En el desierto de Karakum, en Turkmenistán, uno de los incendios más raros del planeta está perdiendo fuerza. El cráter de Darvaza o Derweze, conocido como la «Puerta del Infierno» y citado oficialmente como «Resplandor de Karakum», ya no muestra el mismo fuego que durante años atrajo a turistas, científicos y cámaras de televisión.
La lectura rápida parece buena. Menos llamas suena a menos contaminación. Pero la clave no está solo en lo que se ve desde fuera, sino en lo que pasa con el metano que alimentaba ese agujero, porque si el gas deja de quemarse y escapa sin control, el clima puede salir perdiendo.
Las llamas ya no mandan
Las autoridades de Turkmenistán aseguran que la combustión del cráter se ha reducido de forma clara. En junio de 2025, el portal oficial del sector gasista del país afirmó que, si en 2013 el resplandor se veía a varios kilómetros, ahora el fuego solo puede apreciarse en las inmediaciones. También señaló que la intensidad de la combustión no organizada cayó más de tres veces.
Ese cambio coincide con los datos de Capterio, una empresa que vigila antorchas de gas por satélite. En octubre de 2025, el Turkmen Energy Forum recogió que la intensidad del fuego se había reducido aproximadamente tres veces desde abril de 2023, y atribuyó la caída a una mezcla de trabajos en pozos y agotamiento del horizonte productivo que alimenta el cráter.
Por qué no basta con ver menos fuego
Aquí está el giro incómodo. Quemar metano produce CO2, que también calienta el planeta, pero el metano sin quemar atrapa mucho más calor a corto plazo. La Comisión Europea recuerda que su potencial de calentamiento es unas 82,5 veces superior al del CO2 en un periodo de 20 años.
Por eso, apagar la «Puerta del Infierno» solo sería una buena noticia completa si el gas se corta, se captura o se usa. Si la llama baja porque ya no llega tanto metano al cráter, perfecto. Si baja porque el metano sale por otros caminos sin arder, el problema no desaparece, solo se vuelve invisible.
Los satélites han visto el problema
Durante mucho tiempo, el cráter fue más una postal extrema que una fuente medida con precisión. Eso ha cambiado. Investigadores que presentaron su trabajo en la Asamblea General de la European Geosciences Union de 2025 detectaron emisiones de metano con instrumentos como EnMAP, PRISMA y EMIT, con rangos de 1.000 a 3.000 kilos por hora.
¿Qué significa eso para alguien que no trabaja con gases? Que no hablamos de una simple hoguera en mitad del desierto. Hablamos de un punto que puede liberar miles de toneladas de metano al año, con variaciones que los científicos todavía intentan relacionar con la reducción visible de las llamas.
El plan está bajo tierra
La salida no consiste en echar arena y esperar. Según Turkmengaz, los especialistas han trabajado en pozos cercanos y en el campo de Chaljulba para modificar los flujos subterráneos de gas. La idea es sencilla de contar, aunque difícil de ejecutar. Sacar el gas por donde se pueda controlar, y no por el cráter.
El informe oficial explica que la entrada de gas de baja presión y agua de formación ligeramente gasificada apunta a una menor alimentación del cráter. También señala que desde diciembre de 2024 funcionan dos pozos de alto caudal cerca de la zona, y que en febrero de 2025 se completó otro pozo con gran entrada de gas.
En octubre, Bayrammyrat Pirniyazov, director del Instituto de Investigación de Gas Natural de Turkmengaz, resumió el cambio con una imagen sencilla. Antes el fuego se veía desde muchos kilómetros, pero ahora «solo quedan pequeños focos de combustión». Y eso se nota.
Una historia con fechas discutidas
El origen del cráter no está tan cerrado como parece en muchos titulares. La versión oficial turcomana lo sitúa en una avería de un pozo exploratorio y habla de combustión continua desde 1963. Otras referencias científicas han repetido durante años la fecha de 1971, ligada a una operación soviética de perforación.
La investigación presentada en la EGU añade otro matiz importante. Al revisar imágenes Landsat, los autores situaron el comienzo del fuego visible a finales de 1987 o comienzos de 1988. No cambia el fondo de la historia, pero sí recuerda algo básico. Incluso los lugares más famosos pueden tener una cronología menos clara de lo que parece.
La prueba real será el metano
La pregunta importante ahora no es si el cráter pierde atractivo para los visitantes. Es si Turkmenistán consigue cerrar de verdad la fuga. En un país que la Agencia Internacional de la Energía señala, junto con Venezuela, entre los de mayor intensidad de metano en petróleo y gas, cada intervención cuenta.
La AIE también recuerda que alrededor del 70 % de las emisiones de metano de combustibles fósiles podrían reducirse con tecnología existente, y que más de 35 millones de toneladas podrían evitarse sin coste neto por el valor del gas capturado. En la práctica, esto significa que muchas fugas no son solo un problema climático. También son energía perdida.
Así que sí, la «Puerta del Infierno» se apaga. Pero la noticia buena de verdad no será una foto con menos llamas, sino una medición con menos metano. Hasta entonces, conviene mirar menos al brillo del agujero y más a los datos que llegan desde los satélites.
El comunicado oficial más reciente sobre los trabajos para resolver el fenómeno de Darvaza ha sido publicado en el portal de Turkmengaz.












