por eso, lo sensato es ver estas piezas como parte de un rompecabezas que todavía se está montando, y de paso recordar lo valiosa que es el agua, aquí y fuera.

El estudio más reciente se ha publicado en “arXiv”. Puede consultarse en este enlace en arXiv.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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