Durante años, la comunidad de chimpancés de Ngogo, en el Parque Nacional Kibale (Uganda), fue un ejemplo de “normalidad” dentro de una especie famosa por sus tensiones territoriales. Pero algo se rompió por dentro y no fue de golpe, sino como una grieta que se abre poco a poco hasta partir una roca.
Los investigadores han documentado una fisión permanente (un divorcio real, no una simple separación temporal) y una ola de ataques coordinados entre antiguos compañeros. Lo más llamativo es que este tipo de ruptura estable se considera extraordinariamente rara en chimpancés, con estimaciones que la sitúan en torno a un episodio “cada 500 años”.
Ngogo el grupo que no se parecía a los demás
Ngogo no era una comunidad cualquiera. Los científicos la describen como la mayor comunidad de chimpancés salvajes conocida, con un pico cercano a los 200 individuos, cuando lo habitual en esta especie suele rondar los 50.
Detrás hay un detalle que importa mucho en ecología. El propio proyecto de Ngogo explica que esa zona ofrece un hábitat especialmente favorable y eso ayuda a entender por qué podía sostenerse un grupo tan grande y con una densidad tan alta.
Este seguimiento no empezó ayer. El trabajo de campo se mantiene de forma continua desde mediados de los años noventa, con equipos y asistentes ugandeses que han permitido reconocer individuos y reconstruir relaciones sociales con una precisión poco común.
La fractura empezó como un cambio de “ambiente”
Si te lo imaginas como un grupo grande de amigos que siempre se mezcla, lo raro no es que a veces se separen en pandillas pequeñas. Lo raro es que dejen de cruzarse, de arreglarlo con el tiempo y acaben viviendo como si el otro lado ya no fuera “de los suyos”.
Según los registros, la polarización comenzó alrededor de 2015. Coincidió con cambios en la jerarquía de los machos y con la pérdida de varios individuos que podían actuar como “puentes” entre subgrupos.
A esa tensión se sumó un golpe duro. Reuters recoge que, tras una enfermedad en 2017 que mató a 25 chimpancés (sobre todo crías), la cohesión quedó más tocada y para finales de ese año ya se distinguían dos bandos, el “Western” y el “Central”.
Ataques coordinados y un recuento que impresiona
Cuando la separación se consolidó, llegó lo peor. Entre 2018 y 2024, el equipo registró ataques que acabaron con la vida de siete machos adultos y 17 crías, en parte observados directamente y en parte reconstruidos a partir de evidencias físicas.
Reuters añade un dato clave para entender por qué el tema ha dado la vuelta al mundo. El recuento total habría subido a 28 muertes al incluir ataques ocurridos después del periodo principal del estudio, y además hay desaparecidos que podrían indicar más muertes no registradas.
El patrón también llama la atención por lo “asimétrico”. El grupo occidental, que empezó siendo el más pequeño, habría terminado ganando territorio y número, sin registrar bajas propias en el periodo descrito en esa cobertura. Y eso, en la selva, no es poca cosa.
Qué significa “fisión permanente” y por qué es tan rara
Aquí está la traducción clave. Lo schimpancés viven en un sistema “fisión fusión”, se separan en subgrupos y luego se reencuentran, y eso entra dentro de lo normal. Lo extraordinario en Ngogo es que la separación dejó de ser temporal y se convirtió en dos comunidades que ya no se asociaban, no compartían espacio y no se reproducían entre sí.
Para medir ese cambio sin depender solo de anécdotas, el equipo combinó señales como quién se acicala con quién, quién se mueve junto a quién y quién patrulla con quién. La Universidad de Oxford explica que usaron un enfoque de redes a lo largo del tiempo para detectar cuándo se produjo el “punto de ruptura” y cómo se fue formando la frontera social.
Y luego está lo de “cada 500 años”, que suena a titular enorme, pero conviene leerlo bien. No significa que haya un reloj biológico marcando esa fecha exacta, sino que, según evidencias genéticas, las divisiones permanentes en chimpancés serían excepcionalmente infrecuentes, con un intervalo mediano de ese orden.
No es solo comportamiento, también es conservación
En Kibale hablamos del chimpancé oriental (Pan troglodytes schweinfurthii), clasificado como “En peligro” por la IUCN. Sus números bajan por caza, capturas para el comercio ilegal, enfermedades, pérdida de hábitat por agricultura y minería, y fragmentación que deja poblaciones aisladas.
Hay otro detalle que pone los pelos de punta cuando el conflicto afecta a crías. La IUCN recuerda que su reproducción es lenta, con un nacimiento cada 4 a 5 años, y que necesitan grandes áreas para mantener poblaciones viables y recuperarse tras pérdidas por enfermedad o caza. Por eso, cuando en la cuenta entran 17 crías muertas, el impacto potencial no es menor.
Además, los propios autores y expertos citados en prensa han apuntado a factores que pueden debilitar la cohesión, como los brotes de enfermedad. Y en conservación ese es un punto sensible, porque la actividad humana puede aumentar el estrés del ecosistema y el riesgo sanitario en grandes simios, aunque cada caso concreto tenga su propia historia.
Cómo se estudia algo así sin “inventar” la historia
Este caso tiene algo que lo hace especialmente sólido. A diferencia de otros episodios históricos muy discutidos, en Ngogo los chimpancés no fueron alimentados por investigadores, lo que reduce el riesgo de que el comportamiento esté “forzado” por la presencia humana.
También hay ciencia abierta detrás, que es una buena noticia. El repositorio de datos explica que se reunieron observaciones sistemáticas durante 24 temporadas de campo (1998 a 2022) y que las agresiones letales se documentaron entre 2018 y 2024, con conjuntos de datos y código disponibles en Zenodo y en Dryad.
Y, por si alguien se lo pregunta, no todo está “cerrado” con una explicación única. Las propias fuentes hablan de una combinación probable de factores, como el tamaño inusual del grupo, la competencia por alimento y apareamiento, cambios de liderazgo y episodios de enfermedad. Es decir, no hay una sola chispa clara, sino un montón de leña acumulada.
El estudio científico sobre este conflicto se ha publicado en Science.











